La batalla contra Karta, marcada por su abrumadora inteligencia y su capacidad de adaptación en combate, había llevado a Ryan al límite. A pesar de todo, el hijo de la dragona consiguió colarle un golpe inesperado. Sin embargo, no fue suficiente para acabar con el Sagrado. En respuesta, Karta liberó su poder lunar, obligando a nuestro protagonista a activar su modo berserker.
En el campo de batalla, ambos se observaban con miradas desafiantes, el aire vibrando a su alrededor.
"No tengo tiempo que perder…" pensó Ryan. "Pese a todo el entrenamiento al que me sometí con Shouri, mi límite para usar este poder sin perder la cordura es de diez minutos."
"¡Vamos, jovencito!" rugió Karta con una sonrisa feroz. "¡Demostremos de una vez quién manda aquí! ¡La fuerza… o la inteligencia!"
A su alrededor, cientos de fragmentos de paredes, techo y estanterías destrozadas comenzaron a elevarse, atraídos por su poder. Con un violento gesto, los disparó todos a la vez hacia nuestro protagonista, convirtiendo la biblioteca en un infierno de escombros voladores.
En un parpadeo, el hijo de la dragona desapareció.
Antes de que Karta pudiera reaccionar, Ryan apareció a su espalda y le asestó una patada brutal en la espalda, estampándolo contra el techo con un estruendo seco.
"¿Cómo…?" pensó el Sagrado mientras tosía sangre, incrustado contra la piedra. "¿Qué es esta velocidad…? Ni siquiera tuve tiempo para poder manipular su polaridad para frenarlo."
Desde la palma de su mano, el joven disparó una cadena que se enroscó alrededor del cuello de su enemigo. Tiró de ella con una fuerza salvaje, atrayéndolo hacia sí, y le propinó un puñetazo directo al rostro. El impacto le destrozó el tabique nasal y lo lanzó de cabeza contra el suelo de la biblioteca.
Karta soltó el bastón en el aire mientras descendía. Giró el cuerpo con una agilidad inesperada y aterrizó apoyando pies y manos, derrapando varios metros sobre la superficie angosta del suelo antes de detenerse.
"¡Maldito crío maleducado!" rugió, alzándose lentamente mientras liberaba aún más energía mágica. La luz lunar que lo envolvía se intensificó, cargando el ambiente de una presión asfixiante.
La presión mágica del sagrado se disparó de forma salvaje. Las paredes y el techo del pasillo estallaron en fragmentos, y de entre los escombros emergieron enormes vigas rojizas de acero puro, arrancadas del propio esqueleto del edificio. Giraban en el aire antes de salir despedidas una tras otra con una precisión aterradora, convertidas en auténticos misiles.
Ryan se vio obligado a huir a toda velocidad.
Corrió por el pasillo contiguo, esquivando las vigas por centímetros mientras estas se incrustaban en las paredes a su alrededor, haciendo temblar toda la estructura. Saltó contra una pared, apoyó un pie en un ladrillo saliente y se impulsó hacia una estantería del lado opuesto, sin tocar el suelo ni un solo segundo. Cada movimiento era milimétrico, instintivo, casi animal.
Mientras avanzaba, notó la presión constante en el ambiente.
Allí donde se desplazaba, siempre había un caparazón girando en algún punto del espacio, saturando la zona con polaridad negativa. El aire mismo parecía empujarlo, intentar desviarlo, frenar cada salto, cada carrera.
Nuestro protognista alzó la vista y vio el final del pasillo. No desembocaba en una sala abierta como la anterior. Frente a él solo había una pared sólida y una puerta cerrada, pero no se detuvo.
Apoyó ambos pies contra la pared con violencia y se impulsó hacia atrás con toda su fuerza. Su cuerpo salió disparado y cayó sobre una de las vigas en pleno vuelo, comenzando a correr por su superficie metálica como si fuera suelo firme.
Saltó de una viga a otra, cada vez más alto, cada vez más cerca del hombre-tortuga, con los dientes apretados y la mirada encendida de furia. Estaba a punto de alcanzarlo.
