Tras escuchar la inconfundible voz de su hermano, Gretel se detuvo en seco justo antes de poner un pie en el interior de la torre principal del Der Fliegende. El aire alrededor de la entrada parecía más denso, como si la propia estructura respirara con una cadencia siniestra.
El joven sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aquella voz no había resonado en sus oídos, sino en su mente, clara y cercana, como si Hansel estuviera a su lado. Durante un instante dudó de su cordura, preguntándose si la tensión del momento le estaba jugando una mala pasada.