Las tres torres conversas.
Las instalaciones se alzaban como una estructura imposible en mitad del complejo: tres torres blancas, estilizadas y perfectamente simétricas, de las que nacía un pasillo desde cada una de ellas. Los tres corredores, suspendidos en el aire y protegidos por paneles translúcidos, convergían en una enorme cúpula central.
Allí, en el corazón de todo, se encontraba el laboratorio de Monday. El interior era completamente blanco, casi cegador, como si la luz brotara de las propias paredes. Cientos de dispositivos tecnológicos colgaban suspendidos a distintas alturas: pantallas holográficas, controladores remotos, brazos mecánicos plegados, cables luminosos que serpenteaban como raíces artificiales y cápsulas de energía que emitían un zumbido constante. Era un santuario de ciencia y control absoluto.
Ella estaba de brazos cruzados, con la cabeza baja, abstraída en sus pensamientos. La imagen del pequeño Theo acudía una y otra vez a su mente, removiendo algo que no quería reconocer. El eco de unos pasos rompió el silencio mecánico de la cúpula. Al alzar la mirada, sus ojos se encontraron con la figura de Ashley, que avanzaba con pasimonia, observándolo todo con una mezcla de curiosidad y cautela.
"Así que aquí es donde te quieres enfrentar a mí." dijo ella, mirando a todos lados, maravillada por las paredes decoradas.
"En efecto." respondió ella. "Soy muy hábil en combate, pero también conozco mis límites y sé que, si alguien puede derrotarme, esa eres tú."
"Gracias por el halago."
"Es por eso... que tomar precauciones no viene nada mal, sobre todo si sois vosotros los que nos habéis invadido." dijo, dando un salto hacia atrás, acercándose a la pared y agarrando un controlador con cada una de sus manos.
"Bueno, la verdad es que no me asusta." sonrió nuestra protagonista, confiada. "Al final, estoy más que preparada para enfrentarme a ti y demostrarte quién manda. Aunque... me da algo de pena, pensé que podríamos ser amigas." dijo, aflojándose la corbata para quitársela del cuello.
"Lo sé, opino lo mismo." sonrió ella, convirtiendo esos controladores en unos poderosos brazos tecnológicos con lanzamisiles incorporados. "¡Pero me temo que eso será para otra vida!" dijo, disparándolos.
"¡Me temo que sí!" sonrió ella, corriendo hacia el frente sin temor.
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Interior de la torre cristalizada.
Revestido con su nueva armadura de cristal, cuyo brillo refractaba la luz en destellos cortantes que teñían la sala de reflejos rojizos, Sergiv alzó el brazo. La estructura vidriosa se reconfiguró con un crujido agudo y, desde su antebrazo, emergió un enorme pilar cristalizado que salió disparado hacia nuestro protagonista como una lanza imparable.
Marco dio un salto lateral para esquivarlo, pero el pilar no era una simple estaca inerte. La superficie translúcida se agitó como si tuviera vida propia y, de su interior, brotó una mano gigantesca hecha de cristal macizo.
La extremidad atrapó al emperador en pleno aire y lo estampó brutalmente contra la pared. El impacto hizo temblar la estructura y una nube de polvo descendió del techo. Marco tosió sangre al sentir cómo el aire era expulsado violentamente de sus pulmones.
"¿Sabes? No tenía ninguna orden de matar a Shouri." sonrió Sergiv.
"¡Tsk! ¡¿Y entonces por qué lo hiciste?!" replicó nuestro protagonista, liberando fuego en todas las direcciones; las llamas envolvieron la mano cristalina hasta agrietarla, forzando su apertura y permitiéndole caer de nuevo al suelo.
"¡Porque tenía un asunto pendiente con ella por algo que hizo en el pasado!" exclamó, dando un pisotón que hizo crecer cientos de picos cristalizados hacia nuestro protagonista.
El suelo se fracturó como si fuera hielo bajo presión, y una selva de agujas transparentes emergió en cuestión de segundos. Marco respondió golpeando el suelo con el puño, generando también una onda de fuego azul que chocó contra los cristales.
Ambos elementos convulsionaron al contacto, vibrando con violencia hasta solidificarse en una gruesa pared híbrida en medio de la sala, mitad vidrio ardiente, mitad llama petrificada.
"¡Ella fue quien asesinó brutalmente a la persona que podía considerar mi familia!" exclamó el Tottengräber, derribando de una patada la pared de elementos y acercándose todavía más a Marco. "¡ERA LA ÚNICA PERSONA QUE MÁS DESEABA MATAR EN ESTE MUNDO! ¡Y LO LOGRÉ! ¡¿QUIÉN ME IBA A DECIR QUE EN ESTE PLAN ALOCADO DE NUESTRO SUPERIOR SERÍA CAPAZ DE CLAMAR MI VENGANZA?!" gritaba mientras tornaba su brazo en una afilada punta.
