domingo, 28 de diciembre de 2025

Ch. 288 - Ryan vs Karta, la tortuga lunar creciente

Salvando a sus compañeras del peligro y permitiéndoles escapar, Ryan se quedó solo frente a Karta en la inmensa biblioteca infinita del Animalia. A su alrededor, varios caparazones flotaban en distintos puntos de la sala, girando sin descanso como satélites obedientes a una voluntad invisible.

"Si me vas a enseñar modales… ¡no pierdas el tiempo!" exclamó el hijo de la dragona, echando a correr a toda velocidad por la sala en dirección al anciano.

"¡No lo haré, jovenzuelo!" respondió la tortuga, golpeando con fuerza el suelo con su bastón.

El impacto sacudió la biblioteca. Varias estanterías cercanas se arrancaron de la pared con un estruendo seco, flotaron durante un instante y, acto seguido, salieron disparadas contra Ryan como proyectiles gigantescos.

Con una agilidad impecable, el joven saltó de una a otra, esquivando los impactos mientras acortaba distancias. Cuando dejó atrás la última, cuatro cadenas con ganchos emergieron de su espalda, clavándose en los muebles aún en el aire. Con un violento tirón, los lanzó de vuelta contra el sagrado.

Sin inmutarse, Karta golpeó de nuevo el suelo con su bastón. Un caparazón emergió bajo sus pies y lo repelió hacia arriba, elevándolo lo justo para esquivar los cuatro proyectiles, que se estrellaron entre sí y contra las paredes en una explosión de madera y polvo.

"No subestimes a la edad, muchacho." dijo el sagrado, observándolo con desprecio mientras invocaba otro caparazón, que giraba para mantenerse a flote, sobre el que se apoyó con calma. "Te faltan años de conocimiento para poder superarme."

"¡Lo mismo te digo!" respondió Ryan con una sonrisa desafiante. "¡No me subestimes!"

Del techo descendieron dos cadenas que se enroscaron alrededor de las muñecas del anciano, separándolas con fuerza. Aprovechando el aparente atrapamiento, nuestro protagonista se impulsó hacia delante a toda velocidad, transformando su brazo en un gigantesco mazo de acero cubierto de pinchos.

"Ya te lo dije." gruñó Karta con una mueca. "Deberías escuchar más a tus mayores."

En un estallido invisible, las cadenas fueron repelidas con una fuerza brutal y se rompieron en pleno aire, liberándolo justo antes del impacto. Sin darle tiempo a reaccionar, el sagrado señaló a Ryan y, con un solo gesto, lo repelió violentamente.

El cuerpo del joven salió disparado contra el suelo, rebotó contra el techo y volvió a estrellarse contra el pavimento, rodando varios metros entre los restos de la biblioteca destrozada.

"M-Mierda…" jadeó Ryan mientras la sangre le resbalaba por el rostro, tiñéndole la mejilla de rojo. Alzó la vista con dificultad. "¿Cómo… cómo ha hecho eso?"

"Se nota que eres joven e inexperto." Karta hablaba con una calma insultante, descendiendo lentamente. "Un cuerpo forjado para la batalla es útil, sí… pero no sin usar el cerebro."

Nuestro protagonista apretó los dientes, intentando incorporarse.

"Y ese es vuestro mayor fallo." continuó el sagrado, recreándose en cada palabra. "Los de tu calaña os lanzáis de cabeza al combate creyendo que la fuerza bruta lo es todo. Pero por mucho poder que tengáis, jamás podréis superar a alguien que os aventaja intelectualmente."

"¿M-Me estás llamando tonto o qué?" masculló Ryan, aún sin captar del todo la explicación.

Karta soltó un suspiro cargado de desprecio. El caparazón que lo sostenía siguió descendiendo lentamente hasta dejarlo a una altura segura, disipándose justo cuando sus pies tocaron el suelo.

"Eres tontísimo." sentenció sin rodeos. "Pero deja que te ordene un poco las ideas."

Golpeó el suelo con el bastón y una nueva oleada de repulsión estalló en la sala, lanzando a nuestro protagonista contra el techo con una violencia brutal.

"¡AGH!" gritó él, tosiendo sangre tras el impacto.

"Escucha con atención." dijo Karta, alzando el bastón con orgullo. "Solo te lo explicaré una vez."

En la biblioteca, los cuatro caparazones continuaban girando a toda velocidad, sin moverse un centímetro de su ubicación.

"Este gran caparazón que cargo, herencia de mi raza, es un generador natural de energía, normalmente cargado con polaridad positiva." explicó con suficiencia. "Y gracias a él, puedo crear caparazones de carga negativa en cualquier lugar que mis ojos alcancen."

"¿Qué… positivo? ¿Negativo?" murmuró Ryan mientras caía de nuevo al suelo, jadeando.

"Exacto." asintió el anciano. "Al hacerlos girar de forma continua y a tal velocidad, lleno los objetos y cosas del entorno con esa energía."

Varias estanterías comenzaron a temblar antes de ser arrancadas de la pared y atraídas hacia Karta.

"¿Y qué ocurre cuando potencio la energía de mi caparazón principal y la concentro en uno o varios objetivos?" preguntó con una sonrisa torcida. "Que los atraigo."

"Eso es…" gruñó Ryan, forzándose a ponerse en guardia. "Como un imán."

"En efecto." respondió Karta con satisfacción, acicalándose la barba. "Y cuando invierto la polaridad de mi caparazón principal a negativa…"

Su sonrisa se ensanchó peligrosamente. "…se produce la repulsión."

