lunes, 8 de diciembre de 2025

Ch. 276 - Marco vs Ashley

Por fin, Marco y Ashley se encontraban frente a frente. Después de todo lo vivido, él había imaginado aquel reencuentro de mil formas… pero jamás así. La tensión entre ambos era tan densa que parecía cortar el aire. Con un desacuerdo ideológico alimentado por sus propias experiencias, ambos comprendieron que ya no quedaban palabras capaces de resolver aquello.

Solo el combate decidiría quién estaba en lo correcto.

Sin dudar un solo instante, Ashley se lanzó hacia adelante a toda velocidad. Su figura zigzagueó entre los pilares de roca que habían sobrevivido al enfrentamiento anterior, dejando a su paso nubes de polvo y ecos secos de sus pisadas. En un parpadeo, ya estaba frente a él, preparando un puñetazo.

Marco reaccionó de inmediato. Dio un salto enorme hacia atrás, esquivando el golpe, pero el suelo bajo sus pies estalló en pedazos al recibir el impacto de la potenciadora. Varios fragmentos de roca salieron disparados con él hacia arriba, como si fueran proyectiles ascendentes forzándole a moverse sin tregua.

Aprovechando la inercia, el emperador saltó de un fragmento a una columna pétrea, y de allí a otra, encadenando movimientos con una agilidad casi felina. Tomó altura con un último impulso y, en pleno aire, extendió los brazos. Una gigantesca esfera de fuego surgió de sus manos, iluminando el campo con un destello brutal antes de lanzarse contra su oponente.

Las llamas envolvieron a la potenciadora por completo… pero solo durante un instante. Con un estallido seco, Ashley salió disparada de entre el fuego, envuelta en un humo tenue y con un ligero olor a quemado que impregnaba el aire. Sus botas derraparon sobre la tierra mientras aterrizaba, agachándose para ganar impulso.

De un solo salto, la potencioadora apareció justo frente a Marco. Su rodilla se elevó con una precisión quirúrgica y, en un instante, le asestó una patada que impactó directamente en el costado de nuestro protagonista, lanzándolo como un proyectil a través del campo. Su cuerpo atravesó varios pilares pétreos que estallaban a su paso, hasta que finalmente se estampó contra una enorme roca que detuvo su trayectoria con un estruendo sordo.

"Siempre te he admirado como el líder que eres… y siempre he querido volverme más y más fuerte para ser digna de correr a tu lado." dijo Ashley con la mirada fija en el punto donde su compañero había caído. Su voz sonaba temblorosa, dolida. "Pero… incluso la persona más digna comete errores. Y todavía estás a tiempo de solucionarlo."

No tuvo tiempo de decir nada más. Se percató en ese instante, que a su alrededor flotaban pequeñas ascuas del ataque anterior de Marco, suspendidas como estrellas rojas en un cielo estático.

Él chasqueó los dedos y una llamarada colosal brotó de ellas, envolviendo a la potenciadora en un estallido que la lanzó por los aires. Sus brazos acabaron magullados, su espalda colisionó brutalmente contra un pilar que se quebró y le ayudó a amortiguar ligeramente la caída.

"Lo mismo va por ti." dijo Marco, incorporándose lentamente, mientras la sangre que escapaba de la comisura de sus labios goteaba sobre la tierra, manchándola de rojo. "No creo que estés equivocada, pero siento que hay algo dentro de tu corazón que te está forzando a tomar esta decisión. Ash… activar el Animalia es una mala idea."

"Como siempre, ¿no?" respondió ella con una sonrisa rota, limpiándose la sangre de la nariz con el dorso de la mano. "Para ti, todo lo que yo haga por mi cuenta parece una mala decisión. Pero cuando se trata de Keipi, da igual lo que haga, da igual cuántos errores cometa, cuántas veces esté a punto de morir… nunca le dices nada. A él siempre lo justificas, siempre lo perdonas… porque al final, él es el único amigo que te importa de verdad."

"Ashley, eso no es así…" dijo él, tragando saliva, incómodo, herido por sus palabras.

"¡Él pudo quedarse entrenando más tiempo, pudo meter la pata cien veces… y tú nunca se lo reprochaste!" gritó, mientras la energía mágica empezaba a brotar de su cuerpo como vapor ardiente. Sus ojos temblaban entre el dolor y la rabia. "¡En cambio yo, a la primera que tomo una decisión por mí misma, te pones en mi contra! ¡Solo quiero vivir mi vida, Marco! ¡Quiero hacer felices a mis padres sea como sea! ¡SÓLO APÁRTATE Y DÉJAME ESCOGER MI CAMINO!"

Antes de que él pudiera responder, la potenciadora ya había cargado hacia él como un rayo, con la pierna alzada lista para destrozarlo. Marco apretó los dientes, encendió su puño en un torbellino de fuego y también se lanzó hacia ella.

Los dos chocaron.

El impacto generó una explosión sónica tan poderosa que el suelo tembló. Varios pilares se partieron en dos, otros se derrumbaron por completo, y ambos combatientes fueron obligados a retroceder varios pasos, arrastrados por la onda expansiva mientras el polvo se elevaba a su alrededor como el humo de un volcán.

Marco no sabía qué decir, sentía que su carga estaba repleta de dolor, de palabras no pronunciadas y de un pasado que desconocía y que parecía haber vuelto a atormentar su mente. Quería ayudarla como un buen amigo, pero… no le salían las palabras.

Lanzándose sin pensar dos veces, Ashley le arrea un cabezazo que lo hace retroceder varios metros. El impacto le despejó la mente de golpe: entendió que, en ese estado, solo podía alcanzarla a través del combate, que sus puños eran el único puente posible hacia ella. Si lograba vencerla, quizá entonces le permitiría llegar a su corazón. Así que apretó los dientes… y se centró por completo en ganar.

