lunes, 22 de diciembre de 2025

Ch. 284 - Número V

Kanu y Futao lograron derrotar a sus respectivos enemigos en las distintas entradas al palacio. Sin embargo, mientras el exterior comenzaba a estabilizarse, en el interior las sospechas sobre Ella no hacían más que intensificarse.

El susurro lejano que Gretel había escuchado —una voz que reconocía como la de Hansel— terminó de inclinar la balanza. Decidió creer en las palabras de la pequeña Faralalan.

"Bueno…" murmuró Lily, pensativa. "Si Gretel lo dice con tanta seguridad, por algo será."

"Si tan solo pudiera ver el futuro como lo hacía Morgana…" comentó Theo con frustración, bajando la mirada. "Sabríamos exactamente qué está ocurriendo con Ella. Podríamos confirmar si realmente trama algo o no."

"No es culpa tuya que aún no domines las habilidades de una deidad." lo animó Lily, apoyándose en su hombro. "Eso lleva tiempo."

Gretel se giró hacia Faralalan. "Fara, ¿dónde crees que podría haber ido Ella?"

La pequeña frunció el ceño, pensativa.

"No tengo ni idea de cuáles pueden ser sus planes, pero…" dudó un instante antes de continuar. "Si de verdad es una espía de Sylvapura, lo lógico sería que intentara hacerse con la Gema Infinita, ¿no?"

"Eso tiene todo el sentido del mundo." asintió Theo.

"Pero entonces…" intervino Lily, inquieta. "¿Qué hacemos? Si resulta que de verdad es una espía y nos ataca, estamos jodidos. Ninguno de nosotros tiene magia ofensiva para plantarle cara."

"¿Y si pedimos ayuda a Judas?" propuso Gretel.

"No." respondió Faralalan con firmeza, negando con la cabeza. "Mi abuelo no debería involucrarse en esto. Ya no tiene edad para seguir luchando por su país… por eso está aquí, descansando, y no en el frente de batalla."

"Es comprensible." admitió Theo.

"Entonces…" Lily tragó saliva. "¿A quién le pedimos ayuda?"

En ese momento, Najaf se acercó al grupo al notar su evidente inquietud.

"Chicos, ¿pasa algo?" preguntó ajustándose las gafas.

Los cuatro se giraron al mismo tiempo para mirarla. Luego se miraron entre ellos… y, casi al unísono, esbozaron una sonrisa cargada de intención.

Najaf era la candidata perfecta.

"¿Q-Qué os pasa?" preguntó la Awsiya, desconcertada. "E-estáis sonriendo muy raro…"

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Frente norte del palacio.

El edificio en el que se ocultaba el Zodiaco del caballo había quedado reducido a escombros. Las paredes se habían desplomado y el suelo estaba resquebrajado, incapaz de soportar la fuerza que lo había atravesado.

Francisco yacía inconsciente a los pies de Shouri. La leyenda de las rocas apenas había necesitado esforzarse para derrotarlo. El combate había sido breve, desigual y definitivo.

A su alrededor, los cadáveres del falso nigromante comenzaron a desaparecer. Uno a uno, los cuerpos invocados se deshacían en polvo grisáceo que el viento nocturno arrastraba sin resistencia.

"Pe… perdóname la vida…" suplicó el caballo, apenas consciente, con la voz rota por el dolor.

Shouri lo observó en silencio durante unos segundos. Luego, con absoluta calma, sacó un cigarro y lo encendió. 

"No voy a matarte." respondió con frialdad. "Ya no hago esas cosas desde que me retiré del ejército imperial."

Dio la primera calada y exhaló lentamente el humo. Acto seguido, retiró el pie del cuerpo de su enemigo y alzó la mano. El suelo tembló.

La roca surgió de inmediato, envolviendo el cuerpo de Francisco en una prisión pétrea que lo inmovilizó por completo, dejando solo su cabeza al descubierto, atrapado dentro de la piedra como un insecto en ámbar.

Shouri alzó la mirada hacia el palacio. El viento agitó su cabello y ella se apartó un mechón con un gesto distraído, dejando que el humo del cigarrillo se dispersara en el aire.

