jueves, 1 de enero de 2026

Ch. 291 - Cecily vs Belial, el tigre lunar lleno

Unos minutos antes de los acontecimientos en el subterráneo del palacio, la batalla se desarrollaba en la Sala de la Selva del Animalia.

Raíces gruesas y retorcidas emergían del suelo como serpientes vivas, azotando el aire con furia en un intento constante por atrapar a Cecily. Envuelta en descargas eléctricas crepitantes, la ladrona las esquivaba saltando de árbol en árbol, moviéndose con una agilidad casi felina, cada impulso calculado al milímetro.

Una de las raíces logró rozarla, obligándola a apoyarse sobre ella. Cecily derrapó por su superficie rugosa y descendió hasta tierra firme con una voltereta precisa, clavando una rodilla en el suelo.

"Tsk…" pensó, chasqueando la lengua mientras evaluaba la situación. "La magia de este tigre le permite manipular toda la vegetación de la sala… ha convertido el entorno entero en una prisión viviente." Alzó la mirada, irritada. "Y para colmo, el cabrón no se ha movido ni un ápice desde que empezó el combate."

A lo lejos, Belial bostezó con desgana, frotándose un ojo del que escapó una pequeña lágrima. Su sonrisa ladeada estaba cargada de desprecio… y algo más.

"¿Eso es todo?" dijo con tono burlón. "¿Vas a pasarte el combate esquivando como una rata?" Inclinó la cabeza y se relamió los labios lentamente. "Podrías dejarte atrapar. Mis ramas harían el resto… te despedazarían la ropa y te dejarían completamente a mi merced."

Cecily apretó los dientes, con una vena marcándose en su frente.

"¡Tsk, maldito pervertido!" escupió, colocándose a cuatro patas.

La electricidad a su alrededor se intensificó de golpe, iluminando la selva artificial con destellos. A cada uno de sus lados, la energía tomó forma sólida: un león y un tigre, ambos creados enteramente de relámpagos, rugieron al unísono, haciendo vibrar el aire a su alrededor.

De manera coordinada, la ladrona y sus creaciones se lanzaron al ataque. Avanzaron con movimientos ágiles y precisos, saltando sobre las raíces enemigas que brotaban del suelo al tiempo que las esquivaban con una sincronía casi perfecta.

Saltos encadenados a toda velocidad, giros inesperados en el aire y apoyos fugaces se sucedían sin pausa mientras giraban alrededor del hombre bestia, reduciendo la distancia paso a paso. Sin embargo, Belial reaccionó con brutal eficacia: varias estacas de madera surgieron disparadas hacia la ubicación exacta de sus tres contrincantes, como si hubiera anticipado cada uno de sus movimientos.

El león y el tigre se interpusieron de inmediato frente a Cecily, protegiéndola del ataque. Las estacas los atravesaron y sus cuerpos se deshicieron en chispas eléctricas, pero su sacrificio no fue en vano. Aquel instante le otorgó a la ladrona la oportunidad perfecta: descendió y llegó a tocar el suelo a escasos centímetros de su enemigo.

Nuestra protagonista giró sobre sí misma y descargó una patada envuelta en electricidad directamente contra el torso de Belial. El impacto retumbó como un trueno seco y, por primera vez, el hombre-tigre se vio obligado a retroceder varios metros, arrastrando los pies por la arena sin llegar a perder el equilibrio.

"¡Bien! ¡Al fin se movió!" sonrió la ladrona, mientras reunía electricidad en la palma de la mano, las chispas crepitando entre sus dedos.

Sin darle un solo segundo para reaccionar, la energía tomó forma. Cecily generó una alabarda hecha de relámpagos puros y la lanzó con furia, como si arrojara un rayo condensado directamente a su pecho.

Belial respondió con un pisotón que hizo temblar el escenario. Del suelo brotó un grueso muro de madera que detuvo el ataque en seco, astillándose pero resistiendo. Acto seguido, golpeó el muro con la palma abierta y lo lanzó entero contra nuestra protagonista como un ariete.

La ladrona lo saltó por los pelos, pero al caer notó una sombra frente a ella. El sagrado apareció de improviso y, con un movimiento salvaje, la atrapó con ambas piernas alrededor del cuello. Giró sobre sí mismo y la estampó contra el suelo con una violencia brutal. 

El hombre bestia dio un paso atrás. Cecily quedó tendida un instante, sangrando por la nariz y la boca, antes de forzarse a incorporarse, temblorosa pero consciente.

"Capullo..." resopló ella, limpiándose con el dorso de la mano.

Con un simple chasquido de dedos, las raíces volvieron a atacar, clavándose en el suelo y azotando el aire sin descanso. Nuestra protagonista se vio obligada a moverse sin parar por la zona, saltando, rodando y esquivando con movimientos desesperadamente precisos, posibles únicamente gracias a su forma Fenrir.

Cecily acortó distancia de nuevo con su rival y se lanzó al ataque sin dudar. Descendió desde el aire con una patada chisporroteante, pero Belial la bloqueó con el antebrazo.

"¡Nada mal!" sonrió él, antes de agarrarla del tobillo con fuerza y lanzarla contra las raíces que emergían del suelo.

