Al día siguiente, Palacio secundario de Sylvapura.
Draco había convocado con suma urgencia a sus dos Sagrados para una reunión adelantada, algo poco habitual incluso en tiempos convulsos. Karta y Belial avanzaban por los pasillos del palacio con el ceño fruncido, intercambiando miradas cargadas de sospecha.
No era propio del gobernador alterar el orden de una reunión sin una razón de peso, y ambos lo sabían bien. El sonido seco del bastón de Karta resonaba contra el suelo pulido mientras trataban de imaginar qué podía haber ocurrido para precipitar aquella llamada.