Entonces ocurrió, Karta cambió bruscamente el trayecto de una segunda viga.
Golpeó a Ryan de lleno en el pecho, rompiendo su avance y estampándolo contra la pared con una violencia ensordecedora. El muro se resquebrajó bajo su cuerpo, dejando una grieta en forma de cráter mientras el eco del golpe recorría toda la biblioteca como un rugido.
En ese instante, nuestro protagonista disparó sus propios brazos.
Las prótesis de acero se desprendieron de sus hombros con un chasquido metálico y salieron despedidas por el pasillo como proyectiles letales. Atravesaron el aire en línea recta y golpearon al sagrado con violencia directa en ambos hombros, obligándolo a retroceder varios metros entre chispas y fragmentos de energía.
"¡Cabrito! ¡No esperaba que fueras manco!" gruñó Karta mientras recuperaba el equilibrio, sorprendido por el ataque.
Las prótesis, ya sin función, se deshicieron en el aire como polvo metálico.
Ryan cayó desde el techo envuelto en una nube de escombros. Antes siquiera de tocar el suelo, el acero volvió a fluir desde su cuerpo, reconstruyendo dos nuevas prótesis con un crujido orgánico y brutal. Aterrizó en cuclillas, clavando sus nuevas manos en el suelo.
Del suelo brotó un enjambre de cadenas que salió disparado a toda velocidad, inundando el pasillo como una tormenta de eslabones afilados dirigidos directamente hacia el sagrado.
Karta reaccionó al instante. Un caparazón emergió bajo su pie y lo impulsó hacia atrás a una velocidad vertiginosa, alejándolo del centro del ataque. Sin embargo, las cadenas no dejaban de acercarse, cerrando el espacio con una ferocidad imparable.
Chasqueó la lengua y alzó la mano. Una oleada de energía recorrió el aire y las cadenas fueron repelidas en todas direcciones, desviándose por los muros, el suelo y el techo, estrellándose con estrépito metálico a su alrededor.
Del interior del mar de eslabones, Ryan salió disparado como una bala.
Antes de que el sagrado pudiera reaccionar, el hijo de la dragona ya estaba frente a él. Su puño de acero describió un arco corto y brutal y se estampó directamente contra su rostro.
El impacto resonó como un martillazo.
El hombre-tortuga salió despedido y rodó varios metros por el suelo, arrancando losas y dejando un rastro de grietas tras de sí.
Ryan retiró el acero que cubría parcialmente su cara, dejando al descubierto su expresión auténtica: una sonrisa franca, casi divertida, manchada de sangre.
Alzó la mirada, desafiante.
"¡No hará falta!" rugió Karta incorporándose con dificultad, con la nariz empapada en sangre. "¡AÚN PUEDO CONTIGO, CHAVAL!"
La polaridad del entorno se alteró de golpe. El cuerpo del sagrado se elevó lentamente en el aire mientras, a su alrededor, enormes brazos de roca emergían del suelo y del techo, rompiendo los restos de la biblioteca con estruendos secos. Docenas de extremidades pétreas se retorcían a su alrededor como si obedecieran una mente colmena.
Con un gesto furioso, el hombre-bestia las lanzó todas a la vez.
Ryan echó a correr sin mirar atrás. Los dedos helados de piedra intentaban atraparlo, cerrándose a centímetros de su cuerpo. Saltó, rodó y se impulsó contra paredes y estanterías destrozadas, obligado a mantenerse en constante movimiento para no ser apresado.
"No puedo dudar más…" pensó.
Dando un salto directo hacia su enemigo, disparó cuatro cadenas desde sus brazos con precisión quirúrgica.
Pero las manos de roca reaccionaron antes.
Las extremidades pétreas se cerraron sobre su cuerpo, encerrándolo en el aire mientras las cadenas se desviaban, alejándose de Karta sin alcanzarlo.
"¡JAJAJAJA!" estalló el sagrado en carcajadas. "¿LO VES? ¡NO PUEDES SUBESTIMAR LA SUPERIORIDAD INTELECTUAL, MANCO DESCEREBRADO!"