"Debería ir…" murmuró entre dientes. "Tengo una mala sensación erizándome la piel."

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Interior del palacio.

Tras compartir sus sospechas con Najaf, esta no dudó en tomar una decisión. Asintió con seriedad y aceptó acompañarlos hasta el lugar donde descansaba la Gema Infinita. Mientras tanto, desde el segundo piso de la sala principal, Sergiv observaba al grupo alejarse en silencio entre la multitud, atento a cualquier anomalía, pues se encontraba de guardia supervisando el lugar.

El grupo avanzó hasta una enorme puerta de piedra reforzada y la abrieron con esfuerzo. Al otro lado, unas escaleras colosales descendían hacia la oscuridad del subsuelo, tragándose la luz a medida que se perdían en profundidad.

"Wow… qué oscuro." murmuró Lily al asomarse, viendo cómo las sombras devoraban el fondo de la escalera.

"Todo esto es necesario para proteger la Gema Infinita." explicó Najaf mientras comenzaba a bajar con paso firme, ajustándose las gafas. "Al final, nuestra vida como Ballure también depende de que la gema no sea destruida."

"Es cierto." añadió Theo, descendiendo flotando suavemente junto a Lily. "Cuando se trata de conservar tu propia vida, ninguna medida parece excesiva."

Gretel observó la escena con una mueca de fastidio, mirando primero a las escaleras y luego a sus compañeros.

"Qué morro…" refunfuñó. "Yo tampoco quiero bajar todos esos escalones a pie."

"No seas envidioso." le respondió la hada con una sonrisa tranquilizadora. "Te vendrá bien para las piernas. Es buen ejercicio."

Continuaron descendiendo envueltos en un silencio cada vez más pesado, roto solo por el eco de sus pasos y el roce de la piedra. La temperatura descendía poco a poco, y el aire se volvía más denso, casi solemne.

"De todos modos," comentó Najaf sin detenerse, "me parecería extraño que la chica que habéis mencionado pudiera llegar hasta la gema."

"¿Por qué?" preguntó Theo, girando ligeramente la cabeza hacia ella. "¿Crees que es inocente?"

"No." respondió Najaf con tranquilidad. "No tiene nada que ver con su culpabilidad." Hizo una pausa breve. "Simplemente es algo que… bueno, ahora lo entenderéis. Ver algo con vuestros propios ojos, os hará capaz de entenderlo."

Tras un par de minutos de descenso, los escalones desembocaron en una amplia antesala excavada en la roca viva. Frente a ellos se alzaba un portón monumental de diamante puro.

La superficie era lisa y translúcida, reflejando la luz como si contuviera estrellas atrapadas en su interior. Runas antiguas recorrían su contorno, grabadas con una precisión casi divina, y desprendían un leve resplandor que iluminaba la estancia con tonos azulados. En el centro del portón, una única ranura vertical rompía la perfección de la estructura, estrecha y profunda, como si estuviera diseñada para aceptar algo muy concreto… y solo eso.

El aire alrededor del portón vibraba con una presión invisible.

"E-Es inmenso…" murmuró Theo al contemplarlo con sus propios ojos.

"Por eso dudo que esa chavala haya podido llegar hasta el interior de la sala." comentó Najaf, ajustándose las gafas. "Este portón es inexpugnable. Es prácticamente imposible que una Ballure falsa o una mujer bestia pueda atravesarlo."

"Salvo que tenga algún tipo de magia que se lo permita." añadió Gretel.

"¿Cómo?" dijeron todos al unísono, girándose hacia él.

"No… es verdad." admitió Najaf tras unos segundos, frunciendo el ceño. "No había tenido en cuenta ese factor. En mi mente, ella seguía siendo una Ballure que usa magia de cristal… pero si no es así…" volvió a ajustarse las gafas, inquieta.

"Puede que ya esté dentro." murmuró Faralalan, con un nudo en el estómago.

"¡Entonces tenemos que abrir las puertas ya de ya!" exclamó Lily, alarmada. "¡Hay que impedir que se lleve la gema!"

