Sylvapura.
Ashley se había levantado tarde; necesitaba descansar. Cuando por fin se puso en pie, recogió la habitación del hotel, bajó a desayunar algo y después volvió a subir para darse una ducha.
Mientras el agua caliente resbalaba por su piel, recordó la propuesta de Draco: pasar dos días observando la vida cotidiana de los hombres-bestia. Ver su normalidad, su día a día… y comprobar si realmente sería capaz de cambiar de opinión y traicionar a sus compañeros para representar su papel como nuevo conejo lunar.
Tras aclararse el jabón y frotarse por última vez, apagó la ducha con un largo suspiro. La joven se vistió con ropa cómoda y salió a dar un paseo, dispuesta a encontrar respuestas.
No tuvo que caminar mucho para ver pequeñas escenas que jamás habría imaginado. Al doblar la esquina, observó a un hombre camaleón ayudando a una anciana ratón a cruzar la calle. Más adelante, una familia de ovejas compraba el pan y unos dulces para desayunar con sus hijos. En la calle contigua, una mujer zarigüeya rompía con su novio entre lágrimas, consolada por una amiga leopardo.
Durante ese rato, Ashley pudo apreciar que la vida allí no era distinta a la de cualquier otro lugar. Que, aunque al principio los había visto como enemigos, al final… esa gente no era tan mala.
Pero también vio el otro lado. Los efectos de la crisis económica eran innegables. En su paseo presenció cómo dos familias distintas compartían una casa diminuta para poder dormir bajo un techo; cómo un niño robaba una barra de pan para tener algo que comer; cómo un hombre lagarto bajaba la persiana de su negocio para siempre tras meses de pésimas ventas.
Mientras caminaba por el parque, aún atrapada en sus dudas, nuestra protagonista chocó sin querer con una niña conejo que llevaba un peluche entre los brazos. El golpe fue suficiente para tirarla al suelo. Pero aquella no era una desconocida: se trataba de Vivian, la pequeña que el día anterior había presenciado su combate contra Joaco.
"¿Estás bien?" preguntó, agachándose para ayudarla a levantarse.
"¡Ah! ¡AAAAAH!" chilló de emoción la niña al reconocerla. "¡Ashley!" exclamó con una sonrisa desbordante.
"¿S-Sí?" respondió la joven, descolocada ante semejante reacción.
"¡Eres Ashley! ¡Eres Ashley!" repetía Vivian, casi saltando de alegría mientras abrazaba a su peluche. Luego lo levantó como si fuera un testigo del milagro. "¡Mira, Don Bigotes! ¡Nos hemos encontrado con mi ídolo!"
"Veo que estás bien… así que, si no te importa, voy a seguir mi camino," murmuró incómoda, sin saber qué hacer ante tanta efusividad.
"¡Espera, espera!" pidió Vivian apresuradamente. "¡Quédate un poco conmigo! ¡Eres la persona más guay que conozco!" dijo con un brillo inocente y sincero en los ojos.
"Su-supongo que puedo quedarme unos minutos más…" aceptó Ashley, resignada pero con un atisbo de ternura, sabiendo que escapar de aquella situación sería imposible.
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Al-Amphoras, campamento militar.
Ryan y Nathalie estaban interrogando a Francisco, a quien habían llevado a la pequeña cárcel de la base. El zodiaco permanecía sentado en un banco metálico, con unas pesadas esposas anti-magia que impedían cualquier intento de fuga.
"¡No pienso decir nada! ¡El señor Draco conseguirá la victoria aunque me matéis!" relinchaba con efusividad el hombre-bestia.
"Colega," dijo Nathalie mientras abría una lata de cerveza con total calma. "No vamos a matarte, no somos ese tipo de personas."
"En efecto," añadió Ryan. "Ayer ya te di una paliza, así que no necesitamos más violencia para demostrar quién está por encima de quién. Lo único que queremos es que hables y respondas a nuestras preguntas."
"¡Que no!" volvió a relinchar Francisco. "¡Esto no os va a durar mucho! ¡Cuando activen el animalia, este reino caerá y la gema será nuestra!"
"Sí, sí, te creemos y toda la cosa," murmuró la semi-demonia, acomodándose sobre una mesa mientras bebía un trago.
"Al menos dinos por qué decidiste atacar cuando estábamos en un alto al fuego temporal," insistió el hijo de la dragona.
"¡Que no quiero!" replicó él, girando la cabeza hacia otro lado de manera infantil.
Ryan suspiró y decidió cambiar de estrategia. "Yo esperaba… que uno de esos grandes y maravillosos zodiacos fueran como héroes. Que ayudaran a los más necesitados," comentó, fingiendo admiración para manipular el orgullo del rival.