Nuestro protagonista frena en seco, adopta una postura de combate y hace estallar una llamarada bajo sus pies que lo catapulta hacia adelante con una violencia explosiva. El suelo tiembla cuando se impulsa en diagonal, esquivando por un suspiro el siguiente puñetazo de la potenciadora, cuyo impacto hace añicos el pavimento.

Marco rebota en un pilar pétreo y gira sobre sí mismo envuelto en un torbellino de fuego, descargando una ardiente patada descendente. Pero ella la bloquea con el antebrazo, firme e inamovible, como si su cuerpo se hubiera vuelto acero lleno de furia contenida.

Los dos retrocedieron, y nuestro protagonista abrió la boca y lanzó una esfera de fuego que rugió hacia adelante. Ashley, ágil como un relámpago, saltó de pilar en pilar esquivándola, dejando estelas de polvo tras cada pisada. 

Alzándose desde la última columna, lanzó una patada directa al rostro de Marco, pero él descendió en picado apagando las llamas de sus pies, dejando que el ataque cortara el aire por encima de su cabeza.

Mientras caía, acumuló calor en sus manos y disparó una gigantesca esfera ígnea hacia la potenciadora. La explosión envolvió la zona en un mar de fuego, pero ella emergió de entre las llamas y aterrizó en lo alto de un pilar cercano, jadeante pero firme. 

El emperador encendió sus puños, preparado para convocar su clásico ataque del fénix y terminar con el combate de una vez por todas. Sin embargo, al mirarla directamente… vio lágrimas resbalando por sus mejillas.

"¡MARCO!" rugió ella, lanzándose hacia él con furia devastadora.

Él se quedó paralizado. Había creído que, si ganaba, podría dejar clara su postura, hacerle entender que no eran enemigos. Pero… ¿de verdad funcionaría? ¿No la estaba rompiendo más aún con cada golpe intercambiado? La duda, fría como una flecha, se clavó en su corazón.

Y en ese instante, él apagó sus llamas. Se dejó caer de rodillas, vulnerable, dispuesto a recibir el ataque de Ashley. Ella descendió con ambas piernas, golpeando el terreno con tal fuerza que levantó una nube de polvo que engulló a ambos.

"Vaya, vaya," dijo una voz familiar desde dentro de la polvareda.

Cuando Marco abrió los ojos, vio cómo Keipi bloqueaba la embestida de Ashley con Priscilla, su espada.

"Kei…" murmuró nuestro protagonista, atónito.

"Me voy unos días y os tengo ya peleando entre vosotros, jajajaja," comentó el monje sonriendo despreocupadamente, como si la situación no fuera crítica.

"Kei…" dijo Ashley, retrocediendo de inmediato y ganando distancia.

"¿Cómo has llegado tan rápido?" preguntó Marco, aún sin creérselo.

"Llegué al palacio y me contaron lo sucedido. La princesa se ofreció a desplazarme con su magia de vectores y… bueno, en quince minutos llegué aquí," explicó, sacudiéndose la ropa. "Aunque casi echo la pota por la velocidad del viajecito, jajajaja."

En ese momento, Kaito emergió del suelo con un rugido suave. Tomó a nuestro protagonista y a Keipi sobre su lomo y comenzó a elevarse.

"¿Os vais?" preguntó Ashley, sin ocultar la sorpresa.

"Es absurdo perder más tiempo aquí. Y tú ya has tomado tu decisión, ¿no?" sonrió el espadachín. "Entonces sigue tus ideales y lucha por ellos. Pero si esos ideales se cruzan en mi camino… tendré que derrotarte, por mucho que me duela."

"Está bien. Nos veremos en el campo de batalla, Keichiro," respondió Ashley, dándose la vuelta y regresando hacia la torre mientras Kaito se elevaba en el aire.

"¡Kei!" dijo Marco, herido y frustrado. "¡Regresa, van a activar el Animalia!"

"Ya da igual. Tú y o solos no podemos plantar cara ahora a gente del nivel de los apóstoles, y menos contigo en ese estado," replicó Keipi con seriedad. "Que lo activen si quieren. Nosotros… lo detendremos. Es lo que siempre hacemos, ¿no?"

"S-Sí…" murmuró Marco, dejando caer la cabeza mientras ascendían hacia el cielo.

Se hizo un silencio incómodo mientras Kaito seguía ascendiendo. El viento silbaba entre los tres, pero lo que más pesaba era la incertidumbre. Al final, incapaz de soportarlo más, Marco fue quien rompió ese bloqueo.

"¿Crees… que hice bien viniendo aquí para intentar hablar con ella?"

Keipi soltó una risa suave, cargada de sinceridad.

"Tengo entendido que eres muy impulsivo cuando algunos de tus amigos nos metemos en situaciones críticas, jajajaja." Su tono despreocupado contrastaba con la tensión del momento. "Pero en cosas así… nadie sabe qué es lo correcto y qué no. Aunque estéis en bandos distintos, los dos queréis detener la guerra de un modo u otro. Así que… deja que todo fluya. Que el destino decida. Al final… ella no ha renunciado a ser tu paladín."

Marco bajó la mirada. La sonrisa que apareció después fue pequeña, pero auténtica. "Es cierto…"

"Bien. Entonces volvamos al palacio," dijo el monje, con un tono diferente, más emocionado. "Hay algo que debes saber sobre Pythiria… y sobre Sherezade y Faralalan."

"¿Sobre ellas?" preguntó Marco, sorprendido por el repentino cambio de tono.

Continuará…

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