Sin saber que habían sido engañados por el grupo de elfos ladrones LGBT, nuestros protagonistas se encuentran ahora divididos dentro del inmenso castillo de Baba Yagá. Separados por las trampas del lugar, cada uno de ellos debe plantar cara a los dos secuaces de la bruja: sus temibles homúnculos.
Cocina.
Wolf contemplaba con calma cómo nuestro protagonista se reincorporaba al combate, con los puños envueltos en ardientes llamas que crepitaban con intensidad.
"¿Ahora te cubres con fueguito? ¿Crees que así tendrás más oportunidades de ganarme?" gruñó el hombre lobo, relamiéndose los labios cubiertos de ácido.
Marco no respondió. En lugar de palabras, dejó que sus acciones hablaran por él. Dio un rápido paso hacia adelante y lanzó un ardiente directo con su puño derecho hacia el torso del oponente.
Wolf levantó los antebrazos para bloquearlo, pero en el mismo instante del impacto las llamas estallaron con violencia, provocando una pequeña explosión que lo sacudió y lo obligó a retroceder mientras soltaba un gruñido.
"Eso no lo había hecho antes... ¡El tío ha aprendido una nueva forma de luchar en medio del combate!" exclamó el hada. "¡Eres increíble!"
"¿En serio? ¿No había hecho eso antes?" comentó Lesbiana, con un brillo de admiración en la mirada.
Wolf flexionó sus garras con una expresión más seria.
"Ya veo, como sabes que cancelo tus ataques a distancia con mi ácido, decidiste cambiar de estrategia... ¡Nada mal!" dijo lanzándose hacia nuestro protagonista.
El homúnculo avanzó como un relámpago. Sus afiladas garras, cubiertas de ácido, iban dejando un chisporroteante rastro mientras se movía de manera errática por toda la cocina. Marco, con los sentidos agudizados por la adrenalina, consiguió esquivar el primer zarpazo con un rápido movimiento lateral.
No obstante, Wolf giró sobre su eje en pleno ataque y lanzó una segunda cuchillada horizontal que nuestro protagonista apenas logró bloquear al cruzar sus brazos envueltos en llamas. El impacto resonó por toda la sala y durante unos segundos ambos quedaron trabados, cada uno empujando con todas sus fuerzas.
Nuestro protagonista mantenía las llamas al máximo para que no desaparecieran, mientras el homúnculo presionaba con sus garras intentando atravesar aquella defensa. Entonces el ácido comenzó a chisporrotear sobre el fuego y a corroer lentamente su escudo ígneo.
"No puedo seguir defendiéndome..." pensó, impulsándose hacia atrás para ganar algo de espacio.
"¡Vamos, Marco!" gritó Lily desde un rincón. "¡No dejes que te derrote ese saco de pulgas gigante!"
"¡Eso! ¡He dormido en contenedores de basura con mejores olores que él!" agregó Lesbiana.
Aprovechando la velocidad que le otorgaba el fuego en los talones, el emperador se lanzó hacia adelante envuelto en las llamas más feroces que había logrado reunir hasta el momento. El aire a su alrededor crepitaba mientras avanzaba como una antorcha viviente.
Wolf reaccionó de inmediato, alzando sus garras para interceptarlo con un violento golpe descendente, dispuesto a destrozarlo en seco.
Sin embargo, en el último instante, nuestro protagonista alzó la pierna y desvió las zarpas con una potente patada que las clavó contra el suelo. Aprovechando la apertura que acababa de crear, giró el torso y lanzó un gancho ígneo ascendente directo al mentón del homúnculo.
El hombre lobo salió despedido y se estrelló contra uno de los robustos muebles de madera de la cocina, rompiendo parte de la estructura con el impacto.
"¡Lo ha conseguido!" exclamó Lesbiana. "¡Ese golpe fue la leche!"
"¡Ya te digo, tía!" sonrió el hada, chocando su diminuta mano con el dedo de su nueva amiga.
Marco dejó que las llamas que envolvían su cuerpo se apagaran poco a poco y caminó hacia Wolf con paso tranquilo. El hombre lobo estaba apoyado entre los restos del mueble, con el morro cubierto de sangre y la respiración pesada.
"Ganaste..." dijo con voz cansada. "Ese gancho fue muy bueno, así que... podéis salir de aquí."
Tras pronunciar esas palabras, las ventanas y las puertas reaparecieron como por arte de magia.
"Has sido un buen oponente. Gracias por permitirme aprender mientras me enfrentaba a ti." le dijo Marco como despedida mientras se alejaba.
