Los dos hermanos volvieron a chocar sus espadas con violencia, levantando una lluvia de chispas que iluminó aquel patio del Der Fliegende. El metal crujía bajo la presión de sus fuerzas opuestas, y la tensión entre ambos era tan densa que parecía deformar el aire a su alrededor.
Con un giro preciso de muñeca, Rin liberó desde el filo de su espada una potente onda de viento que estalló contra Keipi. El impacto lo repelió hacia atrás con violencia, haciéndole derrapar varios metros sobre el suelo de piedra, dejando una marca húmeda tras de sí.
El joven se agachó ipso facto y dejó caer su espada, que fue absorbida por la superficie como si esta se hubiera vuelto líquida. Pero, antes de que pudiera completar su técnica, sus ojos se abrieron con sorpresa.
Rin estaba haciendo exactamente lo mismo.
Con un movimiento sincronizado, soltó su arma, y Caléndula fue tragada por el suelo al mismo tiempo que Priscilla desaparecía bajo los pies de su portador. Durante una fracción de segundo, el patio quedó en un silencio extraño.
En un pestañeo, el suelo estalló en múltiples puntos. De charcos dispersos emergieron clones de Keipi formados íntegramente de agua, con sus siluetas definidas por corrientes en constante movimiento. Al mismo tiempo, remolinos de aire se condensaron hasta adoptar la forma de Rin, cuerpos estilizados compuestos de viento cortante y presión invisible. Sin mediar palabra, las copias se lanzaron unas contra otras en un combate feroz.
Los clones colisionaron entre sí en el centro del patio, entrelazándose en una vorágine caótica de agua y viento. Las copias acuosas se deshacían en salpicaduras al ser atravesadas por cuchillas de aire comprimido, mientras que los duplicados de viento se disipaban en remolinos inestables al ser golpeados por tajos fluidos que los desgarraban desde dentro.
Aprovechando ese instante de confusión, los verdaderos hermanos se impulsaron hacia adelante al mismo tiempo. Sus espadas reaparecieron firmes en sus manos, y ambos las recubrieron con la esencia de su elemento: Priscilla se envolvió en agua en constante movimiento; Caléndula, en cambio, quedó rodeada por una capa de viento comprimido.
Se encontraron en el centro del patio con un grito de guerra ahogado por la furia, y sus hojas chocaron con una violencia absoluta. El impacto no fue un simple cruce de acero: fue el choque frontal entre una marea imparable y un huracán desatado. Durante un segundo eterno, ambos empujaron con todo su poder, los elementos rugiendo alrededor de sus cuerpos, levantando grietas en el suelo bajo sus pies.
Entonces, la energía acumulada estalló.
Una explosión colosal se expandió en todas direcciones, una esfera de agua vaporizada y viento devastador que barrió el patio como una onda de choque. Los clones restantes fueron desintegrados al instante. Las paredes cercanas temblaron, el polvo se levantó en una nube densa y, cuando la luz y el estruendo se disiparon, solo quedaron ellos dos… aún de pie, con las espadas entrelazadas y la determinación intacta en sus miradas.
"¡KEICHIRO! ¡TE MATARÉ PARA PONERLE FIN AL LEGADO DE LOS PIKARIA!" gritó ella.
"¡NO LO PIENSO PERMITIR! ¡SERÉ YO EL QUE GANE Y LOGRE VENGAR A PAPÁ Y A MAMÁ!" replicó él enfurecido.
Keipi aprovechó la cercanía y, con un giro brusco de cadera, le asestó una patada directa en el estómago a su hermana. El impacto retumbó en el patio y lanzó a Rin varios metros hacia atrás.
Ella clavó el talón en el suelo para frenar el retroceso, levantando una estela de polvo, y sin perder un segundo flexionó las piernas y dio un salto colosal. En el aire, movió su espada con precisión quirúrgica y, desde el filo de Caléndula, nacieron pequeñas aves formadas de viento puro, siluetas afiladas que batían alas invisibles mientras se precipitaban en picado hacia su hermano.
Nuestro protagonista no titubeó. Con movimientos rápidos y secos, destrozó con el filo de Priscilla cada uno de los proyectiles, las aves explotaban en ráfagas dispersas al contacto con el acero. Sin perder el tiempo, impulsó su cuerpo hacia arriba y, desde su espada, disparó un enorme dragón de agua con las fauces abiertas, rugiendo como una marea desatada que ascendía dispuesto a devorar a Rin.
Ella reaccionó al instante. Generó una poderosa onda de viento bajo sus pies que la elevó aún más alto, esquivando por escasos centímetros al dragón, que terminó impactando brutalmente contra un edificio cercano, resquebrajando la piedra y levantando una explosión de escombros y vapor.
Rin aterrizó con ligereza sobre la pared vertical de una torre. Se agachó, tomando una pose ofensiva con su espada en mano, y desde esa posición disparó desde Caléndula dos feroces tornados que descendieron rugiendo hacia el espadachín.
