martes, 10 de febrero de 2026

Ch. 310 - ¡Asalto al Der Fliegende!

El mundo entero quedó sacudido cuando Marco se reveló como el verdadero 74º emperador de Pythiria, provocando todo tipo de reacciones a lo largo y ancho del planeta, mientras las mentiras que habían sostenido el orden imperial comenzaban a resquebrajarse.

Antes de que el conflicto estallara por completo, Keipi dio el primer paso, lanzándose contra su hermana mayor, Rin, no solo como paladín, sino como hermano decidido a saldar de una vez por todas aquello que había quedado pendiente entre ambos.

Monday observaba la pantalla flotante con el corazón encogido, clavando los ojos en el rostro de una antigua amiga forjada en los días lejanos de Shangri-la. El destino, cruel y caprichoso, había decidido colocarlas en bandos opuestos.

“Ashley.” dijo ella.

Pero la sensación no era unilateral. Al otro lado, nuestra protagonista contemplaba con la misma pesadumbre el rostro de la ejecutora reflejado en la pantalla. Dejó escapar un suspiro largo y contenido.

“Monday…” comentó la potenciadora.

La Tottengräber comprendió entonces que ese encuentro no podía quedar en palabras no dichas ni en miradas a través de una pantalla. Sabía que debía ser ella quien se enfrentara cara a cara con Ashley, así que llevó la mano a su cinturón y arrancó un pequeño mando de televisión. 

Con un leve gesto y haciendo uso de su magia de alteración tecnológica, el dispositivo se desplegó y se transformó en una paloma robótica de ojos brillantes.

“Entrega este mensaje a Ashley.” ordenó. “Nos vemos en el este del Der Fliegende, en lo alto de las tres torres conversas.

El pájaro asintió mecánicamente antes de alzar el vuelo y perderse entre las corrientes de aire.

En ese mismo instante, León dio un paso al frente, notando cómo la violenta presión del viento generada por el choque entre los dos hermanos sacudía su melena con fuerza.

“No podemos quedarnos de brazos cruzados, la ejecución debe llevarse a cabo para mantener la paz que nuestro señor Gaspar nos ha encargado. ¡Jefe, vaya al escondite secreto con el portador de Horacio y póngase a salvo hasta que hayamos terminado con los intrusos!”

Bucanor no necesitó más explicaciones. Con el rostro desencajado por la furia y los nervios, se giró bruscamente, agarró al niño por la cintura y salió corriendo hacia el interior de la torre principal, cargándolo sin miramientos como si fuera un simple saco de patatas.

“¡No hacía falta que me lo dijeras!” replicó enfurecido.

Cuando el eco de sus pasos se perdió en el interior del edificio, Marson cruzó los brazos y ladeó la cabeza, observando a los demás con gesto calculador.

“¿Y nosotros, qué hacemos ahora?” preguntó.

Stracciatella respondió con una sonrisa torcida, lamiéndose lentamente el labio inferior mientras sus ojos brillaban con anticipación.

“Pues está claro… ¡esperar a que llegue la diversión y acabar con ellos delante de todo el mundo!”

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Nuestros protagonistas permanecían de pie sobre la muralla, observando el vasto y opresivo interior del Der Fliegende con una mezcla de temor y nerviosismo. Eran plenamente conscientes de que no solo se enfrentaban a un enemigo poderoso, sino también a la mirada de todo el mundo, que seguía cada uno de sus movimientos a través de las retransmisiones mágicas. No había vuelta atrás: aquel instante quedaría grabado en la historia, para bien o para mal.

Entre todos ellos, Gretel era quien más temblaba. Sabía mejor que nadie que no era el más indicado para ocupar una posición tan crucial, que su poder estaba muy lejos del de los demás. Sin embargo, su hermano seguía siendo el paladín, aunque estuviera atrapado en otra dimensión, y esa realidad lo obligaba a mantenerse firme. Si Hansel no podía luchar, entonces él debía cumplir con su deber, aunque el miedo le apretara el pecho.

“Chicos, sé que este es un momento difícil para todos y que las batallas que están por venir serán las más duras hasta la fecha.” comenzaba Marco, recorriendo con la mirada a cada uno de sus compañeros. “Pero quiero deciros que confío en cada uno de vosotros para salvar a Theo y salir todos con vida de esta.”

“¡Eso es!” dijo Lily, apoyada en la cabellera de nuestro protagonista, aferrándose con confianza.

“No lo dudes.” sonrió Ashley, firme y segura.

“Es un todo o nada, pero nosotros siempre vamos a por el todo.” dijo Ryan, chocando sus nudillos metálicos.

