El brazo gigantesco de Remlin comenzó a encogerse lentamente hasta volver a su tamaño normal, como si la transformación nunca hubiera existido. Sin embargo, antes de que Ryan pudiera relajarse un solo segundo, el cuerpo del ejecutor volvió a deformarse de forma antinatural.
Esta vez no fue su brazo. La pierna derecha empezó a crecer de manera desproporcionada, hinchándose hasta adquirir un tamaño monstruoso mientras se alzaba por encima de él con la clara intención de aplastarlo.
El hijo de la dragona extendió la mano y desde su palma lanzó una cadena hacia una de las columnas negras que formaban parte de aquel extraño espacio. Esta se enrolló con fuerza alrededor de la estructura y, en el mismo momento en que la pierna gigante descendía con violencia,se dejó arrastrar por ella.
El impulso lo desplazó a toda velocidad hacia un lado, evitando por apenas unos centímetros ser aplastado por el pisotón que hizo temblar todo el lugar.
"¿Qué clase de poder es ese? ¿Transformar las partes de su cuerpo o aumentarlas de tamaño?" pensaba asustado mientras la pierna enemiga volvía a ser del tamaño normal.
Ryan apoyó firmemente las manos sobre la superficie. De inmediato, liberó varias cadenas que surcaron el aire con precisión, girando y enredándose en un patrón calculado para cercar a Remlin. El ejecutor, sin mostrar preocupación, danzaba entre ellas con sorprendente ligereza, como si el espacio y las plataformas fueran un simple escenario sobre el que caminar.
Aun así, las cadenas de nuestro protagonista no se rendían. Se entrelazaban desde todos los ángulos, girando en el aire y cerrando un círculo que poco a poco parecía envolver al enemigo por completo. Por un instante, dio la impresión de que el Tottengräber no tendría escapatoria, atrapado por la red metálica que el hijo de la dragona había construido con tanto esfuerzo y precisión.
Sin embargo, Remlin no estaba dispuesto a ser contenido. Con un solo aplauso de sus manos, el estruendo liberó una onda de fuerza que las rompió, enviando los eslabones volando en todas direcciones. Acto seguido, lanzó un escupitajo que comenzó pequeño pero fue aumentando de tamaño mientras avanzaba en línea recta hacia Ryan, adquiriendo una densidad y velocidad aterradoras.
Nuestro protagonista reaccionó al instante. Usando un par de cadenas, enganchó dos de las plataformas flotantes cercanas y, con un tirón rápido y preciso, las atrajo frente a él. Las superficies se colocaron como un escudo improvisado, bloqueando el impacto del proyectil y desviando el fluido.
Remlin cayó con elegancia sobre uno de los cubos blancos que flotaban en el aire. Se sentó allí con una naturalidad casi ridícula, balanceando ligeramente las piernas mientras observaba a Ryan desde arriba con una sonrisa llena de superioridad.
"¿Eso es todo lo que tienes? ¿Ni siquiera vas a hacer que me ponga en serio?" sonrió.
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Despacho de Bucanor.
Bucanor estaba observando la pantalla flotante a través de su ventana, contemplando con furia cómo Somnus yacía derrotado. La rabia lo consumía mientras daba vueltas por su despacho, alzando los brazos y maldiciendo en voz alta, escupiendo insultos al aire que resonaban entre los muebles de la sala.
Theo, aún ligeramente magullado y tirado en el sofá, aprovechó la distracción de su carcelero. Sus ojos brillaron con determinación: estaba completamente de espaldas, gruñendo y lanzando improperios, sin percatarse de la oportunidad que se le presentaba. Si quería escapar, era ahora o nunca.
El joven comenzó a levantarse lentamente, cuidando cada movimiento para no hacer el menor ruido. Se acercó con sigilo a la espalda del líder de los ejecutores y, con un impulso preciso, le propinó una patada directa a la entrepierna.
