jueves, 18 de diciembre de 2025

Ch. 283 - Futao vs Nicola, el perro

Tras un gélido enfrentamiento, Kanu logró derrotar a Mirilik, el buey. Mientras el eco del hielo resquebrajándose aún resonaba por Al-Amphoras, el foco de la batalla se desplazó hacia el frente oeste.

Allí, Nicola había liberado una densa niebla gracias a su magia de duplicación y a la pipa que sostenía entre los labios. El humo se expandía como un ente vivo, reptando por el suelo y trepando entre los edificios, inundando toda la zona y anulando casi por completo la visibilidad. Para el discípulo de Shouri y los guerreros ballure allí presentes, el mundo se redujo a sombras difusas y siluetas distorsionadas.

"Tsk… Estas nieblas siempre me traen malos recuerdos." pensó el lancero de fuego, apretando la lanza mientras el olor a tabaco se mezclaba con el del campo de batalla.

Sin quererlo, su mente se hundió en el pasado.

Futao tuvo la desgracia de nacer en un país gobernado exclusivamente por mujeres. En aquella nación, los hombres no tenían lugar. Para preservar su realidad, las mujeres se reproducían mediante fecundación artificial cuando decidían ser madres y criaban únicamente a sus hijas. Los niños varones, en cambio, eran expulsados nada más nacer y arrojados al desierto que rodeaba aquel país.

El lancero nunca conoció a la persona que lo trajo al mundo.

Su primer recuerdo era el de una pequeña aldea de edificios de barro, levantada en mitad del desierto, siempre cubierta por una neblina arenosa que jamás se disipaba. Aquel lugar estaba habitado únicamente por hombres: los hijos rechazados de la nación de mujeres.

La tribu se organizaba con crudeza, pero también con propósito.

Los más sabios se encargaban de enseñar a los niños a leer, a contar y a valerse por sí mismos. Los más fuertes, en cambio, rescataban a los recién nacidos abandonados en el desierto, cazaban bestias para alimentarse, buscaban agua y entrenaban a los pequeños con talento en el uso de armas y el control de la magia.

Desde muy joven, Futao mostró una afinidad especial con la lanza.

Su maestro lo notó enseguida y, además de pulir su técnica, le enseñó a dar forma a su fuego, moldeándolo como figuras fantasmales. De ese modo, le resultaría más sencillo proyectarlo, controlarlo… y sobrevivir en un mundo que nunca tuvo piedad con él.

Con el paso del tiempo, Futao se convirtió en una de las jóvenes promesas de la aldea, hasta llegar a ser reconocido como el protector de las nuevas generaciones. Su lanza y su fuego no solo defendían el asentamiento, sino que simbolizaban la esperanza de quienes habían nacido condenados al exilio.

Cuando Shouri pasó por la aldea en busca de información, fue el único que se atrevió a plantarle cara. Convencido de que su fuerza era superior, la retó a un combate sin dudarlo. La derrota fue aplastante.

La leyenda de las rocas no necesitó ni una fracción de su verdadero poder; el pequeño lancero cayó sin que ella llegara siquiera a emplear un cinco por ciento de su fuerza. Aún así, lejos de humillarlo, aquella derrota le abrió los ojos.

Cegado —no por la vergüenza, sino por la magnitud de su poder—, Futao le rogó que lo aceptara como alumno.

Shouri se negó al principio.

No tenía intención de quedarse en aquella aldea, ni le apetecía cargar con un discípulo. Sin embargo, tras insistir, accedió con una condición clara: si quería aprender de ella, tendría que abandonar la aldea y viajar a su lado.

La propuesta le dolió. Dejar atrás a su gente, a los niños que protegía y al único hogar que había conocido no fue fácil. Pero Futao aceptó, por consejo de sus amigos y maestros.

Y así, por primera vez en su vida, dejó atrás aquella niebla arenosa que lo había visto crecer.

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Presente.

Frente al lancero, una sombra emergió de la nada. Era Nicola, el perro. Sin perder un segundo, tomó una espada de uno de sus camaradas hombres-bestia y arremetió contra él. Futao bloqueó el ataque con su lanza y retrocedió un par de pasos; enseguida, ambos comenzaron a chocar sus armas dentro de la densa neblina de tabaco, donde cada destello de metal era seguido por el eco seco del impacto.

El joven saltó hacia atrás para esquivar un tajo bajo del cánido, aterrizó deslizándose sobre la arena y, sin dar tregua, canalizó su magia. Desde la punta de la lanza surgió un poderoso fantasma de fuego que se lanzó directo hacia su enemigo.

Nicola reaccionó al instante. Apretó la empuñadura y, usando su magia de duplicación, creó una segunda espada en su mano libre. Con un movimiento preciso, cruzó ambos filos y partió el espíritu ígneo en dos, disipándolo antes de que pudiera alcanzarlo.

"¡No subestimes a un detective!" exclamó, lanzando una de las espadas al aire para que cayera sobre el discípulo de Shouri. En pleno vuelo, la hoja se duplicó una y otra vez, formando una lluvia mortal de filos descendentes.

Futao adelantó la lanza y la hizo girar a toda velocidad, creando un muro defensivo que desvió las espadas en todas direcciones, haciendo que se clavaran en la arena y se perdieran entre la niebla.

