Con la imagen de la difunta Shouri clavada en la mente, la rabia de Marco no solo ardía: lo envolvía por completo. Las llamas que brotaban de su cuerpo se tornaron más densas, más violentas, como si el propio fuego hubiese sido contaminado por el dolor. El aire a su alrededor vibraba por la temperatura creciente mientras se mantenía suspendido frente al Tottengräber número VIII, preparado para el inevitable encontronazo.
"Tenía muchas ganas de verme las caras contigo, Marco." comentó el ejecutor, volviendo a colocar las manos tras su espalda con una calma insultante. "Sobre todo sentí una especial excitación al saber toda la admiración y cariño que le tenías a Shouri... porque eso te pondría como loco, y no hay expresión más hermosa en el ser humano que la que está marcada por la RABIA."