martes, 30 de diciembre de 2025

Ch. 290 - Mata Hari

Animalia, sala del trono.

Marco se deslizaba por el suelo con una fluidez casi instintiva, esquivando las llamaradas negras que Draco lanzaba sin descanso. El calor abrasador le rozaba la piel a cada movimiento. De pronto, frenó en seco, clavó los pies y abrió la boca de par en par.

Un tornado de fuego azul emergió con un rugido ensordecedor, avanzando directo hacia el gobernador como una bestia desatada.

Draco reaccionó a tiempo, impulsándose hacia atrás en un salto forzado. Aterrizó con torpeza… y entonces lo escuchó.

Crack.

Un crujido seco, antinatural, resonó en la sala. El hombre-dragón giró la cabeza lentamente hacia la fuente del centro, con el ceño fruncido. Tal y como temía, una de sus secciones estaba agrietada: aquella donde Karta había ofrecido su sangre para activar el Animalia.

"No puede ser…" murmuró, con los ojos muy abiertos. "¿Karta también…?"

"¡Deja de mirar esa maldita fuente!" rugió Marco.

En un parpadeo, ya estaba frente a él. Su puño envuelto en llamas azules impactó de lleno contra el pecho de Draco, lanzándolo hacia atrás como un proyectil. El cuerpo del gobernador se estampó contra su propio trono, reduciéndolo a escombros en una explosión de piedra y fuego.

El hombre-bestia quedó tendido entre las ruinas durante unos segundos interminables. Finalmente, soltó una carcajada baja y comenzó a incorporarse, apoyándose en un brazo chamuscado.

"Si cae uno más…" pensó, con una sonrisa torcida dibujándose en su rostro. "Si cae un solo sagrado más... tendré que hacer eso."

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Subterráneo del palacio.

Usando la carta de La Luna, Straciatella descendió de un salto desde los cristales en los que se hallaba sentada. Su cuerpo cayó con ligereza, aterrizando justo frente al altar donde descansaba la Gema Infinita. Todo el grupo, derrotado e indefenso, observaba la escena sin poder hacer nada.

"N-No…" murmuró Najaf desde el suelo, completamente abatida. Con las últimas fuerzas que le quedaban, estiró un brazo tembloroso hacia la gema. "Q-Que alguien… la detenga…"

El corazón de Theo golpeó con fuerza en su pecho. Apretó los dientes y, reuniendo todo el valor que le quedaba, activó su habilidad de flotación como portador de la Biblioteca de Horacio. Su cuerpo salió disparado a toda velocidad, deslizándose por el aire como una bala. Antes de que Straciatella pudiera reaccionar, se hizo con la Gema Infinita.

"¡Fara!" gritó con todas sus fuerzas, girándose en el aire. Lanzó la gema hacia la pequeña con un movimiento preciso. "¡Tómala! ¡Nosotros la distraemos! ¡Lárgate de aquí y pide ayuda!"

La pequeña atrapó la gema al vuelo, con los ojos abiertos por el pánico.

"¡Eso!" exclamó Gretel, agarrando un palo del suelo con manos temblorosas. "¡Nosotros… nosotros haremos algo! ¡Lily, ve con ella!"

"¡Sí!" respondió el hada, aferrándose al hombro de la pequeña, que echó a correr hacia la salida sin mirar atrás.

Gracias al poder de la Biblioteca de Horacio, volúmenes etéreos aparecían uno tras otro en el aire y salían disparados contra la Tottengräber como proyectiles improvisados. Al mismo tiempo, Gretel corrió hacia ella con un grito ahogado entre rabia y miedo, blandiendo el palo con ambas manos.

Straciatella ni siquiera se inmutó.

Con un gesto elegante, sacó la carta del tarot de El Juicio. La energía se expandió en un instante y una fuerza repulsiva estalló desde su cuerpo. Nuestros dos protagonistas salieron despedidos por los aires, chocando violentamente contra columnas cercanas, que se resquebrajaron y se derrumbaron entre una lluvia de escombros.

Sin perder un segundo, la Tottengräber cambió de carta: La Luna.

