Unos momentos antes de la activación del animalia, nos encontramos en el palacio de Al-Amphoras, donde todos nuestros protagonistas estaban reunidos.
En aquel preciso instante, Priscilla terminó de narrar todo lo que había descifrado en los templos. El silencio cayó sobre la sala como una pesada manta. Sus compañeros seguían mirándola con la boca abierta.
"¿Q-Qué cojones?" exclamó Ryan, completamente incrédulo. "Habéis dicho tantas cosas a la vez y soltado tanta información que mi cerebro se ha saturado."
"Seguramente tu cerebro lo hizo tras la primera frase, jajaja." sonrió Gretel con tono burlón, ganándose una mala mirada del chico.
"O sea..." dijo Cecily llevándose la mano a la frente mientras intentaba ordenar todo. "En un mundo anterior a este, Pythiria y Yumeith tuvieron un enfrentamiento eterno que acabó destruyendo lo que se llamaba planeta Tierra. Ella decidió sellarle usando su propio cuerpo para dar vida a este mundo… y le encerró en el núcleo."
"Exacto. Y separó su cuerpo de su poder." añadió Nicole con más calma. "Ese poder lo acabó sellando dentro de la gema infinita que yace en Luore."
"Y para protegerlo creó una raza entera que fuera incapaz de abandonar el país, para asegurarse de que así, nadie pudiera acercarse a la gema." explicó Lily. "Y además, usó el alma de sus dos mejores amigas del mundo anterior para que actuaran como sus princesas infinitas, atrapándolas en un bucle eterno en el que siempre existirían una Phara y una Zade."
"¿Entonces… Faralalan y yo fuimos amigas en vidas pasadas?" preguntó la princesa, mirando a la pequeña con una mezcla de sorpresa y timidez.
"Suena difícil de creer..." comentó Fara anonadada.
"Pero esa es la verdad. Y la respuesta a todas las preguntas que os faltaban." comentó Shouri, apagando el cigarro con un suspiro. "Nuestros compañeros se dejaron la piel descifrando esos templos. No creo que nada de lo que encontraron sea falso. Y… conociendo la naturaleza tan extraña de este planeta, no me sorprendería que ella siga protegiéndonos del verdadero Yumeith."
"Además, todo lo que ha contado Priscilla encaja con lo que nos faltaba por entender." dijo Kanu. "Es muy probable que los jeroglíficos contuvieran lo mismo que aquellos textos que fueron quemados hace años."
"Coincido." añadió Najaf, ajustándose las gafas con nerviosismo. "Solo una presencia tan antigua y longeva como el propio planeta podría explicar fenómenos tan absurdos como la aparición de princesas idénticas generación tras generación."
"Y tiene todo el sentido." intervino Sherezade. "Quizá, porque fuimos amigas en nuestro mundo anterior… nos permitió seguir siendo humanas."
"¿Por qué pensáis eso, majestad?" preguntó Yelena, desconcertada.
"Porque lo siento aquí." respondió la princesa, llevándose una mano al pecho. "Creo que lo hizo para asegurarse de que sobreviviéramos si algún día ocurría lo peor… si la gema infinita llegaba a romperse. Como un último regalo por ayudarla durante siglos en este papel."
"Aunque seguramente eso pondría fin a vuestro ciclo." añadió Priscilla con voz grave. "Si los Ballure desaparecen, vuestra función como guardianas también terminaría… y esta sería vuestra última vida."
"Es una teoría que encaja a la perfección." murmuró Shouri.
"Tsk… da igual." gruñó Sergiv, poniéndose de pie con brusquedad. "Lo importante es que no permitamos que la gema se destruya. Ella sigue escondida donde debe estar. Solo la princesa y los awsiyas conocemos esa ubicación."
"Sí. Tenemos que impedir que los hombres-bestia la encuentren, cueste lo que cueste." afirmó Marco con firmeza.
Y en ese momento, el mundo se quebró.
"¿Cómo?" susurró Cecily, paralizada.
"¿Qué está pasando?" dijo Faralalan, dando un paso atrás con auténtico temor.
"¡Lo han activado!" gritó Rachid, con los ojos muy abiertos. "¡Esos cabrones ya han activado el Animalia!"
"¿YA?" se sobresaltó Marco, sintiendo un nudo helado en el estómago.
"Eso significa que vienen hacia aquí." comentó Najaf, ajustándose las gafas con manos temblorosas.
El salón estalló.
Todos comenzaron a hablar a la vez: órdenes atropelladas, respiraciones agitadas, el temblor de armas al desenvainarse, el sonido de pasos apresurados. Algunos de los soldados corrían hacia las ventanas intentando entender la magnitud del fenómeno; otros buscaban mapas, gritando datos tácticos entre sí. Las sirvientas miraban al cielo con puro horror, mientras un murmullo creciente se convertía en una ola de pánico contenida.