Con un gesto seco, el enjambre de estanterías salió disparado a toda velocidad hacia Ryan, convirtiendo la biblioteca en una tormenta de madera y destrucción.

Ryan se incorporó de un salto y comenzó a avanzar entre las estanterías que volaban hacia él como proyectiles descontrolados. Al principio esquivó con agilidad, pero pronto comprendió que eran demasiadas.

Chasqueó la lengua y transformó su brazo derecho en una larga cuchilla de acero, comenzando a girar sobre sí mismo cortando los muebles que se interponían en su camino. La madera estallaba en astillas al contacto con la hoja, cayendo al suelo en una lluvia caótica de fragmentos.

Aprovechando que el joven estaba ocupado abriéndose paso, Karta golpeó el suelo con su bastón y creó un caparazón bajo sus pies. La estructura giró con violencia y lo impulsó hacia delante a una velocidad aterradora, recorriendo el espacio entre ambos en un instante.

Antes de que nuestro protagonista pudiera reaccionar, el anciano descargó un brutal golpe directo al plexo solar con su bastón. El impacto fue seco y devastador, lanzando al muchacho a lo largo de un interminable pasillo repleto de estanterías.

Ryan disparó varias cadenas desde su espalda y las clavó en el suelo para frenar su trayectoria. Estas chirriaron al tensarse, arrancando fragmentos de piedra del pavimento, hasta que finalmente consiguió detenerse.

Al alzar la vista, su expresión se endureció: decenas de trozos de madera, restos de las estanterías destrozadas, flotaban en el aire y se dirigían hacia él atraídos por una fuerza invisible. Sin tiempo para esquivar, cruzó los brazos y levantó un enorme escudo de acero que se formó frente a su cuerpo con un estruendo metálico.

"Es inútil." La voz de Karta resonó con absoluta seguridad.

Con un simple gesto, el escudo de acero fue violentamente atraído hacia él, deformándose con un alarido metálico antes de partirse en cuatro grandes fragmentos. Las porciones salieron disparadas y se incrustaron a lo largo del pasillo como proyectiles, dejando al hijo de la dragona expuesto una vez más frente a la implacable mirada del anciano.

Ryan recubrió todo su cuerpo con una capa de acero para resistir el aluvión de golpes. El metal crujió bajo la presión constante, resquebrajándose en varios puntos hasta estallar en fragmentos que le abrieron pequeñas heridas por piernas y torso. Aun así, cuando el ataque cesó, el joven permanecía en pie… sonriendo.

"¿Y esa sonrisa?" preguntó Karta, frunciendo el ceño.

"Porque al final…" respondió el joven, limpiándose la sangre del labio, "tú también bajaste la guardia."

El suelo tembló de pronto.

Desde las losas de la biblioteca irruptó una colosal serpiente forjada por cadenas entrelazadas, que se alzó con un estruendo metálico. Su cuerpo se retorció con furia antes de surgir justo bajo los pies del sagrado, envolviéndolo en un torbellino de eslabones y engulléndolo de golpe entre sus fauces dentadas de acero.

"La gente lista como tú siempre comparte la misma debilidad." La voz de Ryan resonó firme mientras observaba la escena. "Os cegáis con vuestro orgullo. Nos tratáis como simples bestias sin cerebro… y olvidáis que también sabemos pensar. Que también sabemos sorprender."

"Lo reconozco…" respondió una voz grave desde el interior de la serpiente. "Te subestimé."

La criatura de cadenas se detuvo un instante.

"Pero esto no es nada para mí." La energía comenzó a concentrarse en su interior. "¡SOLO HEMOS EMPEZADO!"

Una intensa luz lunar brotó desde el cuerpo del reptil metálico. En el siguiente segundo, la serpiente estalló en cientos de fragmentos, esparciendo eslabones por todo el pasillo de la biblioteca. 

Nuestro protagonista abrió los ojos con sorpresa al ver a Karta emerger del centro de la explosión, flotando en el aire, envuelto en un resplandor plateado. Su cuerpo estaba herido, pero su presencia se había vuelto solemne, casi divina.

"Cae." ordenó el sagrado, chasqueando los dedos.

Una fuerza invisible golpeó a Ryan y lo lanzó a toda velocidad a través del pasillo, atravesando estanterías y columnas hasta salir despedido hacia otra sala de la biblioteca. Antes de que pudiera reaccionar, Karta apareció frente a él en un parpadeo y, con una sonrisa cruel, le asestó una patada brutal que lo estampó contra el suelo, resquebrajándolo.

Sin darle respiro, atrajo todas las estanterías cercanas y las disparó sin piedad contra el punto donde nuestro protagonista había caído, sepultándolo bajo toneladas de madera y escombros mientras soltaba una carcajada desbordante.

"¿Qué te ha parecido?" preguntó con soberbia, aterrizando con elegancia, aún envuelto en su brillo lunar.

De pronto, una explosión de energía sacudió la sala.

"¡MODO BERSERKER, DIEZ MINUTOS!" rugió Ryan.

Las estanterías que lo aplastaban salieron despedidas en todas direcciones, hechas trizas. De entre los restos se alzó su figura transformada: su cuerpo estaba cubierto por una armadura de acero oscuro y brillante que recubría cada centímetro de su piel, emitiendo una energía mágica intensa y abrasadora.

"¿Q-Qué es eso…?" murmuró Karta, por primera vez inquieto.

Ryan alzó la cabeza lentamente, con una sonrisa feroz, adoptando una postura ofensiva.

"El inicio de tu caída…" dijo, con los ojos ardiendo de determinación. "Tortuga de mierda."

Continuará...

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