El combate entre Nathalie y Shimuna comenzó a intensificarse cuando ambas dejaron claro que ya no estaban jugando. Las dos liberaron su poder al máximo, dispuestas a entregarlo todo en un intercambio final de golpes.
La semi-demonia contemplaba a su oponente con una serenidad inquietante, mientras su mente se llenaba de pensamientos que le daban fuerzas para continuar. Al fin y al cabo, había pasado toda su vida siendo odiada o rechazada por gran parte de los humanos debido a sus raíces demoníacas.
Pero Marco y los demás nunca la miraron mal. Nunca fruncieron el ceño ni le dedicaron gestos de asco u odio. Simplemente la aceptaron. Sin dudarlo ni un segundo, la rescataron y la trataron como a una camarada más.
La joven bajó la mirada hacia el tatuaje de la pluma que la nombraba paladín de Marco. Apretó el puño con fuerza y volvió a clavar los ojos en su rival. Ella, iba a ganar costase lo que costase. Por sus amigos.
"¡ACABEMOS ESTO!" gritó su contrincante.
Shimuna respondió con una patada directa al estómago de nuestra protagonista, lanzándola por los aires hasta estrellarla contra el muro de una de las torres más altas de la ciudad.
Pero la sagrada no se detuvo ahí.
Corrió tras ella para asestar otro golpe, pero fue Shimuna quien tuvo que agacharse en el último instante al ver cómo la guadaña de sombras de Nathalie barría el aire con violencia, rozándole el plumaje por centímetros.
Sin darle margen para reaccionar, la sagrada transformó ambas manos en afiladas garras de ave y se lanzó de nuevo al ataque con ferocidad.
Ambas colisionaron con violencia, chocando en una lluvia de chispas y sombras. El impacto no las detuvo: siguieron forcejeando mientras sus armas se entrelazaban, y, sin dejar de atacarse, comenzaron a correr por la pared de la torre, ascendiendo a toda velocidad en una sucesión frenética de golpes y bloqueos.
Cuando alcanzaron el tejado, se impulsaron con fuerza y se separaron de un salto, deslizándose en direcciones opuestas hasta quedar cada una en un extremo del edificio.
Nathalie agitó el asta de su guadaña y disparó varias lanzas oscuras. En respuesta, la mujer-bestia transformó sus brazos en enormes alas y sus piernas adoptaron la forma de las de un fénix, cubriéndose de plumas ardientes y rematándose en garras afiladas. Con una sola batida repelió el ataque y descendió sobre la semi-demonia, propinándole un rodillazo brutal que la lanzó de vuelta al suelo.
Nuestra protagonista rodó con violencia por la acera, pero se incorporó ipso facto al notar cómo el calor comenzaba a aumentar a su alrededor. Shimuna no le dio respiro y empezó a dispararle esferas de fuego de forma incesante.
La semi-demonia estiró el asta de sombras de su guadaña hacia un edificio cercano, que se enrolló firmemente en su estructura como un cable viviente. Tiró de él con fuerza y comenzó a desplazarse por la ciudad, columpiándose entre las construcciones como una acróbata, esquivando las llamas enemigas mientras atravesaba el aire de un edificio a otro.
Siguiéndola de cerca con sus enormes alas desplegadas, la mujer-bestia no dejó de disparar proyectiles ígneos ni un solo segundo. Cada esfera trazaba arcos ardientes por el cielo nocturno, iluminando la ciudad en destellos violentos. Nathalie avanzaba a toda velocidad, balanceándose con su látigo de sombras entre los edificios, sintiendo cómo el calor le rozaba la espalda y le quemaba la piel a cada impulso.
Una de aquellas esferas impactó de lleno en la base de una torre cercana. La estructura emitió un crujido profundo y desgarrador antes de ceder, desplomándose hacia delante y bloqueando por completo la trayectoria de la semi-demonia. Toneladas de piedra y metal se precipitaron sobre ella como una avalancha imparable.
Nathalie reaccionó por puro instinto. Giró el cuerpo con agilidad, apoyó ambos pies contra la pared del edificio contiguo y derrapó por su superficie, descendiendo en diagonal mientras los restos de la torre se estrellaban a escasos metros. El impacto sacudió toda la zona, levantando una densa nube de polvo, chispas y escombros que la envolvió por un instante.
Aprovechando esa cobertura, dio un salto hacia el frente y extendió su látigo de sombras. La oscuridad se enrolló firmemente alrededor de un edificio cercano y Nathalie giró a su alrededor describiendo un amplio arco, cambiando de dirección en pleno aire. El impulso la lanzó de vuelta hacia su rival con una velocidad brutal.
Antes de que Shimuna pudiera reaccionar, nuestra protagonista apareció frente a ella y descargó una doble patada directa al rostro de la mujer-bestia. El impacto resonó como un trueno seco, lanzando a la sagrada contra el suelo con violencia, donde rodó entre escombros humeantes y llamas dispersas.