"No me podré levantar durante un rato... lo siento, maestra." pensó Wolf.
Batalla en la Cocina del Castillo de Baba Yagá.
Marco vs Wolf.
Ganador: Marco.
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Unos minutos antes de la victoria de Marco.
La sala de fiestas del castillo era un escenario surrealista que mezclaba la belleza y el caos. El agua que cubría el suelo creaba un reflejo distorsionado de las enormes lámparas de araña que colgaban del techo.
Keipi corría con agilidad sobre la capa de agua mientras esquivaba los ataques de los peces explosivos que eran invocados de los portales. Y si alguno se le acercaba más de la cuenta utilizaba a Priscilla para cortarlos vertiginosamente.
"Keipi, ¿Te has dado cuenta?" le dijo telepáticamente su arma.
"¿El qué?" preguntó curioso.
"Tengo la sensación de que lanza sus ataques para alejarte de él..." comentó la espada. "Es como si no quisiera que te acercaras."
"Ahora que lo dices... Puede que tengas razón." pensaba el joven, dirigiendo la mirada a su contrincante, en especial al objeto que tenía en sus manos. "¡Ah, claro! ¡Cómo no me había dado cuenta antes! ¡No quiere que nos acerquemos a su caña de pescar!"
"Existen magos que sin hacer uso de catalizadores no son capaces de utilizar sus habilidades mágicas, por lo que es posible que tengas razón y este sea el caso del tipo vendado." comentaba Priscilla. "Hay que buscar la forma de acercarnos a él y destrozarle esa cosa."
De pronto el agua que cubría el suelo comenzó a agitarse de forma descontrolada. Los portales que estaba invocando Fisher habían comenzado a volverse más grandes y peligrosos.
Un estruendo retumbó en el aire y de uno de los charcos emergió un gigantesco cangrejo cuyas pinzas eran enormes hachas afiladas de metal. Su caparazón blindado relucía bajo la luz mientras avanzaba pesadamente hacia nuestro protagonista, preparado para partirlo en dos de un solo tajo.
"¡Cuidado!" gritó Gay, escondido tras una columna.
Keipi, sin embargo, mantuvo en todo momento su sonrisa despreocupada. En lugar de retroceder, comenzó a deslizarse sobre la superficie del agua como si estuviera surfeando sobre ella, dejando una fina estela tras de sí.
El movimiento le permitió esquivar con facilidad el brutal ataque del cangrejo y acercarse lo suficiente como para clavar la punta de su katana en una de sus articulaciones, uno de los pocos puntos débiles del artrópodo donde el caparazón no lo protegía.
En ese mismo instante, el espadachín canalizó su poder. Un dragón de agua presurizada surgió desde el interior del cuerpo del monstruo, expandiéndose violentamente hasta hacerlo estallar desde dentro. El caparazón se resquebrajó y el cangrejo quedó reducido a pequeños fragmentos que se desvanecían en el aire como si nunca hubieran existido.
"No me puedo creer la maldita suerte que hemos tenido esta vez... ¿Cómo hemos podido encontrarnos con estos dos tíos tan poderosos? ¡Con ellos podremos rescatar a los demás y robarle la fortuna a esta vieja pedorra!" celebraba Gay en su mente.
De un portal emergió de golpe un grupo de delfines que salpicaron agua por toda la sala al aparecer. Apenas asomaron sus cabezas, unos mecanismos metálicos se desplegaron desde sus bocas y comenzaron a escupir una lluvia de balas sin piedad.
Keipi, clavó la punta de su katana en la superficie del agua y, sin soltarla, tiró de ella hacia arriba en un movimiento firme. El líquido obedeció al filo y se alzó con él, formando una gruesa pared ondulante frente a ambos.
El muro acuático se erguía ante el monje como una barrera impenetrable mientras las balas disparadas por los seres marinos se estrellaban contra él y se dispersaban en pequeñas gotas que caían al suelo.
Sin perder el ritmo del combate, el espadachín giró sobre sí mismo y arrastró con el movimiento toda la masa de agua que había levantado antes. La barrera ondulante se retorció a su alrededor y, en cuestión de segundos, se comprimió hasta convertirse en un potente chorro que salió disparado por la sala como una lanza líquida.
El torrente avanzó directo hacia Fisher, arrastrando en su camino a los delfines y levantando una estela violenta sobre el suelo inundado. Al ver venir el ataque, el homúnculo alzó rápidamente su caña dimensional y la agitó frente a él. Un portal se abrió de inmediato, del cual emergió una gigantesca manta raya que se colocó entre ambos como un escudo viviente.