“Al final, no dejo de ser una ladrona; se me da bien escapar con el botín en las manos.” musitó Cecily, con una media sonrisa ladeada.

“Haremos lo posible y luego nos hincharemos de alcohol hasta caer rendidos.” comentó Nathalie, con su habitual descaro.

“¡Por Hansel!” dijo Gretel, tembloroso, pero alzando la voz con valentía.

“¡Y por la verdadera libertad!” exclamó Nicole.

“¡AL ATAQUE!” gritó Marco.

En ese mismo instante, todos saltaron desde la muralla hacia el interior del Der Fliegende, separándose y tomando rutas distintas con el objetivo común de acercarse a la torre principal y rescatar a Theo. Cada uno se desplazaba como mejor podía, adaptándose a sus propias habilidades y limitaciones.

Ashley saltaba de edificio en edificio, mientras que Ryan se impulsaba con sus cadenas, balanceándose entre torres como si fueran lianas. Cecily utilizaba la electricidad para aumentar su velocidad, corriendo por las superficies con una agilidad imposible. Nathalie y Nicole surcaban el aire con sus propias alas, mientras que Marco avanzaba impulsado por llamas en sus talones, con Lily tumbada en su cabellera, aferrándose a distintos mechones para no salir despedida por el viento.

El único que se quedó atrás fue aquel que no poseía capacidades de desplazamiento a través de su magia: Gretel. Sin embargo, precisamente esa carencia, junto con su escasa energía mágica y su bajo perfil, lo convertían en la persona perfecta para infiltrarse con éxito sin llamar la atención.

“Aunque me conozcan y me hayan visto anteriormente, saben de sobra que no soy una persona poderosa, por lo que tendrán la vista apartada de mí y me darán la oportunidad de acercarme lo máximo posible a la torre principal y rescatar a Theo.” pensaba, nervioso.

El joven comenzó a correr por el suelo del Der Fliegende, ocultándose tras las torres y estructuras para no captar la atención de los posibles guardias que patrullaban la zona. Cada paso lo daba con cuidado, conteniendo la respiración siempre que algún ruido resonaba demasiado cerca.

“Bucanor solo tiene magia de control a través de la sangre y es un ser bastante débil. Si la teoría de Marco es cierta, los Tottengräber estarán distraídos con los demás paladines y dejarán a Theo y a ese enano millonario solos, dándome la oportunidad de poder rescatarlo.”

Siguió corriendo hasta que, de pronto, escuchó unos pasos acercándose. Sin pensarlo, se abalanzó hacia el interior de un arbusto, conteniendo el aliento y haciendo el menor ruido posible. Un par de guardias pasaron frente a él, con las lanzas firmemente sujetas en las manos, sin percatarse de su presencia.

“No soy fuerte, ni lo seré nunca. Pero si rescato a Theo, quizá entre los dos podamos derrotar al inútil de su líder. Por eso… no fallaré.” pensó con determinación, retomando la carrera por detrás de un edificio mientras alzaba la vista y contemplaba, a lo lejos, la increíble y sobrecogedora altura de la torre principal.

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Mientras Ryan lanzaba una de sus cadenas hacia otra torre y se impulsaba con soltura, columpiándose por el aire cada vez más cerca del edificio principal, notó de pronto una sensación extraña recorriéndole el brazo. Frunció el ceño al mirar su muñeca y ver cómo, sin previo aviso, aparecía una marca con forma de corazón que comenzaba a brillar con una intensidad inquietante.

"¿Q-Qué es esto?" dijo para sí mismo, con el pulso acelerado.

Antes de que pudiera reaccionar, la marca tiró de él con una fuerza brutal, arrancándolo de su trayectoria y lanzándolo en dirección opuesta a la que había planeado. La tensión fue tal que la cadena que tenía enganchada a la torre siguiente se rompió con un chasquido seco, dejándolo a merced de aquella fuerza invisible.

"¿Qué coño está pasando?" pensaba, completamente sorprendido, mientras su cuerpo salía disparado a toda velocidad hasta estrellarse de espaldas contra la pared de una torre, atravesándola con violencia.

El joven siguió deslizándose por el interior de la estructura, destrozando columnas y muros a su paso, hasta que su espalda chocó violentamente contra alguien que venía desde la dirección contraria.

"¡Joder!" exclamó Nathalie al colisionar con el hijo de la dragona, rodando ambos por el suelo. Ella también tenía grabada en la muñeca la misma marca en forma de corazón, brillando con la misma luz inquietante.

Durante un instante, los dos quedaron tirados entre escombros y polvo, pero no tardaron en incorporarse, aún aturdidos.