Bucanor cayó al suelo de inmediato, agarrándose con fuerza la zona mientras se mordía el labio de dolor y soltaba un sollozo. Aprovechando el momento, el portador de la Biblioteca de Horacio corrió hacia la puerta, abriéndola con la boca y tratando de moverse lo más rápido posible pese a las esposas que le ataban manos y pies. Las cadenas limitaban su velocidad, pero parecía suficiente para intentar escapar de la torre principal.
"¡Joder... qué hostia me ha dado! ¡Mis huevitos de oro...!" se quejó entre gruñidos, mientras se retorcía de dolor tirado en el suelo. "¡León! ¡El niñato se ha escapado, encuéntralo!"
"Señor, con las esposas anti-magia no podré detectarle tan rápidamente, ya debería saberlo," respondió León con voz tranquila, consciente de la limitación y desde su posición en otra habitación de la torre principal.
"¡Me importa una mierda! ¡Traélo, no pienso quedarme de brazos cruzados contra un chaval que me ha golpeado tan bajo!" rugió Bucanor, rodando por el suelo mientras el dolor lo sacudía.
"Sí, señor," contestó León, preparado para cumplir la orden.
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Tren a las afueras del Der Fliegende.
Sherezade abrió los ojos lentamente, como si cada pequeño movimiento le costara más esfuerzo del que debería. Lo primero que vio fue el rostro concentrado de Faralalan, que seguía canalizando su magia sin detenerse ni un segundo, aun cuando el cansancio ya era evidente en su mirada.
La ex-princesa sintió el calor de la energía recorriendo su cuerpo y comprendió al instante todo el esfuerzo que la pequeña estaba haciendo por curarla. Con suavidad, alzó una de sus manos temblorosas y le sujetó las manos mientras le dedicaba una sonrisa débil pero sincera.
"Ya... estoy mejor..." dijo ella.
"¡Zade!" sonrió la pequeña al verla con mejor aspecto.
Al escuchar las voces, los dos alumnos de Shouri que estaban vigilando el entorno se giraron de inmediato. Durante unos segundos se quedaron en silencio, como si no quisieran creerlo, pero al ver que Sherezade estaba realmente consciente, sus expresiones cambiaron por completo.
Sin pensarlo dos veces, se acercaron rápidamente y se sentaron a su alrededor, aliviados de verla despierta después de todo lo que había pasado.
"¿Qué tal estás?" preguntó Kanu.
"Deberías seguir tumbada, tu cuerpo ha sufrido mucho todo este trayecto." le recomendó Futao.
Sherezade dejó escapar un suspiro suave mientras permanecía tumbada sobre la superficie metálica. Su cuerpo todavía estaba rígido y apenas podía mover los brazos. Podía sentir cómo la energía que había gastado durante el trayecto seguía drenando sus fuerzas, y las heridas que cubrían su cuerpo aún sangraban levemente.
"Sí... aún no puedo moverme, pero digamos que soy afortunada de poder seguir consciente tras toda la energía mágica que consumí." suspiró tendida sobre la superficie metálica.
Faralalan apretó ligeramente los labios, decidida a no rendirse.
"No te preocupes, aún puedo curarte más." añadió la pequeña siguiendo su tratamiento. "Sé que no soy tan buena como Nicole, pero... lo conseguiré."
Kanu sonrió al escucharla y le acarició con cariño la cabellera, intentando animarla mientras seguía concentrada en la curación.
"Eres imparable, Fara." sonreía el arquero acariciándole la cabellera.
Sherezade observó a los tres durante unos segundos, todavía algo débil, pero con la curiosidad brillando en sus ojos. Sabía que había estado inconsciente durante parte del combate y necesitaba saber cómo iba todo.
"¿Qué tal van Marco y los demás?" preguntó Sherezade curiosa.
"Marco ha derrotado a Sergiv y Gretel hizo algo con lo que le prestó su cuerpo a su hermano gemelo Hansel, y este derrotó al que tenía el número IV... Pero aún quedan seis Tottengräber en pie..." explicaba Futao.
"Ya veo..." comentó ella cerrando ligeramente los ojos. "La batalla aún está lejos de terminar."
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Torre principal.
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