Su cuerpo se aligeró de nuevo y, de un salto imposible, se lanzó en dirección a Faralalan y Lily, quienes ya estaban cruzando el portón hacia las escaleras.

"No vas a escapar." dijo con una calma helada.

La carta volvió a cambiar entre sus dedos, ahora era la de La Estrella.

Un rayo de energía mágica condensada salió disparado desde su mano, iluminando el subterráneo con un destello cegador.

Faralalan tropezó al subir el primer escalón.

"¡Mierda…!" exclamó, girándose justo a tiempo para ver el rayo acercarse a toda velocidad.

Entonces, el suelo tembló. Un muro de roca se alzó de golpe frente a ella, interceptando el ataque en el último instante y explotando en fragmentos, protegiéndola por completo.

Dos figuras descendieron por las escaleras envueltas en una presencia imponente. Sus pasos resonaron con firmeza sobre los peldaños dañados, anunciando su llegada incluso antes de hacerse visibles. Eran ellos… quienes habían protegido a la pequeña hasta el final.

"¡Shouri! ¡Sergiv!" exclamó Lily al reconocerlos, con una mezcla de alivio y urgencia en la voz.

El Awsiya dio un paso al frente, recorriendo la escena con la mirada, evaluando rápidamente los cuerpos heridos y el caos que dominaba la sala. "¿Estáis bien?" preguntó con tono grave.

Faralalan no pudo contenerse más. Sus piernas cedieron y rompió a llorar, temblando mientras apretaba la Gema Infinita contra su pecho como si fuera lo único que la mantenía en pie.

"¡Los demás han sido derrotados! ¡Salvadnos!" sollozó entre lágrimas.

"Sabía que tenía que venir." murmuró Shouri chasqueando los dedos.

La pared del portón estalló al instante, desmoronándose en una nube de polvo y escombros que se apartaron como si obedecieran su voluntad. Ante ellos se abrió una vista completa de la sala… y de la Tottengräber, que permanecía en pie frente a la destrucción, perfectamente tranquila.

"Vaya, parece que estoy en apuros." sonrió Straciatella, ladeando la cabeza al verlos aparecer.

Shouri encendió un cigarro con calma, ignorando por completo la tensión del ambiente. Dio una larga calada antes de hablar, observándola con una mirada cargada de desconfianza.

"Pase el tiempo que pase, nunca terminaré de acostumbrarme a ver a supuestos aliados resultar ser espías enemigos." exhaló humo lentamente. "Aunque lo que más me sorprende es verte sin esa gema en la frente… y sin atributos de un animal. ¿Qué eres exactamente, y por qué estás haciendo esto?"

"¡No es asunto tuyo, fea!" respondió Straciatella sin perder la sonrisa.

La carta que apareció entre sus dedos fue La Estrella. Sin dudarlo, disparó un rayo de energía mágica condensada que atravesó el aire con un zumbido ensordecedor.

Con una sola calada más, Shouri alzó la mano. El suelo se fracturó y de él emergió un enorme gólem de roca que interpuso su brazo justo a tiempo, bloqueando el ataque en una explosión de luz y polvo.

"Ya veo…" comentó la leyenda soltando una bocanada de humo. "Ese símbolo en forma de V en tu cuello dice que eres del gobierno." Sus ojos se entrecerraron. "Pero… ¿por qué un ejecutor como tú estaría aquí por una mísera gema? ¡Necesito respuestas y haré lo que sea necesario para obtenerlas!"

El gólem avanzó y levantó su brazo con intención de aplastar a la Tottengräber de una vez por todas. Sin embargo, Straciatella cambió de carta en el último segundo: La Luna.

Su cuerpo se volvió liviano y dio un salto imposible, elevándose por encima del ataque y esquivándolo con elegancia sobrenatural.

"¡No es asunto tuyo!" repitió, esta vez con un deje de irritación.

La carta volvió a cambiar entre sus dedos, ahora era la de La Torre. Cientos de armas afiladas se materializaron en el aire, suspendidas apenas un instante antes de caer como una lluvia mortal sobre la leyenda.