"¿Ryan?" dijo la semidemonia al reconocerlo. "¿Qué coño haces aquí?"

"Pues parece que lo mismo que tú." respondió él, enseñándole la muñeca con la marca luminosa.

"Ostras… ¿Qué es esto?" preguntó ella, observando la suya con una mezcla de sorpresa y desconfianza.

"Es mi carta." dijo Straciatella, descendiendo lentamente por las escaleras con su sombrilla abierta, balanceándose con teatralidad. Entre los dedos sostenía una carta del tarot claramente visible: Los Amantes.

Gracias a la tecnología de Monday, integrada en todas y cada una de las torres y construcciones del Der Fliegende, los Tottengräber y su líder, Bucanor, podían utilizar los teletransportadores de la torre principal para desplazarse a cualquier otra zona del complejo, como si se tratase de un auténtico teletransporte instantáneo.

Sin embargo, el sistema no era completamente multidireccional: desde las torres individuales solo era posible regresar a la torre principal, lo que convertía a esta en el auténtico núcleo de control de todo el Der Fliegende.

"¡Tú!" dijo Ryan, apretando los dientes con furia.

"Es la traidora esa…" musitó Nathalie, clavándole una mirada cargada de desprecio.

"El poder de Los Amantes me permite traer hasta mí a dos de mis contrincantes, aunque por desgracia solo puedo usarla una vez a la semana, y además escoge aleatoriamente a los elegidos." explicó Straciatella con un suspiro exagerado. 

"Pensé que hoy era mi día de suerte y podría enfrentarme a Marco o a Ashley, pero me temo que tendré que quedarme con los más débiles del grupito." añadió, sentándose despreocupadamente sobre la barandilla sin cerrar la sombrilla, sacándoles la lengua con una sonrisa prepotente.

"Será zorra." comentó Ryan entre dientes.

"Habrá que darle una paliza, ¿no?" sonrió Nathalie, flexionando ligeramente los dedos.

"Eso será, si podéis, ¿no?" murmuró Straciatella con tono burlón, mientras desactivaba la carta de Los Amantes. Al instante, las marcas desaparecieron de las muñecas de ambos.

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Antes de que el destino se torciera de forma irreversible, los dos hermanos eran considerados de las personas más entrañables de Akitazawa. Su vínculo era fuerte y sincero: siempre que uno de ellos tenía un problema, el otro acudía sin dudarlo, como si ayudarse fuese algo tan natural como respirar.

Cuando el pequeño Keichiro no podía dormir por las noches, atenazado por el miedo a la oscuridad, era Rin quien entraba en su habitación en silencio y se tumbaba a su lado. Permanecía allí hasta que su respiración se calmaba, y en más de una ocasión le susurraba historias inventadas para distraerlo, relatos sencillos que lograban que el sueño lo venciera antes de que el temor pudiera regresar.

Pero la protección no era unidireccional. Cuando Rin olvidaba el almuerzo en casa, era Keipi quien cruzaba medio colegio para llevárselo durante algún descanso entre clases. Incluso se sentaba con ella a repasar las asignaturas más teóricas, explicándole los conceptos con paciencia, orgulloso de poder ser útil a su hermana mayor.

Quién iba a decir que aquellos dos hermanos, que se querían con una lealtad tan pura, acabarían enfrentándose a muerte años después.

Ahora, sus espadas chocaban con una violencia ensordecedora mientras se desplazaban por la superficie del patio del Der Fliegende, levantando chispas y ráfagas de energía a cada impacto, como si el propio escenario temblara ante la tragedia que se estaba escribiendo.

"Rin." dijo Keipi, con la voz tensa pero firme. "Pienso vengar a Papá y a Mamá, por eso me pasé años mentalizándome de que, cuando llegase este encuentro, tendría que matarte."

"¿Ah, sí? ¿Crees que podrás mancharte las manos de sangre?" replicó ella, avanzando con la espada en alto. "¡Si sigues siendo el mismo crío que me necesitaba para poder dormir en la oscuridad!"

"¡No lo soy!" exclamó Keipi, alzando su espada para bloquear el ataque con un choque seco. "¡YA NO SOY KEICHIRO DE LOS PIKARIA, SOY KEIPI, EL PALADÍN DE MARCO!" gritó, liberando desde el filo un potente chorro de agua que obligó a su hermana a retroceder de un salto.

"Ya veo... En ese caso, que empiece este duelo a muerte." sonrió Rin, con una expresión afilada y peligrosa.

"Adelante." respondió Keipi, decidido, aferrando con fuerza la empuñadura mientras el mundo parecía contener la respiración.

Continuará…

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