sábado, 27 de diciembre de 2025

Ch. 287 - Mal Augurio

Tras un combate tan intenso como despiadado que dejó la ciudad reducida a ruinas humeantes, Nathalie logró imponerse sobre Shimuna, alzándose como la primera victoria del grupo frente a los Sagrados. No fue solo un triunfo personal, sino una grieta abierta en la aparente invencibilidad del enemigo bajo la luna del Animalia.

La semi-demonia avanzaba por la calle con pasos pesados, el cuerpo exhausto y cubierto de heridas. Cada respiración le ardía en el pecho mientras intentaba regresar al campamento militar aliado para recuperar fuerzas. Sin embargo, a mitad de camino, su visión comenzó a difuminarse y el mundo se inclinó peligrosamente ante ella.

Sus piernas cedieron.

Antes de que su cuerpo impactara contra el suelo, unos brazos firmes la sostuvieron.

"¿E-estás bien?" preguntó Gartana, el comandante de los ballure, sujetándola con preocupación.

"Lo estaré…" murmuró Nathalie con una sonrisa cansada, dejando caer parte de su peso sobre él. "Cuando haya descansado un poco… y me haya tomado un buen trago de whisky."

Gartana soltó una breve carcajada y pasó su brazo por encima de los hombros de la semi-demonia para ayudarla a caminar. "Está bien, borracha." Negó con la cabeza, aún sonriendo. "Buen trabajo. Estuviste increíble peleando con ese pájaro."

"No fue nada…" respondió ella con voz baja, aunque su expresión relajada delataba el orgullo silencioso de quien había sobrevivido a una batalla que no muchos podrían contar.

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Animalia, sala del gobernador.

El puño de Marco, envuelto en llamas azules, colisionó con el de Draco, cubierto por fuego negro. El choque retumbó como un estallido seco y violento, obligando a ambos a retroceder varios pasos. Las mangas de sus ropajes quedaron reducidas a cenizas, dejando al descubierto sus brazos ligeramente chamuscados.

"Menos mal que los guantes que me regalaron son inmunes al fuego…" pensó nuestro protagonista, bajando la mirada hacia su mano. Bajo el cuero reforzado, la marca que lo proclamaba emperador permanecía oculta y a salvo.

De pronto, un crujido profundo resonó en la sala, captando la atención de ambos combatientes.

La fuente situada en el centro del recinto —aquella donde los Sagrados habían depositado su sangre— se había resquebrajado en una de sus cuatro secciones. Las grietas recorrían la piedra como venas rotas.

"N-No puede ser…" murmuró Draco, con los ojos muy abiertos. "Ese fragmento… es el de Shimuna. ¿Acaso ha sido derrotada?"

"¡NO TE DESPISTES!" rugió Marco.

Aprovechando el instante de duda, se lanzó hacia delante y asestó un poderoso puñetazo directo al rostro de su rival. El impacto lo hizo retroceder varios metros, arrastrando los pies sobre el suelo de piedra.

"Tsk…" Draco escupió saliva y sangre, limpiándose la boca con el dorso de la mano, sus ojos ardían de furia. "Nos haremos con esa gema antes de que caiga Animalia. ¡YA VERÉIS!"

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Subterráneo del palacio.

Un torrente de cristales de zafiro brotó del suelo como una trampa de pinchos afilados, disparándose en todas direcciones con la intención de atravesar a la Tottegräber infiltrada. Sin embargo, Straciatella saltaba entre ellos con una gracia antinatural, esquivándolos como si la gravedad apenas tuviera efecto sobre su cuerpo.

Entre sus dedos giraba una carta del tarot: La Luna.

"Con esta carta puedo alterar mi gravedad y volverme ligera como una pluma." Sonrió con descaro mientras giraba en el aire. "Hace que esquivar esos ataques lentos y toscos que tienes sea ridículamente fácil, amiga."

Otro cristal pasó rozándole el costado, sin llegar a tocarla.

"¡Da igual que sean lentos!" replicó Najaf, ajustándose las gafas sin apartar la vista del combate. "Su cometido de mantenerte alejada de la gema lo están cumpliendo. ¡Y ese es todo mi trabajo por ahora, hasta que lleguen los refuerzos!"

"¿Refuerzos?" repitió Straciatella con una risa ligera.

Cayó con precisión sobre la gran lámpara de araña que colgaba del techo, haciéndola balancearse peligrosamente. Con un impulso juguetón, se dejó caer y quedó suspendida boca abajo, colgada solo de los pies, observándolos a todos con una sonrisa traviesa.

"Eso suena divertidísimo."

"Esa tía es muy fuerte…" murmuró Theo desde detrás de una columna, sin apartar los ojos de la escena. "Arriesgaría a decir incluso, que su fuerza es superior a la de los apóstoles de Aspasia."

A su lado, Gretel, Lily y Faralalan se habían puesto a cubierto, manteniendo distancia para no entorpecer el combate de su compañera.

"Ojalá…" susurró Gretel, apretando los puños con impotencia. "Ojalá pudiera hacer algo."

En ese instante, dos nuevas presencias irrumpieron en la sala envueltas en un destello turquesa. Eran los gemelos Rachid y Yelena, los otros dos awsiyas de Sherezade, que entraron en acción al unísono. Con un gesto coordinado, desataron una lluvia de cristales turquesa que surgió desde distintos ángulos y convergió directamente sobre la lámpara de araña.

"¿Q-Qué hacéis aquí?" exclamó Faralalan desde su posición segura al reconocerlos.

"Recibimos el pájaro de zafiro de Najaf pidiendo refuerzos." respondió Rachid, con el ceño fruncido, sin apartar la mirada del punto de impacto mientras una densa nube de polvo se levantaba.