"Kei..." dijo Priscilla, encogiéndose hasta volver a su forma de polluelo. "Ten cuidado."
"Sí." respondió él, con serenidad.
"¡CALMA!" rugió Sherezade, alzando la voz con una autoridad que rompió el caos en seco. "¡SERGIV, DA LA ALARMA Y ORDENA A TODOS LOS CIUDADANOS QUE SE RESGUARDEN EN EL PALACIO! ¡NAJAF, AVISA A LAS TROPAS DEL NORTE! ¡HAZ QUE REGRESEN YA MISMO!"
Su mirada se volvió hacia el grupo del emperador, cargada de urgencia.
"¡MARCO, SHOURI, TODOS VOSOTROS… POR FAVOR, AYUDADNOS!"
"Sí." respondió nuestro protagonista sin dudar.
"Cuenta con nosotros." sonrió la leyenda, tensando sus nudillos.
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Al norte de Al-Amphoras, a apenas unos metros de la frontera, se extendía el inmenso lago de Al-Hassam. Sobre sus aguas cristalinas apareció, desgarrando el horizonte, el gigantesco Animalia flotando en el aire, envuelto por la luz lunar como si la propia noche lo coronara.
Para entonces, el grupo de Gartana que custodiaba la frontera ya había regresado y se desplegaba alrededor del palacio real, protegiendo a todos los ciudadanos allí reunidos en su interior: Judas y sus dos nietos, Faralalan, y también Ella, que aguardaba junto a Theo, Lily y Gretel.
Najaf y Sergiv serían los encargados de defender el interior del palacio de cualquier intruso. Shouri, Kanu, Futao, Rachid y Yelena se unirían a las tropas de Al-Amphoras para contener al enemigo en tierra firme.
"¿Entonces, sabes cómo destruir esa cosa?" preguntó Marco, clavando la mirada en la colosal estructura flotante.
"Sí." respondió Sherezade con un asentimiento firme. "He estudiado durante años a los países vecinos y sus rituales. El origen del Animalia está ligado a quienes le ofrecieron sangre. Mientras los cuatro Sagrados sigan con conscientes, la noche eterna permanecerá activa. Pero si son derrotados… el Animalia se desmoronará y será destruido completamente, devolviéndonos la radiante luz del sol."
"Entiendo." dijo nuestro protagonista, apretando los puños. "Pero, ¿Estás segura de que quieres venir con nosotros?"
"Va a ser duro." añadió Ryan.
"Y estará lleno de enemigos." comentó Keipi.
"Lo sé." respondió ella, sin apartar la vista del castillo flotante. "Pero soy la princesa. Es mi deber ayudar en este conflicto bélico. Además… mi magia de vectores es la única forma de llevaros allí a todos a la vez y de manera segura."
"Yo estaré a su lado." aseguró Nicole, avanzando un paso. "Puedo volar a gran velocidad con mis alas. Si Sherezade cae, la sostendré. Y si resulta herida, la sanaré."
"Es cierto, nosotros podemos protegerla." dijo Nathalie, decidida.
"Está bien." dijo Marco con un leve suspiro, aceptando la decisión del grupo. "Entonces iremos juntos."
"¿Qué es eso?" preguntó Cecily, rompiendo el silencio mientras señalaba una luz naranja gigantesca que se acercaba desde el Animalia.
Al principio parecía una llamarada, pero a medida que se acercaba quedó clara su forma: un ave colosal de colores ígneos, un fénix lunar. Era Shimuna, una de los cuatro Sagrados, en su aspecto animal completo.
Sobre su lomo viajaban Mirilik, el buey; Nicola, el perro; y Francisco, el caballo. Tras ellos, más de un centenar de hombres-bestia armados preparados para la batalla.
"¡AL ATAQUE!" rugió Shimuna.
Al instante, todos sus camaradas saltaron desde sus plumas, cayendo sobre Al-Amphoras con una precisión impecable.
Al tocar tierra, los miembros del Zodiaco se dispersaron. Mirilik y Nicola se alejaron en direcciones opuestas, mientras que Francisco irrumpió en un edificio cercano y desató su nigromancia: cientos de cadáveres se levantaron para unirse a su ejército.
"¡A DESTRUIR A ESTOS IDIOTAS!" bramó Shimuna, lanzando una llamarada desde su pico que arrasó varios edificios en un solo soplo.
Los invasores avanzaron hacia la barricada formada por los soldados ballure que protegían el palacio real. Shouri dio un paso al frente, encendió un cigarro y golpeó el suelo con el talón. Dos enormes gólems emergieron de la tierra, rugiendo como bestias.
"Si no queda otra… ¡que empiece la guerra!" exclamó, expulsando una nube de humo.
Continuará…
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