Gracias a la magia de Somnus, todos nuestros protagonistas quedaron completamente congelados en el tiempo. Sus cuerpos permanecían suspendidos en mitad de movimientos inacabados: espadas a punto de chocar, hechizos a medio formar, miradas cargadas de intención detenidas para siempre en ese segundo inconcluso. De esta manera, serían incapaces de interferir en los planes de ejecución originales trazados por los Tottengräber.
El campo de batalla, que hasta hacía un instante era un caos de energía, gritos y destrucción, se transformó en una escena muda, como si el mundo entero hubiese sido convertido en una pintura. Sin embargo, no todos los Tottengräber estaban de acuerdo con aquella decisión.