Shouri alzó ambas manos y, en un instante, la roca respondió a su voluntad. A su alrededor se formó un escudo circular perfecto, compacto y giratorio, que bloqueó cada una de las armas afiladas que descendían con fiereza. 

Con la misma elegancia con la que lo había creado, la leyenda deshizo el escudo, sin perder el cigarro entre los labios ni la calma en la mirada.

"¡Shouri! ¿Necesitas ayuda?!" gritó Sergiv, acercándose con gesto alerta.

"No." respondió ella con una sonrisa ladeada, segura, casi desafiante.

Chasqueó los dedos y el suelo bajo los pies de la Tottengräber explotó en fragmentos cuando un gigantesco puño de roca emergió de golpe, ascendiendo con violencia y asestándole un golpe brutal. El impacto lanzó a Straciatella hacia el techo, estrellándola contra la bóveda con un estruendo seco que hizo temblar toda la sala.

La Tottengräber tosió sangre al caer, dejando una mancha oscura en el suelo… pero, aun así, no perdió su sonrisa.

"¿Por qué sigues sonriendo?" preguntó Shouri, frunciendo el ceño, incómoda ante aquella expresión.

"Porque no estoy sola, fea." respondió ella, sacándole la lengua con descaro.

El mundo se rompió en un instante.

Un cristal rojo emergió de repente, perforando brutalmente el pecho de Shouri. La sangre brotó a borbotones mientras el impacto la dejaba sin aire.

"¡GAGH!" gritó ella, retorciéndose de dolor.

"¡SHOURI, NOOOOO!" chilló Lily, con la voz quebrada.

"¿Shouri?" susurró Faralalan, paralizada por el horror.

"¿C-Cómo…?" murmuró Theo, incapaz de procesarlo.

"¡¿POR QUÉ HAS HECHO ESO?! ¡MALDITO TRAIDOR!" gritó Gretel, con los ojos inundados de rabia y lágrimas.

Detrás de Shouri se encontraba Sergiv. Su brazo, transformado en cristal rojo, atravesaba el pecho de la leyenda sin piedad.

"T-Tú…" murmuró la leyenda, girando el rostro hacia él mientras la sangre escapaba por la comisura de sus labios.

Sergiv se llevó la mano libre al cuello y arrancó una pegatina adherida a la piel, revelando un número romano grabado con tinta oscura: VIII.

"Tsk… un poquito más y le dices quién soy sin que estuviese preparado, idiota." la regañó con fastidio.

"¿Tú…? ¿TÚ ERES UNO DE ESOS TAMBIÉN?" gritó Theo, fuera de sí, corriendo hacia él.

"Así es." respondió con frialdad.

Un pilar de cristal surgió del suelo y golpeó al pequeño de lleno, estrellándolo contra la pared con violencia, dejándolo sin aliento.

Sergiv retiró lentamente el cristal del pecho de Shouri y la dejó caer al suelo como si no pesara nada. Después, comenzó a caminar hacia Straciatella mientras se desprendía del falso cristal incrustado en su frente.

"Fue toda una ventaja que un miembro de los Tottengräber como yo naciera con magia de cristal." dijo con una sonrisa orgullosa. "Resultó muy fácil hacerme pasar por uno de vosotros para infiltrarme en este caluroso país."

Faralalan corrió hacia Shouri, llorando desconsolada mientras intentaba cerrar la herida con su magia sanadora.

"¿Tanto tiempo… llevabas engañándonos… para obtener la gema?" preguntó Najaf entre jadeos, aún en el suelo.

"Ca... bronazo..." murmuró Rachid, intentando volver a ponerse de pie.

"Para nada." respondió Sergiv colocándose junto a su compañera. "Hace un par de años me enviaron a vigilar a los Ballure y mantener la gema a salvo, fingiendo ser uno más de vosotros. Pero ahora… todo cambió. Tengo nuevas órdenes. Y ya… no me importáis lo más mínimo, nunca fuimos amigos ni compañeros de verdad."

"¡Cabrón! ¡¿CÓMO TE ATREVES A MATAR A SHOURI?!" gritó Gretel, roto por el llanto.

"Ten cuidado, hermano… No son rivales para ti."