"Sí." asintió la awsiya, observando con detenimiento la cerradura del portón.

"¿Cómo piensas abrirlas?" preguntó Theo.

"No hemos traído ninguna llave." añadió Gretel.

"No es necesario traer una." respondió Najaf con calma. "Los Awsiya somos los únicos capaces de recrearla mediante nuestra magia de cristal." Mientras hablaba, alzó su zafiro y, poco a poco, la forma de una llave comenzó a manifestarse, sólida y reluciente.

"¡Increíble…!" exclamó Faralalan. "¡Es la primera vez que veo algo así!"

"Un paso atrás, chicos." advirtió con seriedad. "La presión de viento al abrir el portón puede ser peligrosa."

Todos retrocedieron unos pasos. Sin perder tiempo, la Awsiya introdujo la llave en la cerradura. El mecanismo respondió al instante y el portón se abrió con un estruendo sordo, liberando una ráfaga de aire que sacudió la sala.

Al otro lado se reveló una estancia bañada por una luz radiante. Las paredes estaban decoradas con pinturas de acontecimientos históricos de Luore, ya desgastadas por el tiempo, y altas librerías repletas de tomos cubiertos de polvo rodeaban la sala. En el centro, sobre un pedestal de cristal, yacía la Gema Infinita, resplandeciente.

"¿E-Está ahí?" preguntó Lily, conteniendo la respiración.

"Sí." respondió Najaf, avanzando con cautela.

"Entonces… Ella no estaba dentro aún." comentó Gretel, aliviado.

"No lo estaba, pero ahora sí." resonó una voz a su espalda.

La figura de Ella emergió de la pared del pasillo, despegándose de la piedra como si hubiera formado parte de ella. Dio un salto ágil al recuperar su forma humana y aterrizó en el interior de la sala.

"¿Qué clase de magia es esa…?" susurró Faralalan, horrorizada.

La espía materializó entre sus dedos una carta del tarot: El Loco.

"Mi magia del tarot." sonrió con elocuencia. "Con la carta de El Loco puedo camuflarme con el entorno… y hacer que mis rivales crean que están perdiendo la cabeza al no encontrar ni el más mínimo rastro de servidora."

"Como pensaba, no usa magia de cristal." afirmó Najaf con firmeza. "Así que no es una Ballure."

La Awsiya se colocó inmediatamente delante del grupo, protegiéndolos mientras ajustaba sus gafas, sin apartar la mirada de la intrusa.

"En efecto. Y, sintiéndolo mucho, no soy una de vosotros." comentó mientras se quitaba el cristal de su frente, revelando que era completamente humana. "Y me temo que Ella tampoco es mi verdadero nombre."

"¿Qué?" exclamó Theo, atónito. "¡¿Acaso todo ha sido una mentira?! ¡¿Fingiste ser amiga de Cecily para acercarte a nosotros?!"

"Así es." sonrió, llevando una mano al cuello con una calma calculada. "¡TOTTENGRÄBER DEL GOBIERNO IMPERIAL, NÚMERO V! ¡STRACIATELLA, A TU SERVICIO!" exclamó mientras se despellejaba una pegatina del color de su piel, dejando al descubierto el tatuaje de su número marcado en el cuello.

"¿Straciatella…?" murmuró Gretel, sorprendido.

"¿Del Gobierno Imperial?" añadió Theo, boquiabierto.

"Ese tatuaje del cuello…" susurró Lily, observándolo con atención. "¿De qué me suena…?"

"¡Atrás!" ordenó Najaf, extendiendo el brazo frente al grupo, consciente de que ninguno poseía habilidades ofensivas.

"¡Cuidado, Naj!" gritó Faralalan, temblando del miedo.

"Como Awsiya, me encargaré de detenerte." afirmó la guardiana con determinación, sin apartar la mirada de su enemiga.

"Bueno, bueno…" sonrió Straciatella mientras sacaba un abanico de cartas del tarot, sujetando varias entre sus dedos. "Eso está por ver."

Las cartas comenzaron a vibrar con energía. "Veamos qué dicen las cartas… o, en este caso, mi magia del tarot."

Continuará…

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