Las manos se cerraron con más fuerza, oprimiendo a Ryan… hasta que algo cambió.
El cuerpo de Karta dejó de flotar.
Las extremidades comenzaron a resquebrajarse una tras otra, se desmoronaron en pedazos, liberando a su presa.
"¿Q-Qué…?" murmuró el sagrado, girando la mirada hacia los cuatro caparazones que giraban en la sala.
Todos estaban atravesados. Las cadenas de Ryan los habían perforado poco después de haber sido atrapado.
"¡TE LO DIJE!" gritó el joven, saltando entre los restos de piedra para coger altura. "¡QUE SEA TONTO NO SIGNIFICA QUE NO PIENSE DE VEZ EN CUANDO!"
"¡NO! ¡NO PUEDO PERDER AQUÍ! ¡NO AHORA!" chilló Karta, cayendo hacia el suelo con un rostro cargado de desesperación.
"¡ESO SE PIENSA ANTES DE PLANTARLE CARA AL ESCUDO DEL EMPERADOR!" rugió Ryan, retirando el acero de su rostro para mostrar una sonrisa feroz.
El metal de ambos brazos comenzó a fundirse, deformándose y creciendo hasta formar un enorme cilindro de acero compacto, vibrante de energía.
"¡CAELUM FALL!" Con un grito salvaje, descargó el metálico pilar contra Karta.
El impacto fue devastador.
Una nube de polvo y escombros estalló al chocar contra el suelo, abriendo un enorme boquete en la biblioteca. El cuerpo del sagrado quedó incrustado en el cráter, completamente inconsciente, cubierto de heridas y rodeado de ruinas silenciosas.
Batalla en la biblioteca del Animalia.
Ryan vs Karta, la tortuga lunar creciente.
Ganador: Ryan.
El acero oscuro que recubría su cuerpo comenzó a resquebrajarse y a desprenderse en fragmentos brillantes, disipándose en el aire como ceniza metálica. La energía abrasadora del modo berserker se extinguió poco a poco, hasta desaparecer por completo.
Ryan dejó escapar el aliento que llevaba reteniendo desde hacía minutos y se dejó caer de culo contra el suelo agrietado de la biblioteca, apoyando las manos atrás mientras el pecho le subía y bajaba con respiraciones profundas y pesadas.
"Al final…" murmuró entre jadeos, dejando escapar una sonrisa cansada pero orgullosa, "hasta me sobraron cuatro minutos y todo."
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Subterráneo del palacio.
Sentada con absoluta elegancia sobre varios pilares de zafiro y turquesa suspendidos en el aire, Straciatella barajaba con calma sus cartas del tarot. El leve roce de los naipes rompía el silencio de la sala mientras una sonrisa refinada —casi condescendiente— se dibujaba en su rostro.
"¿Eso es todo?" preguntó con tono dulce, como si acabara de presenciar un simple entretenimiento.
"N-No puede ser…" murmuró Theo, completamente anonadado, incapaz de apartar la mirada de la escena.
"¿Ella sola… los derrotó?" susurró Gretel, con la voz temblorosa y los puños apretados.
"¡E-¡ELLA HA DERROTADO A TRES AWSIYAS SIN DESPEINARSE!" gritó Lily, con una mezcla de pánico y incredulidad.
"¡Chicos…!" sollozó Faralalan, con la voz rota.
Frente a la Gema Infinita, los cuerpos de Najaf, Rachid y Yelena yacían esparcidos por el suelo de la sala, cubiertos de heridas, inconscientes y completamente derrotados. No había rastro de una batalla equilibrada: la Tottengräber los había aplastado sin esfuerzo alguno.
Straciatella dejó de barajar las cartas y apoyó el codo sobre una rodilla, inclinando ligeramente la cabeza mientras los observaba desde lo alto.
"Bueno…" musitó con una sonrisa ladeada, cargada de malicia. "Parece que, al final, ya nada va a interrumpir mi misión de hacerme con la Gema Infinita, ¿no?"
Continuará…
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