"¡Pues claro! ¡Somos los mejores, ya lo viste!" respondió el caballo, hinchando pecho. "¡Solo me derrotaste porque me dio un apretón horrendo y bajé la guardia!"
"Entonces ayúdanos, gran zodiaco del caballo," sonrió Ryan, viendo que había caído en su juego. "¿Por qué atacasteis?"
"Bueno, está bien, te ayudaré, joven musculoso," cedió Francisco, totalmente sincero ahora. "Me enteré de que el conejo lunar nuevo había sido encontrado y pronto activarían el animalia, así que decidí atacar por mi cuenta para ahorrar trabajo a mis superiores y ver si rascaba algún aumento."
"Entiendo," dijo el hijo de la dragona. "Ese conejo lunar debe ser Ashley," dedujo en voz alta.
"Por cierto, colega," intervino Nathalie, frunciendo el ceño. "¿Qué pelotas es eso del animalia?"
"Ah, eso es…" comenzó Francisco, revelando finalmente el secreto del arma que los hombres-bestia guardaban con tanto recelo.
Cuando terminó la explicación, ambos dieron un brinco, tensos como cuerdas.
"No me jodas… que tienen eso de su lado," murmuró Ryan, incrédulo.
"Buscaré a Kanu y a Futao. Esta información es importante," dijo Nathalie, dejando la lata vacía sobre la mesa antes de salir con paso urgente de la celda.
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Parque de Sylvapura.
Tras un pequeño paseo por el entorno, Ashley se sentó en un banco junto a la pequeña admiradora que había aparecido de forma tan inesperada.
"Entonces ayer viste mi combate en directo y sentiste que era la mejor persona que viste en tu vida, ¿no?" preguntó, resumiendo todo lo que la niña le había contado minutos antes.
"¡Sí!" respondió Vivian con una sonrisa radiante. "Es que... mis compañeros de clase siempre se ríen de mí porque mi especie es un conejo. Aunque tenemos representación entre los cuatro sagrados, todos dicen que somos los más débiles. Entonces... ellos siempre me han llamado como Vivi la debilucha o la coneja fatigada."
"Oh..." suspiró Ashley con suavidad, notando cómo el corazón se le encogía. "Las personas pueden ser muy crueles, pero eso no significa que tengan razón con lo que dicen."
"Supongo..." murmuró la pequeña, bajando la mirada. "Pero al final, las niñas como yo siempre somos el objetivo fácil de las burlas... No solo por ser conejo, también por lo que pasó con mi padre."
"¿Con tu padre?" preguntó nuestra protagonista, inclinándose un poco hacia ella.
"Sí... Mi papá tuvo que cerrar su negocio porque no teníamos suficiente dinerito, y me dijo que por eso tenía que meterse a la milicia para que pudiéramos comer bien." explicó Vivian con esa ternura frágil que solo un niño dolido puede tener. "Pero papá nunca volvió de la guerra contra los del cristal en la cabeza... Un compañero suyo nos trajo sus cosas y dijo que él... murió."
Ashley se quedó en silencio. No había palabras que pudieran aliviar una herida así. Así que simplemente pasó su mano por la espalda de la niña, ofreciéndole ese gesto cálido que dice más que cualquier frase.
"Lo siento mucho..." murmuró sinceramente.
"No pasa nada..." respondió Vivian, limpiándose las lágrimas de forma torpe. "Mi papá era el mejor, y siempre me decía que si alguna vez tenía problemas, el conejo lunar vendría a salvarme. Y justo cuando el otro día recé a los cuatro sagrados para conocerte, ¡pum! Apareciste en el coliseo, y además resultaste ser una chica guapa, fuerte y radiante... ¡Eres todo lo que quiero ser de mayor!"
"Yo..." dijo temblorosa y sin saber cómo sostener semejante carga emocional.
"Por favor Ashley, sálvanos en esta guerra y sé la mejor conejo lunar de todas para poder presumir de ti en el cole." rogó la pequeña.
"Lo... Lo intentaré..." respondió, aunque la duda le atenazaba la garganta.
De pronto, el sonido de una bolsa de alimentos cayendo al suelo atrajo su atención. Ambas alzaron la mirada hacia una mujer conejo que se había detenido de golpe, paralizada, con los ojos muy abiertos.
"¿Qué le pasa?" preguntó nuestra protagonista, desconcertada al ver su expresión.
"A-Ashley..." balbuceó la mujer, con lágrimas acumulándose en sus ojos. "¿E-Eres tú?"
"¿Quién es?" susurró Vivian, girándose hacia ella.
"¿Ma... Mamá?" dijo Ashley, con la voz rota.
Continuará...
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