De pronto, Nicola apareció a la espalda del discípulo de Shouri, emergiendo del humo como una sombra viva. Sin darle tiempo a reaccionar, apoyó ambas palmas contra su espalda y descargó un golpe potenciado que lo lanzó por los aires.

El cuerpo del lancero cruzó el campo de batalla hasta estrellarse con violencia contra la pared del ayuntamiento de la ciudad, arrancando polvo y escombros del impacto.

"¡Futao! ¿Estás bien?" gritó uno de los Ballure al verlo colisionar.

"¡¿Necesitas ayuda?!" añadió otro, alarmado.

Futao permaneció unos segundos apoyado contra el muro, con la frente ensangrentada. Luego soltó una carcajada baja mientras se incorporaba, limpiándose la sangre con el dorso de la mano.

"Joder…" murmuró con una sonrisa torcida. "Creo que me he puesto melancólico."

Al alzar la vista, vio a los Ballure que se preocupaban por él. En sus rostros le pareció ver, por unos segundos, a sus antiguos compañeros de aldea, a aquellos que habían confiado en él día tras día durante su infancia.

"Y ahora…" añadió, apretando la lanza con fuerza. "No puedo perder."

El joven recubrió su arma de fuego, la agitó con elegancia trazando movimientos precisos y, acto seguido, cargó contra su rival. Desde la punta de la lanza disparó varios fantasmas ígneos que surcaron el aire en dirección a Nicola.

El Zodiaco tomó dos espadas del suelo —restos de su ataque anterior— y las blandió con destreza, cortando uno tras otro los espíritus ígneos antes de que lo alcanzaran.

"¿Qué? ¡¿Aún te queda energía tras ese golpe?!" exclamó Nicola, sonriendo con orgullo mientras rebanaba el último fantasma.

"¡Pues claro!" respondió Futao, chocando el filo de su lanza contra la espada del hombre-bestia con un estruendo metálico. "¡Esta niebla y los ánimos de mis compañeros me han recordado quién fui y quién debo ser! ¡Soy el más fuerte de mi aldea y no pienso caer ante alguien como tú!"

"¡Já! ¡No tienes ninguna oportunidad!" replicó Nicola con desdén.

"¿No?" sonrió el lancero. "¡Entonces mira a tu alrededor!"

El perro se quedó paralizado al comprobar que los fantasmas de fuego que había cortado no se habían disipado. Seguían flotando en el aire, girando lentamente a su alrededor.

"¿No… no se han ido?" murmuró, sorprendido.

"¡Espabila!" gritó Futao, propinándole una patada ascendente en el mentón que lo elevó varios metros en el aire. "¡Fire, fire… BOO-BOOM!"

El fuego se condensó alrededor de Nicola, formando un intenso fantasma de fuego rojo que explotó en pleno cielo. El hombre-bestia salió despedido, cayendo al suelo y rodando hasta quedar completamente inconsciente.

La niebla comenzó a disiparse. Los Ballure contemplaron la escena con sonrisas de alivio y admiración, observando la espalda de Futao mientras se erguía con firmeza, irradiando un espíritu claramente victorioso.

"No podrás con mi gente, chucho." dijo, sin girarse, con una sonrisa confiada.

Batalla en la zona oeste.

Futao vs Nicola, el perro.

Ganador: Futao.

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Interior del palacio.

Faralalan seguía preocupada por no ser capaz de encontrar con su vista a Ella entre la multitud reunida, y es que, desde el momento que la conoció no ha sentido buenas vibras de su presencia, como si estuviera ocultando algo.

"¿Te pasa algo?" le preguntó Theo al percatarse de la cara que tenía la pequeña.

"¿Eh?" se sorprendió ella.

"Fara, llevas un rato callada y ahora en tu rostro hay miedo dibujado... ¿Qué ocurre?" decía Lily comprensiva, intentando ayudar a la joven.

"Es una tontería..." dijo en voz baja.

"No es una tontería si te está molestando, mujer." le comentó Gretel.

Ella suspiró, entendió que los tres tenían razón.

"Tengo una mala sensación con Ella...  Antes la vi hablar con mi abuelo y ahora no la veo por ninguna parte... Y siento, que ella... no es una Ballure de verdad." comentó Faralalan con sinceridad.

"¿En serio?" se sorprendió Lily. "Si parece un amor de chica, hasta nos regaló unos refrescos el otro día."

"¿Puede que sean imaginaciones tuyas?" preguntó Theo intentando calmarla, ya que tampoco cree que Ella sea una mala persona.

"Sabía que no me creeríais..." murmuró decepcionada.

De pronto, como un susurro unas palabras llegaron al oído de Gretel, siendo el único capaz de escucharlo.

"La niña tiene razón, la gema corre peligro con esa mujer." dijo Hansel.

El gemelo se giró de golpe buscando a su hermano, pero él no estaba en ninguna parte.

"¿Qué pasó?" preguntó Theo sorprendido al ver a su amigo actuar tan raro.

"Faralalan... tiene razón." dijo él.

"¿Cómo?" dijeron Lily y el portador a la vez.

"¿En serio?" sonrió la pequeña.

"Sí..." dijo creyendo en las palabras que escuchó de su hermano. "Mi ángel de la guarda, me dice que le crea." sonrió.

Continuará...

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