La joven chocó y derrapó sobre el cuerpo rugoso de una de ellas, girando sobre sí misma para amortiguar el golpe. En el mismo movimiento, saltó hacia atrás, esquivando por poco el empalamiento de otra que surgió justo donde iba a caer. Sus patas eléctricas rasgaron el aire al impulsarse de nuevo.

Entonces lo vio. Belial dio una palmada seca y la tierra respondió al instante: varias raíces brotaron todavía más grandes y violentas, retorciéndose unas sobre otras mientras él se lanzaba hacia ella envuelto en aquel torbellino natural, avanzando como una bestia imparable dispuesta a aplastarla.

Tras esquivar tres afiladas ramas que intentaron empalarla en rápida sucesión, Cecily se impulsó hacia arriba y se apoyó sobre el falso cielo pintado en el techo con sus cuatro extremidades. La electricidad recorrió su cuerpo mientras acumulaba energía y, acto seguido, se disparó hacia su contrincante como un rayo viviente.

Con un movimiento ágil, Belial alzó las raíces frente a él, entrelazándolas para formar un escudo de madera improvisado. Sin embargo, la fuerza de la protagonista lo avasalló. Cecily atravesó el escudo en una explosión de astillas y chispas, alcanzando al hombre bestia y descargando sobre él una lluvia de puñetazos que le destrozaron la camiseta y le arrancaron gruñidos de dolor.

En un gesto desesperado, el sangrado hizo brotar una raíz que fue directa a su abdomen. El impacto golpeó con violencia el cuerpo de nuestra protagonista, obligándola a retroceder un par de metros. Pero aquello no la detuvo. La joven juntó ambas manos y, con pura electricidad, creó el gigantesco rostro de un cánido.

La cabeza de lobo salió disparada contra el sagrado, devorándolo con sus fauces y lanzándolo brutalmente hacia atrás. Belial salió despedido y se estampó contra los árboles, levantando una densa humareda mientras el estruendo del impacto sacudía el escenario.

"¿Ya está?" pensó Cecily, agotada, llevándose la mano al costado sangrante.

De pronto, aquella sala con un falso cielo soleado se transformó en un paisaje lunar. El ambiente se volvió opresivo y, entre la humareda provocada por el impacto, comenzó a emerger una sombra. Su silueta era más grande de lo que la ladrona recordaba, más ancha, más imponente.

Cuando el humo se disipó, Belial ya no era el mismo. Era más alto y su cuerpo había madurado de golpe, dejando atrás el aspecto de un joven en la veintena. Sus músculos se marcaban con crudeza bajo la piel, cubiertos ahora de más pelo y con rasgos claramente atigrados. Se limpió la sangre que le corría de la nariz con el dedo, mientras su cabello, aún más largo, ondeaba con un brillo plateado bajo la luz lunar.

"Como me ponen las tías fuertes... ¡Es un gusto poder recibir tus golpes, a la par que ser capaz de oírte gemir del dolor!" exclamó, esbozando una sonrisa torcida.

De improviso, una rama emergió del suelo y se cerró alrededor de la muñeca de Cecily, lanzándola con brutalidad hacia el sagrado. Este la recibió con ambas palmas de sus zarpas, golpeándole el estómago con un impacto seco y devastador. Cecily vomitó y escupió sangre antes de salir despedida hacia atrás a una velocidad inimaginable.

Su cuerpo se estampó con violencia contra varios árboles, que acabaron siendo arrancados de cuajo. Finalmente cayó al suelo, quedando tendida mientras su sangre seguía tiñendo la tierra de rojo.

"Mierda..." murmuró, tocándose las heridas y mirando la palma de su mano manchada.

Belial avanzó hacia ella dando palmadas lentas y burlonas. "Venga, ¿ahora que me puse serio no me vas a ofrecer nada más?"

"Tsk..." resopló Cecily al ponerse de pie, mientras liberaba lentamente su energía mágica. "No esperaba tener que usarlo tan pronto, después del poco tiempo que llevo entrenándolo, pero... parece que no me queda otra."

De pronto, su cuerpo entero se cubrió de electricidad, envolviéndola de nuevo en una cubierta chisporroteante con la silueta de Fenrir.

"¿Otra vez ese truquito? ¡No funcionará!" sonrió Belial al verla adoptar el mismo aspecto con el que había estado luchando.

"Gracias a Marco y su fuego azul, pude comprender una forma de potenciar y hacer todavía más mía la electricidad." Cecily dio una palmada con ambas manos y, de inmediato, las chispas blancas y amarillas se tornaron rosadas. La cubierta eléctrica se pegó más a su cuerpo, definiendo sus formas y dándole un aspecto mucho más animal y salvaje.

"¿Qué cojones?!" exclamó el sagrado, visiblemente sorprendido.

Nuestra protagonista se colocó a cuatro patas, mostrando una forma completamente nueva, deslumbrante y teñida de un intenso brillo rosa.

"¡FENRIR: FULMINE ROSÉ!" exclamó ella, clavando en su enemigo una mirada desafiante y feroz.

Continuará...

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