viernes, 13 de febrero de 2026

Ch. 313 - Marco vs Sergiv

Con la imagen de la difunta Shouri clavada en la mente, la rabia de Marco no solo ardía: lo envolvía por completo. Las llamas que brotaban de su cuerpo se tornaron más densas, más violentas, como si el propio fuego hubiese sido contaminado por el dolor. El aire a su alrededor vibraba por la temperatura creciente mientras se mantenía suspendido frente al Tottengräber número VIII, preparado para el inevitable encontronazo.

"Tenía muchas ganas de verme las caras contigo, Marco." comentó el ejecutor, volviendo a colocar las manos tras su espalda con una calma insultante. "Sobre todo sentí una especial excitación al saber toda la admiración y cariño que le tenías a Shouri... porque eso te pondría como loco, y no hay expresión más hermosa en el ser humano que la que está marcada por la RABIA."

Las últimas palabras las pronunció casi saboreándolas. Acto seguido, dio un pisotón seco sobre la plataforma de cristal flotante. La superficie se agrietó en patrones geométricos y, en el siguiente instante, estalló en una intensa lluvia de feroces cristales rojos que descendieron como una tormenta letal.

"¡Ponte a cubierto, Lily!" dijo Marco mientras se lanzaba a volar a toda velocidad por aquella calle aérea formada por torres, zigzagueando entre los proyectiles que perforaban el aire con silbidos agudos.

"¡Sí!" respondió el hada, alejándose a toda prisa. Se desvió hacia una de las torres cercanas y se coló por una ventana rota para ponerse a cubierto en el interior.

Marco, por su parte, no redujo la velocidad. Giraba sobre sí mismo, se inclinaba en ángulos imposibles, dejaba que los cristales rozasen el borde de sus llamas mientras descendía en picado para luego remontar con una explosión de fuego bajo sus pies. 

Algunos proyectiles explotaban contra las fachadas, otros se incrustaban en las paredes como lanzas brillantes. La calle se convirtió en un laberinto mortal de destellos carmesí.

"¿No es suficiente para ti? ¡Pues tengo más!" exclamó Sergiv desde las alturas, duplicando la ofensiva.

La lluvia se volvió más densa, casi sólida. Marco entonces tomó una decisión. Extendió su capa y la cubrió de fuego, impregnando la tela con una capa ardiente que chisporroteaba con intensidad. Envolvió su cuerpo con ella como un escudo improvisado. 

Los cristales impactaban y rebotaban, algunos se fundían al contacto, otros salían despedidos convertidos en fragmentos incandescentes. Cuando por fin el aluvión cesó, nuestro protagonista dejó caer la capa con un movimiento elegante, elevándose de inmediato.

Cubierto por llamas más feroces que antes, ascendió como un cometa ardiente y embistió la plataforma de cristal donde Sergiv se encontraba, rompiéndola en mil pedazos y arrollando a su rival con violencia desatada.

El ejecutor salió disparado contra una de las torres cercanas, estampándose brutalmente contra la estructura. El impacto hizo temblar los muros. Pero, para sorpresa de Marco, el cuerpo de Sergiv comenzó a agrietarse… y se rompió en pedacitos, convirtiéndose en cristal. De aquel falso cuerpo emergieron cientos de proyectiles afilados que explotaron en todas direcciones.

Marco reaccionó al instante. Propulsó fuego bajo sus pies y ascendió en vertical, esquivando por centímetros la nube de fragmentos que buscaban atravesarlo.

"¡JAJAJAJA!" rió el verdadero Sergiv, apareciendo de pie sobre la pared vertical de una torre, desafiando la gravedad con total naturalidad al clavar sus tobillos con cristal a esta. "¡Bien hecho, Marco, pero te falta mucho para poder plantarme cara!"

Acto seguido, dio un nuevo pisotón. La superficie de la pared se onduló como si fuera líquida y de ella emergieron gigantescas manos de cristal rojo, con dedos afilados y articulaciones grotescas, que se lanzaron contra el protagonista desde distintos ángulos.