El ejecutor descendió apuntando con ella hacia nuestro protagonista, como una estaca viviente, pero este lo atrapó con un brazo y su costado, deteniéndolo en seco. El suelo se hundió bajo sus pies por la presión del choque.
"¿Cómo?" se sorprendió el ejecutor.
Cuando el emperador alzó la mirada, su rostro estaba cubierto de ira; las pupilas ardían con un fulgor azul que parecía alimentado por algo más profundo que el poder.
En ese momento, la imagen de Shouri se le vino a la mente: aquel torneo de lucha donde se conocieron, la primera conversación que compartieron, y su enfrentamiento en la arena, intercambiando puñetazos para demostrarse quiénes eran.
Recordó cómo habían luchado juntos contra Aspasia y sus apóstoles, hombro con hombro, confiando el uno en el otro. Todos esos recuerdos estallaron en su mente al instante, avivando su rabia hasta que la razón se desvaneció y, por un momento, el hecho de que su amiga hubiera asesinado a alguien en el pasado dejó de importar.
"¡NO PIENSO PERDONARTE! ¡ERES DE LO PEOR!" gritó, enfurecido, rompiendo con pura fuerza el pico de cristal que sostenía entre sus extremidades.
Intentó lanzar un puñetazo directo al rostro de su contrincante, pero este dio un salto hacia atrás, asustado, y comenzó a crear enormes látigos de cristal que emergían del suelo, retorciéndose con movimientos similares a los de los dragones que creaba Keipi con agua. Las estructuras serpentearon por la sala, azotando el aire con un silbido letal.
Marco fue lanzado por los aires por el primero, pero recalculó la ruta al instante y comenzó a saltar de uno a otro, corriendo por sus cuerpos translúcidos con una agilidad sobrehumana y descendiendo sin ser golpeado, usando cada latigazo como trampolín.
"¡Mierda! ¡Mierda!" pensaba Sergiv, nervioso.
"¡ME DAN IGUAL TUS MOTIVOS DEL PASADO, Y ME DA IGUAL LO QUE HICIERA SHOURI EN SU MOMENTO! ¡Llámame egoísta o lo que te dé la real gana, pero es que me la suda!" gritó, saltando de un látigo a otro. "¡Ella era mi amiga, maestra y compañera! ¡Y es lo único que necesito para acabar contigo!" gritaba mientras el fuego azul salía de su cuerpo, formando un gigante de llamas que estaba inspirado en los golems de la leyenda de las rocas.
El coloso ígneo tomó forma a su espalda, una figura titánica de fuego azul con brazos descomunales y torso incandescente, cuyos ojos brillaban como hornos abiertos.
"¡MIERDA! ¡¿CÓMO PUEDE SER ESTE TÍO TAN PODEROSO?!" pensaba Sergiv.
El gigante de fuego y Marco dieron un doble puñetazo conjunto al Tottengräber, sacándolo volando por los aires mientras le reventaban la armadura de cristal, rompiéndola en fragmentos y dejándolo inconsciente. La explosión de vidrio inundó la sala con una lluvia de esquirlas relucientes.
El ejecutor rodó por el suelo mientras toda la torre se llenaba de grietas y comenzaba a caerse a pedacitos. Con el rostro ensangrentado y los ojos en blanco, el número VIII yacía tirado en el suelo, derrotado entre restos de cristal pulverizado.
Batalla en la jungla de cristal rojo.
Marco vs Sergiv.
Ganador: Marco.
Nuestro protagonista miró a su rival tendido en el suelo, entre los restos de cristal y polvo que aún caían del techo resquebrajado. El fuego azul que lo envolvía comenzó a menguar poco a poco, pero el calor no desapareció; parecía haberse trasladado a su interior.
Algo le incomodaba profundamente. Aquello no había sido suficiente para saciar su rabia interna. El golpe, la destrucción, la victoria… nada de eso había apagado el incendio que le consumía por dentro.
Al contrario, sentía que seguía ardiendo con más fuerza. Necesitaba hacer algo más. Castigarle mucho más. No quería solo derrotarlo. Quería que sintiera una fracción del dolor que él llevaba clavado en el pecho. Esa persona tendida frente a él era el asesino de Shouri.
Marco apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la piel. No podía permitir que se librase de aquello con una sola paliza. No era justicia. No era equilibrio. No era suficiente.
"Aún no he acabado contigo." dijo él, con una mirada repleta de odio, mientras se acercaba a su rival.
Continuará...
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