La sagrada no tardó ni un segundo en reaccionar. Antes siquiera de tocar el suelo por completo, batió con fuerza sus alas envueltas en llamas plateadas y se impulsó de nuevo hacia el aire, rompiendo el pavimento bajo ella en una explosión de fuego y escombros.
Nathalie apenas tuvo tiempo de tomar aire antes de que la mujer-bestia apareciera frente a ella, lanzándose a embestirla con fiereza. Por puro reflejo, la semi-demonia cruzó el asta de su guadaña y logró bloquear el ataque. El choque fue devastador: una onda expansiva estalló en el aire, resquebrajando fachadas cercanas y lanzando fragmentos de piedra y metal en todas direcciones.
El retroceso la expulsó hacia atrás. Nathalie giró sobre sí misma y logró aterrizar sobre un enorme cascote de cemento que descendía a toda velocidad. Saltó de uno a otro entre los restos suspendidos en el aire, usando cada fragmento como apoyo fugaz. En el último impulso, giró la guadaña, desplegó sus alas y aceleró de forma vertiginosa hacia su oponente.
Pero Shimuna sonrió.
En pleno aire, su cuerpo se deformó y volvió a adoptar su forma animal: un gigantesco fénix envuelto en llamas plateadas. Con un movimiento fulminante, cerró sus garras alrededor del cuerpo de nuestra protagonista y la estampó contra el suelo con violencia brutal. El impacto abrió el pavimento y, sin soltarla, la arrastró a lo largo de la calle, despellejando la piel de su espalda y cubriéndola de cortes mientras el asfalto y los escombros saltaba a su alrededor.
Cuando por fin frenó, Nathalie escupió sangre y clavó el asta de su guadaña en el suelo.
"¿Por qué luchas? ¿Por qué dar tanto por un pueblo egoísta que no pretende ayudar a sus vecinos?" preguntó Shimuna con rabia, aún en su forma de ave, manteniendo apresada a la semi-demonia entre sus garras.
"La verdad es que no tengo la menor idea." sonrió, mientras la sangre que le caía por la frente teñía de rojo el blanco de uno de sus ojos. "Siempre he sido una tía chulísima que vivía a su bola, ignorando al resto de la sociedad porque pasaba de movidas, pero… a ellos… no pude ignorarles."
"¿Cómo?" preguntó la sagrada, desconcertada.
La sangre resbaló por su barbilla. "Al instante, se convirtieron en algo que nunca tuve y que pensé que nunca tendría… ellos pasaron a ser... mis primeros amigos." Apretó los dientes, conteniendo el dolor. "Y porque ellos lo son… yo no puedo decepcionarles y perder aquí."
"¡Jajajaja!" se burló Shimuna. "¡¿Y cómo piensas hacerlo?! ¡NO TIENES ESCAPATORIA, DEMONIO!"
"¿Para qué crees que clavé mi guadaña en el suelo?" respondió Nathalie con calma.
"¿Qué?" murmuró la sagrada.
La sombra del asta incrustada comenzó a expandirse por el suelo, deslizándose como una marea oscura que cubrió un amplio perímetro bajo sus pies.
Brazos gigantescos de sombras emergieron del suelo y se aferraron al fénix: alas, patas, pico y torso quedaron atrapados, siendo inmovilizada por completo y suspendida en el aire.
"¡Mierda!" pensó Shimuna mientras intentaba zafarse.
La oscuridad envolvió el cuerpo de Nathalie. Su traje ajustado se transformó en un elegante vestido de gala sombrío, rematado por un refinado sombrero que proyectaba una sombra afilada sobre su mirada. Al mismo tiempo, la cuchilla de su guadaña adoptó la forma de una luna menguante.
"¡DARKNESS VALS!" exclamó, zarandeando el arma.
Durante un solo segundo, el mundo entero quedó sumido en la oscuridad absoluta.
Cuando la luz regresó, Nathalie ya estaba detrás de Shimuna, que seguía suspendida en el aire, atada por las sombras. La semi-demonia caminaba con tranquilidad mientras el vestido se desvanecía lentamente, devolviéndole su atuendo habitual.
Un instante después, el cuerpo del fénix estalló en decenas de cortes sangrientos al mismo tiempo. Las manos oscuras desaparecieron y Shimuna volvió a su forma humana mientras caía inconsciente, estrellándose contra un fragmento de edificio antes de quedar tendida sobre la arena.
Batalla en Al-Amphoras.
Nathalie vs Shimuna, el fénix lunar menguante.
Ganadora: Nathalie.
"No subestimes, una semi-demonia chulísima, amore." dijo Nathalie, lanzándole un beso.
Continuará...
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