Con la derrota de Sergiv, la torre de cristal donde ambos estaban encerrados comenzó a derrumbarse a pedazos, lentamente. Las grietas que antes recorrían las paredes como simples fisuras se abrieron ahora como heridas profundas, expandiéndose por columnas, techos y suelos.
El cristal rojizo crujía con un sonido agudo y desgarrador, mientras enormes fragmentos se desprendían y caían al vacío, estallando contra las estructuras inferiores. La jungla de cristal que antes parecía imponente se estaba desmoronando junto con su creador.