Pero Keipi ya se había puesto en movimiento.
Aprovechando su habilidad para deslizarse sobre el agua, el monje se inclinó y se deslizó por debajo del enorme animal, pasando bajo su costado antes de que este pudiera reaccionar.
Sin darle tiempo a reaccionar, Keipi saltó hacia su enemigo y de un solo tajo cortó la gruesa madera del catalizador dimensional.
"M-Mi... caña..." comentó Fisher con incredulidad.
"¡Es tu final!" exclamó el monje.
Priscilla comenzó a atraer hacia su filo toda el agua que había dispersa por la sala. El líquido se arremolinó con violencia a su alrededor, girando cada vez más rápido hasta tomar la forma de un imponente dragón de agua.
En cuanto terminó de formarse, Keipi liberó el ataque sin dudarlo. La bestia acuática salió disparado con ferocidad y se abalanzó impactando de lleno contra Fisher. La fuerza del golpe lo sacudió brutalmente antes de estrellarlo contra una de las enormes columnas de la sala.
"Mierda... Fui... derro...tado..." murmuró antes de perder la conciencia.
"¡Cómo molas, Keipi! ¡Sabía que podía contar contigo!" comentó Gay con entusiasmo. "¿Quieres un besito como premio?"
"Prefiero unas patatas fritas, jajajaja." respondió el monje con una pequeña sonrisa despreocupada.
"¡Cómo me prende que seas tan indiferente conmigo!" exclamó el hombre.
Batalla en la Sala de fiestas del Castillo de Baba Yagá.
Keipi vs Fisher.
Ganador: Keipi.
De pronto las puertas y ventanas volvieron a aparecer de la nada, aportándole al lugar la belleza que le faltaba. Los dos se miran sorprendidos y acto seguido emprenden su camino hacia la salida.
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Pasillo principal del castillo.
Dos de las puertas se abrieron al unísono. De una de ellas surgió el grupo de Marco, proveniente de la cocina, mientras que de la otra aparecieron Keipi y Gay, sus rostros aún estaban marcados por la tensión de los combates recientes.
No tardaron en cruzar miradas, y en sus labios asomaron leves sonrisas de alivio al comprobar que todos estaban sanos y salvos. La sensación de reencontrarse fue inmediata, como un soplo de calma en medio del caos.
"¡GAY!" exclamó la elfa, lanzándose a abrazar entre lágrimas a su compañero.
"¡LESBIANA!" replicó él, devolviendo el abrazo con la misma intensidad, mientras lloraba de felicidad.
"Vaya par..." murmuró Lily, sorprendida, observando la escena con los ojos abiertos y la boca ligeramente entreabierta.
"¿Ganaste?" preguntó Marco, alzando su puño con determinación.
"¡Gané!" sonrió Keipi, chocándole con un golpe firme y lleno de complicidad.
Antes de que pudieran intercambiar más palabras, una puerta negra con detalles dorados emergió de la nada, como si los estuviera desafiando a entrar. Su presencia imponía respeto y un silencio cargado de tensión se apoderó del grupo.
Marco miró a sus compañeros. Todos asintieron con determinación, dejando claro que estaban listos para enfrentarse al jefe final del castillo.
"Vamos allá, es hora de rescatar a vuestros amigos." dijo Marco, dando un paso adelante.
Abrió la puerta y, juntos, entraron en una inmensa sala oscura que parecía absorber la luz.
En aquel lugar, las paredes estaban hechas de humo violeta que danzaba lentamente, mientras del techo colgaban, sujetados por cadenas doradas, los dos elfos capturados. Sus cuerpos se mecían levemente, atrapados en aquel espectáculo macabro.
"¡Jefa! ¡Bisexual!" gritaron los ladrones al ver a sus compañeros en peligro, con la voz cargada de preocupación.
Como si surgiera de la misma magia de la sala, el rostro de Baba Yagá emergió de las paredes violáceas, mostrando una expresión furiosa y amenazante.
"¡Malditos niñatos! ¡Habéis derrotado y humillado a mis dos hijos! ¡Me lo vais a pagar caro!" exclamó la anciana, con su voz reverberando por toda la sala.
Marco y Keipi dieron un paso adelante, colocándose frente a sus compañeros y adoptando una postura ofensiva.
"Parece que no está de buen humor..." comentó el monje, observando el rostro de Baba Yagá.
"Sí, parece que tocará hacerlo por las malas." añadió Marco, apretando los puños.
Continuará...
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