La voz de Hansel volvió a resonar en la mente de Gretel, clara y grave, como si estuviera justo a su espalda. No fue un susurro ni un eco lejano, sino una advertencia cargada de urgencia, atravesándole el pecho.

Gretel se quedó paralizado.

"¿Otra vez…? ¿Hansel?" pensó, con el corazón acelerándose de golpe. Sus ojos se movieron de un lado a otro, buscando un origen imposible para aquella voz que no pertenecía a ningún rincón de la sala.

Dio un paso atrás, casi sin darse cuenta, como si su propio cuerpo hubiese reaccionado antes que su mente. La furia que lo impulsaba se quebró por un instante, sustituida por una inquietud helada. Aquella voz no solo lo había detenido… lo había hecho dudar.

"Aún…" murmuró Shouri, incorporándose lentamente mientras la roca cubría su herida para contener la hemorragia. "¡AÚN NO ESTOY MUERTA!" exclamó, con los ojos ardiendo de ira.

Shouri juntó ambas manos frente a su pecho dando una fuerte palmada. La piedra del subsuelo respondió al instante, temblando con violencia antes de romperse desde dentro. Dos gigantes de roca colosales emergieron rugiendo, cada uno atrapando a uno de los Tottengräber entre sus pechos pétreos.

El techo no soportó la presión y se resquebrajó cuando las moles ascendieron con ellos, atravesando el subsuelo y saliendo a la superficie como si el mundo mismo los expulsara.

"¡Mierda!" alcanzó a gritar Straciatella justo antes de ser apresada.

"¿Aún tiene fuerzas esta zorra? ¡Joder!" rugió Sergiv, forcejeando inútilmente contra la prisión de roca.

Los gigantes continuaron elevándose hasta romper el techo del subterráneo, saliendo a la superficie. Allí permanecieron firmes, bloqueando a ambos enemigos a las afueras del palacio y captando la atención de todos los presentes, que los observaban atónitos ante su imponente presencia.

Shouri cayó de rodillas y después de bruces contra el suelo. Apenas podía moverse. Respiraba con dificultad, y aun así, forzó una sonrisa cansada.

"E-Esos sellos…" explicó entre jadeos. "Los mantendrán atrapados… hasta que mi vida… o mi conciencia… se apaguen. Así que… estaréis a salvo… por un tiempo."

"¡No hables!" exclamó Faralalan a su lado, con la Gema Infinita aún descansando sobre sus rodillas. "¡Voy a curarte sea como sea, lo prometo!"

Todos acudieron de inmediato, rodeándola con desesperación. Pero bastaba una sola mirada a la herida para comprender la gravedad de la situación.

"¡Nicole!" gritó Theo de pronto. "¡Nicole puede ayudarla!"

"¡Pero no está aquí!" respondió Gretel entre sollozos. "¡Y aunque viniera, no llegaría a tiempo ni de coña!"

"¡Resiste, Shouri, resiste!" lloraba Lily, aferrándose a su mano.

"Joder…" murmuró Shouri con una risa amarga. "¿Cómo… cómo bajé la guardia con ese chaval…? ¿Cómo mi experiencia no sospechó ni un mínimo de él?"

Los Awsiyas, aún maltrechos, se incorporaron como pudieron.

"Iremos a buscar ayuda." dijo Najaf con determinación.

"¡No podemos perder a Shouri!" añadió Yelena, apretando los puños.

"Buscaremos lo que haga falta para mantenerla con vida hasta que regrese esa sanadora." aseguró Rachid.

"¡No hará falta que venga Nicole! ¡Yo la curaré!" sollozaba Faralalan, derramando lágrimas sobre ella. "¡Lo prometo! ¡Shouri! ¡Vas a vivir!"

Shouri la miró. Sonrió con dulzura… y no dijo nada más.

"Es una herida mortal… no tengo salvación…" pensó mientras el dolor se expandía por todo su cuerpo. Lo único que está haciendo es alargar mis últimos minutos… pero… si está llorando así… no puedo pedirle que pare."

"Aguantaré. Aguantaré todo lo que pueda. Para que la pequeña Faralalan… al menos se quede tranquila pensando que lo dio todo por salvarme."

Continuará....

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