"Nos pareció sospechoso que un hombre-bestia se colase sin que nadie se percatara." añadió Yelena, adoptando una postura ofensiva y observando con cautela. "Así que vinimos a toda velocidad para comprobarlo con nuestros propios ojos… pero parece que no se trataba de ningún peludito del país vecino, sino de algo bastante distinto..."

Su mirada se clavó en la silueta suspendida entre los restos. "Una humana."

De pronto, unos aplausos lentos rompieron el silencio: Clap. Clap. Clap.

Todos alzaron la vista mientras la nube de polvo comenzaba a disiparse.

Entre los cristales turquesa incrustados en el techo, completamente ilesa, Straciatella estaba sentada sobre ellos con absoluta tranquilidad, una pierna cruzada sobre la otra, aplaudiendo con una sonrisa encantada. Los fragmentos brillaban a su alrededor, incapaces de tocarla, como si obedecieran una ley distinta.

"Ay~ qué ataque tan mono." comentó con diversión. "Pero fue facilísimo de esquivar bajo el efecto de la luna."

Con un pequeño salto, flotó con ligereza y se posó sobre uno de los pilares de zafiro creados por Najaf. Ladeó la cabeza, con su sonrisa torcida rebosante de entusiasmo.

"Encantada de que lleguen más oponentes." Sus ojos brillaron con auténtica emoción. "Así sí que podré divertirme de verdad."

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Interior del palacio de Al-Amphoras.

En ese momento, Shouri irrumpió en el interior. Visiblemente sorprendido de verla tan lejos de su campo de batalla, Sergiv descendió del palco interior de un solo salto y se aproximó a ella, interceptándole el paso.

"¿Qué ocurre?" preguntó el awsiya, deteniéndola en seco. "¿A qué viene tanta prisa?"

"No es nada importante." respondió ella, frenándose para atenderle.

"Algo importante tiene que ser si abandonas el frente de batalla y lo dejas desprotegido, ¿no crees?" insistió Sergiv, mirándola con atención.

"Ah, no te preocupes por eso." replicó Shouri con calma. "El Zodiaco de los zombis ya está fuera de combate y sus creaciones han desaparecido. Dejé una centena de soldados de roca custodiando la entrada norte."

Hizo una breve pausa antes de continuar, con el ceño apenas fruncido.

"Ahora solo quiero comprobar algo en el subterráneo de este lugar. Hay algo que no me cuadra… un mal presentimiento. Y necesito saber qué es."

"Entiendo." asintió Sergiv tras unos segundos de silencio. "En ese caso, iré contigo. Si hay algo inquietante ahí abajo, será mejor no ir solos."

"E-Está bien." aceptó la leyenda, tras una breve vacilación.

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Biblioteca del Animalia.

Nicole y Sherezade yacían en el suelo, levemente heridas, frente a Karta, que permanecía inmóvil en su posición, apoyando su bastón contra el pavimento. A su alrededor, cuatro enormes caparazones flotaban en distintos puntos de la sala, girando sin descanso como si desafiaran toda lógica.

"Mierda…" masculló la sanadora, intentando incorporarse sin éxito.

"Es demasiado para nosotras…" reconoció la princesa, respirando con dificultad. "Tenemos que retirarnos y buscar a los demás. Su magia de atracción y repulsión… es abrumadora."

"Es hora de acabar con su majestad ballure y la señorita con alas." anunció Karta con voz grave, extendiendo lentamente uno de sus brazos.

Con aquel gesto, una de las estanterías empotradas en la pared se arrancó de cuajo, rechinando con violencia antes de salir disparada hacia él. Sin detenerse, el anciano señaló a las chicas y lanzó el mueble con brutal precisión.

"¡Mierda, agárrate, Sherezade!" gritó Nicole mientras desplegaba sus alas y se forzaba a ponerse en pie.

Pero antes de que el proyectil pudiera alcanzarlas, una figura cayó del cielo como un rayo. El brazo de acero de Ryan, transformado en una larga cuchilla, cortó la estantería en dos en pleno vuelo, haciendo que los restos se estrellaran contra el suelo.

"¿Qué…?" murmuró Karta, sorprendido.

"Ryan." sonrió Nicole al reconocerlo.

"Iros de aquí." ordenó él sin girarse, con la mirada fija en el anciano. "Yo… me encargo de la tortuga."

"¿Estás seguro?" preguntó Sherezade con preocupación. "¡Su magia es muy poderosa!"

Sin darle tiempo a responder, Nicole la sujetó por la cintura y alzó el vuelo con rapidez.

"No te preocupes por él, princesa." dijo la sanadora mientras se alejaban a toda velocidad por uno de los túneles. "Si hay alguien capaz de plantar cara a esa magia rara de atracción y repulsión… ese es Ryan."

Cuando ya no quedaba nadie más en la sala, el sagrado se llevó una mano a la barba y la acarició con calma.

"Qué valiente por tu parte dejar huir a esas débiles damas." comentó Karta con una mueca.

"No son débiles en absoluto." respondió Ryan con una sonrisa ladeada. "Solemos confundir la fuerza con la capacidad de combate, pero el poder no se mide solo así. Hay cosas que van mucho más allá."

Mientras hablaba, el acero comenzó a extenderse desde su pecho y hombros, cubriéndolos por completo y formando una nueva armadura que se fusionó con sus brazos metálicos.

"Simplemente, las dejé ir porque… no quería que me molestaran mientras te doy una paliza, viejo de mierda."

"Tsk…" refunfuñó Karta, apretando el bastón con fuerza. "Los jóvenes de hoy en día sois terriblemente maleducados. Habrá que enseñaros modales… por las malas."

Continuará....

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