"¡Cabrón!" gritó el emperador, sin disminuir la velocidad, ascendiendo directamente hacia él mientras esquivaba con movimientos precisos y fluidos las enormes manos brillantes que trataban de atraparlo o despedazarlo en pleno aire.

Marco atravesó el ataque enemigo y, aprovechando una apertura mínima, llegó hasta Sergiv en un estallido de llamas. Sin darle margen de reacción, giró el cuerpo en el aire y le asestó una potente patada directa al torso. 

El impacto resonó con fuerza… pero, en el último segundo, el ejecutor recubrió su antebrazo y costado con cristal rojo, formando una capa sólida que bloqueó la pierna de Marco. El choque produjo una vibración metálica que recorrió la torre.

"¡¿Y tú quieres vengar a Shouri?! ¡No me hagas reír! ¡MUESTRA QUIÉN ERES DE VERDAD!" gritó provocándole, sosteniendo la pierna de nuestro protagonista aún atrapada contra su defensa cristalina.

Durante un instante, ambos quedaron suspendidos en el aire, con sus pies aún en contacto. Entonces algo cambió. El fuego que envolvía a Marco se tornó más intenso… y su color mutó del rojo anaranjado a un azul profundo y abrasador. Su rostro se contrajo en una expresión de furia pura, los dientes apretados, las pupilas ardiendo como brasas celestes.

El aumento de potencia fue inmediato. Las nuevas llamas comprimieron el aire a su alrededor y, sin retirar la pierna bloqueada, nuestro protagonista impulsó su cuerpo hacia arriba con una explosión brutal. Ascendió por la pared de la torre a toda velocidad, arrastrando consigo a Sergiv, cuyo cristal comenzaba a resquebrajarse por la temperatura extrema.

En cuestión de segundos alcanzaron la parte superior de la estructura. Allí, Marco liberó su pierna atrapada y, girando sobre sí mismo, lanzó una segunda patada con la otra pierna, cargada con fuego azul concentrado. Sergiv salió despedido contra una terraza cercana, rebotó contra el suelo de piedra y terminó chocando violentamente contra una verja metálica que se dobló por la fuerza del golpe.

El Tottengräber alzó la vista, aún aturdido… y entonces vio el cielo cubrirse de luces ardientes. Cientos de esferas de fuego azul flotaban sobre él, formadas en silencio durante el ascenso de Marco.

"Parece que al fin le di donde tenía que darle." sonrió. "¡Cae en la rabia, pierde la razón y vuélvete fácil de manipular!"

A pesar del golpe recibido, Sergiv no perdió la compostura. Extendió la mano y creó al instante una nueva plataforma de cristal bajo sus pies. Esta se solidificó y comenzó a elevarse, permitiéndole volar con agilidad.

Con movimientos precisos y calculados, empezó a esquivar las esferas ígneas una tras otra, deslizándose entre ellas mientras explotaban a su alrededor en destellos azulados que teñían el cielo.

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Centhyria, capital de Pythiria y sede del gobierno imperial.

Al igual que en el resto del mundo, en el corazón político del imperio la batalla era seguida con atención absoluta. En el gran salón imperial, nobles, ministros y demás figuras políticas observaban las pantallas de retransmisión que mostraban cada enfrentamiento en tiempo real. Entre ellos, sentados en posiciones privilegiadas, estaban el emperador Gaspar y su hijo Melchor.

"Dos de Akitazawa teniendo un duelo épico y ese verdadero emperador enfrentándose al número VIII... tu idea de retransmitir la ejecución de manera global fue magnífica, hijo mío." decía Gaspar, acomodado en su trono con una sonrisa satisfecha.

"Así es, padre." sonrió Melchor, también conocido como Yumeith, con una serenidad que ocultaba intenciones mucho más profundas.

"¿Pasará algo si consiguen derrotar a nuestros hombres?" preguntó el emperador, sin apartar la vista de las imágenes.