Keipi creó un torrente bajo sus pies que lo catapultó hacia la torre donde se encontraba su hermana. Ascendió como una bala líquida y pasó justo entre ambos tornados, el viento llegó a rozar su rostro sin llegar a cortarle. Entonces, el filo de su espada se envolvió en agua brillante y se estiró varios metros, transformándose en una hoja líquida de alcance imposible.
"¡RIN!" gritó, moviendo su arma en línea recta y cortando la torre donde se encontraba la ejecutora.
La estructura se partió limpiamente, pero la Tottengräber ya había saltado a tiempo para esquivar el corte.
Rin aterrizó sobre el trozo de torre que caía al vacío y comenzó a correr por su pared inclinada como si la gravedad no existiera. Llegó hasta lo más alto del fragmento y se impulsó con fiereza hacia el cielo. Keipi, por su parte, se apoyó en el saliente recién cortado del edificio y saltó hacia arriba, brincando entre porciones rocosas, persiguiéndola sin descanso.
La Tottengräber disparó varios tornados más desde su espada, ráfagas concentradas que silbaban con intención letal. Nuestro protagonista se protegió alzando una esfera de agua que giraba sin parar a su alrededor, absorbiendo y desviando los ataques.
Una vez bloqueó la ofensiva, transformó la esfera en un dragón que emergió rugiendo y se lanzó contra su hermana, quien pareció haberla golpeado de lleno.
Pero no fue así, ella había bloqueado con Caléndula las fauces de la bestia acuática. El choque la arrastró por el cielo, mientras era empujada con los dientes apretados, evitando ser devorada por la presión del agua.
Su cuerpo brilló por un momento, concentrando el viento en una línea perfecta, y disparó un tajo aéreo que partió al dragón en dos, dispersándolo en una lluvia torrencial. Rin descendió y aterrizó sobre la azotea de una torre; frente a ella, segundos después, cayó su hermano.
El joven lanzó una estocada directa con su espada. Rin la bloqueó en el último instante, el acero chirrió al contacto. Giró su cuerpo hacia atrás con fluidez y lanzó un contraataque directo al corazón de nuestro protagonista, pero él fue lo suficientemente rápido para echar la espalda hacia atrás y evitarlo por un suspiro. Apoyó las manos en el suelo y saltó hacia atrás, realizando un mortal perfecto antes de ponerse de pie de nuevo, espada en guardia y mirada firme.
Los dos saltaron hacia atrás casi al mismo tiempo, marcando distancia tras el último intercambio. Sus botas rasgaron la superficie del patio mientras frenaban el impulso, y durante unos segundos ninguno avanzó.
Sus pechos subían y bajaban con respiraciones entrecortadas; el sudor resbalaba por sus rostros mezclándose con el polvo y la energía residual de agua y viento que aún flotaba en el ambiente. Hasta ese momento, ninguno había conseguido imponerse. Estaban igualados en técnica, velocidad y determinación.
"Tsk... Es más fuerte de lo que esperaba." pensaba Rin, observando a su hermano con el ceño fruncido, evaluando cada uno de sus movimientos, cada mínimo temblor en su postura.
"No temas, no temas... Puedes hacer esto, Keichiro, puedes... matar a tu hermana." pensaba Keipi, repitiéndose esas palabras como un mantra venenoso para acallar el temblor que amenazaba su determinación.
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Aprovechando su capacidad de vuelo, Nicole alcanzó en ese mismo instante la torre principal del Der Fliegende. Sus alas cortaban el aire con elegancia mientras ascendía hasta una de las anchas ventanas situadas a media altura. Sin detenerse, plegó ligeramente las alas y se coló en el interior con precisión, aterrizando con suavidad sobre el frío suelo de piedra.
"Parece que lo logré..." dijo ella, incorporándose mientras analizaba la amplitud del salón, las columnas y los largos corredores que se extendían en distintas direcciones.
"¿Lograste el qué?" dijo una voz masculina, profunda y cercana.
La sanadora giró sobre sí misma, sobresaltada, buscando el origen de aquella presencia. Sus ojos recorrieron cada rincón de la estancia, pero no había nadie a la vista.
"¿Acaso no me sientes? ¿No me puedes ver?" decía la voz con un tono burlón que resonaba por las paredes. "No te preocupes, en nada aparezco frente a ti."
Entre las baldosas del suelo, uno de los desagües comenzó a vibrar. Un hilo de agua emergió lentamente, expandiéndose como si tuviera voluntad propia. El líquido fue elevándose, moldeándose, adoptando forma humana ante los ojos de Nicole. En cuestión de segundos, aquella figura acuosa se solidificó, revelando el rostro de León, el número I de los Tottengräber.
"¡Tú!" dijo Nicole, sorprendida, dando un paso atrás instintivamente.
"¿Qué? ¿Esperabas que dejase esta torre sin protección?" sonrió él con suficiencia. "¡Pues para nada! ¡Mientras esté yo en esta torre, no permitiré ningún intruso!" dijo el ejecutor de manera amenazante, liberando una abrumadora cantidad de energía mágica acompañada de una sed de sangre que helaba el ambiente.
"M-Mierda..." pensó Nicole, sintiendo cómo la presión de aquella presencia le oprimía el pecho.
Continuará...
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