"No pasará nada. Tengo un par de planes bajo la manga si algo sucede, así que no te preocupes, padre... ese falso emperador y sus paladines morirán el día de hoy... ¡pase lo que pase!" sonreía malvadamente, mientras el reflejo azulado de las llamas de Marco iluminaba fugazmente su mirada ambiciosa.

El joven volvió a dirigir la mirada hacia las pantallas gigantes que proyectaban la batalla en distintos puntos del mundo. Las llamas azules de Marco, los destellos carmesí de Sergiv, el caos desatado en el Der Fliegende… todo se reflejaba en sus pupilas con un brillo calculador. Lentamente, sus labios se curvaron en una sonrisa siniestra, apenas perceptible para quienes lo rodeaban, pero cargada de una intención oscura.

"Hasta que termine de recuperar todo mi poder que fue liberado al romper la gema infinita, necesito exterminar a Horacio... Y haré lo que sea necesario." pensó.

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Sergiv continuó surcando el aire con elegancia, deslizándose sobre su plataforma de cristal. De pronto, dio una palmada seca y el aire vibró a su alrededor. Decenas de criaturas de cristal rojo se materializaron tras él, con formas grotescas y afiladas, y se lanzaron contra Marco como una bandada de depredadores. Algunas chocaron contra las esferas de fuego azul que aún flotaban en el cielo, estallando en fragmentos brillantes que se dispersaban como lluvia carmesí.

Nuestro protagonista no dudó ni un segundo. Aceleró de frente, sin miedo, mientras su silueta comenzaba a distorsionarse entre las llamas. Su cuerpo se comprimió y transformó en un pequeño fénix azul llameante, radiante y feroz. Con un chillido ardiente, atravesó a toda velocidad las criaturas de cristal, reduciéndolas a vapor y fragmentos fundidos que caían al vacío.

Convertido en esa ave ígnea, embistió directamente a Sergiv. El impacto fue brutal. Ambos atravesaron el muro exterior de una torre cercana y se introdujeron en su interior. El lugar estaba completamente vacío: ni pisos, ni escaleras, ni columnas… solo un enorme cilindro hueco que ascendía hacia lo alto, como un pozo invertido de hormigón blanco.

El Tottengräber rodó por el aire y terminó estrellándose contra una de las paredes internas. Tosió sangre, pero, lejos de mostrarse debilitado, se incorporó lentamente con una sonrisa torcida. Se arrancó la chaqueta y la camiseta, dejando su torso al desnudo, cubierto de cicatrices y vetas rojizas que parecían latir. Dio una palmada, y una oleada masiva de energía mágica brotó de su cuerpo, haciendo vibrar toda la estructura.

"Caiste en mi trampa, iluso." dijo él. "Te atraje a mi torre favorita, para que saborees... una verdadera jungla de cristal."

El cristal rojo comenzó a expandirse como una plaga viva. Se extendió por las paredes, sellando el boquete por el que habían entrado y cubriendo todas las ventanas. El hormigón blanco desapareció bajo una capa carmesí brillante, hasta que la torre entera se convirtió en una estructura de cristal rojo translúcido, opresiva y luminosa, como si estuvieran atrapados dentro de una gigantesca gema sangrienta.

Marco flotaba en el aire, envuelto en sus llamas azules, observando a su alrededor con cautela. De repente, picos afilados brotaron violentamente desde las paredes, obligándolo a ascender a toda prisa mientras los esquivaba por escasos centímetros. 

En ese instante, Sergiv emergió desde el cristal del pico que había aparecido justo a su espalda, como si el entorno fuera parte de su propio cuerpo. Juntó las manos formando un enorme martillo rojo con el que descargó un golpe devastador sobre el emperador.

El impacto lo estampó contra el suelo con un estruendo ensordecedor. Al alzar la vista, comprendió que su rival se había fusionado con aquel ambiente tétrico: la selva de cristal rojo crecía y desaparecía a voluntad de Sergiv, respirando al mismo ritmo que él.

"Ya veo... así que este... era tu plan." murmuró nuestro protagonista, limpiándose la sangre del labio mientras sus llamas crepitaban con renovada intensidad.

Continuará...

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