viernes, 2 de enero de 2026

Ch. 292 - Fulmine Rosé

El enfrentamiento con Belial alcanzó un nuevo nivel, obligando a nuestra protagonista a recurrir a un as bajo la manga que había estado reservando para más adelante. Ahora, envuelta en una electricidad rosada que chisporroteaba sin descanso, Cecily se alzaba con el Fenrir: Fulmine Rosé.

Su postura cuadrúpeda era pura amenaza. La magia y las chispas desbordaban de su piel, delineando una silueta salvaje y letal. Sin embargo, lejos de intimidar a su contrincante, aquella transformación provocó la reacción opuesta: una carcajada grave y descontrolada.

"¡JAJAJAJA! ¡¿Todo eso para un simple bicho rosita?! ¡Cómo sois las mujeres!" se burló Belial, riendo hasta que las lágrimas asomaron por sus ojos. Acto seguido, dio un pisotón inmenso contra el suelo que no hizo brotar raíces… sino árboles enteros, que emergían violentamente de la tierra.

Las gigantescas plantas avanzaron en fila india hacia nuestra protagonista, derribando todo a su paso. Cecily no respondió con palabras. En cuanto el terreno comenzó a romperse, se lanzó a zigzaguear entre los huecos, esquivando con una precisión milimétrica los puntos exactos de donde emergían las feroces estructuras vegetales.

"Puedo hacerlo", pensaba la ladrona, con la mente afilada y el cuerpo en plena sintonía. "Gracias a la velocidad adicional que me da este modo, puedo esquivar justo en el instante en que un bulto surge de la tierra." Sus chispas rosadas trazaban destellos en el aire a cada movimiento. "Esta batalla es mía… y le demostraré que nunca debió subestimarme."

Cecily apareció de pronto frente a Belial y le lanzó una poderosa patada eléctrica. El hombre-tigre logró bloquearla al cruzar ambos antebrazos frente a su rostro, pero el impacto fue demoledor: la electricidad le quemó la piel y lo obligó a retroceder un par de metros, derrapando sobre la arena mientras gruñía de dolor.

El sagrado reaccionó al instante. Dio una palmada seca y, a ambos lados de nuestra protagonista, emergieron dos enormes árboles que se cerraron de golpe, golpeándola con crudeza y atrapándola en una especie de sándwich vegetal. Sin embargo, la trampa duró apenas un segundo. La madera estalló en pedazos y Cecily ascendió entre astillas.

Ya en el aire, juntó las manos y disparó diez alabardas eléctricas rosadas contra su enemigo. Belial se vio obligado a esquivarlas: las tres primeras las evitó con varios mortales hacia atrás, pero para las siguientes hizo brotar un árbol bajo sus pies que lo elevó bruscamente en altura.

Desde el techo surgió una rama en la que apoyó los pies apenas un instante. Usándola como trampolín, se disparó hacia Cecily y le asestó un poderoso puñetazo que la lanzó hacia abajo como un proyectil.

La ladrona giró el cuerpo durante la caída y se agarró con su cola eléctrica a la rama de un árbol. Aprovechó el impulso para girar y colocarse sobre otra rama, evitando por poco el impacto brutal contra el suelo. Sin embargo, al alzar la mirada, vio cómo su contrincante descendía sobre ella con un gigantesco tronco de madera, dispuesto a aplastarla.

"¡Tsk!" refunfuñó, afilando aún más su electricidad. Sin mirar atrás, saltó hacia él y aumentó el tamaño de sus zarpas chisporroteantes.

Con un solo movimiento de las manos, Cecily cortó la madera en pedazos y cerró la distancia con su rival, chocando ambos en el aire al entrelazar sus piernas en un violento impacto que hizo estallar chispas rosadas en todas direcciones.

Mientras aún mantenían los pies entrelazados en el aire, la ladrona juntó las manos y generó, a partir de su electricidad rosada, otro enorme rostro de lobo. Las fauces del cánido se cerraron con violencia y golpearon brutalmente al enemigo, estampándolo contra el techo. El impacto sacudió toda la sala antes de que el cuerpo del hombre bestia cayera rodando por el suelo.

Belial giró sobre sí mismo y se puso en pie de un salto, gruñendo con rabia. De inmediato hizo brotar de nuevo varias raíces de puntas afiladas, que se lanzaron hacia nuestra protagonista como serpientes desatadas.

Cecily saltó sobre una de ellas y cayó sobre otra, derrapando mientras descendía en diagonal hacia su enemigo. Al tocar tierra, se colocó a cuatro patas sin perder un solo segundo y embistió con toda su fuerza. El impacto lanzó a Belial contra la pared de la sala, que se resquebrajó bajo el golpe. El rival cayó al suelo, tosiendo sangre.

"N-No puede ser... ¿me está superando esta zorra?" comentó él, completamente anonadado. "¡ES IMPOSIBLE QUE UNA NIÑATA COMO TÚ, PUEDA SUPERARME!"

La ladrona aterrizó en el suelo a cuatro patas y alzó la mirada, clavándola en su enemigo con desafío puro.

"¿Niñata? ¿Yo?" dijo con una sonrisa cargada de rabia contenida. "¡Más te gustaría a ti haber pasado por una cuarta parte de todo lo que he tenido que vivir por ser quien quiero ser!" exclamó, disparando desde su cola tres alabardas rosadas que surcaron el aire como relámpagos.

"¡ERES UNA PERRA!" rugió Belial, fuera de sí. "¡LA GENTE BONITA COMO TÚ NO ESTÁ HECHA PARA EL COMBATE, ESTÁ HECHA PARA FOLLAR Y SER HUMILLADA ANTE HOMBRES COMO YO!" Alzó de inmediato un escudo de madera que bloqueó el triple ataque, astillándose bajo el impacto. "¡SERÉ UN PERVERTIDO, SERÉ TODO LO QUE QUIERAS! ¡PERO NUNCA SERÉ UN JODIDO PERDEDOR!"

Acto seguido, disparó cientos de troncos como proyectiles, arrancados del suelo y lanzados a toda velocidad.

"¡PUES PREPÁRATE, PORQUE SERÁS UN PERDEDOR MÁS!" replicó ella, comenzando a correr entre los troncos que pasaban rozándola. "¡Odio a los tíos como tú, que juzgan a los demás por su aspecto sin conocerlos lo más mínimo!"

"¿Y eso qué cojones tendrá que ver?" respondió él, doblando la cantidad de troncos que se precipitaban contra ella.

"¡NO SABES NADA DE MI VIDA!" gritó Cecily mientras saltaba entre los proyectiles. "¡No asumas que no estoy hecha para el combate ni sueltes tus misoginadas como si fueran algo normal! ¡Todo mi pueblo me odió por ser quien soy y acabé viviendo como la líder de una banda de ladrones durante años!" Saltó de un tronco a otro, usando el caos como apoyo. "¡Siempre huyendo y robando, porque era el único camino que tuve para sobrevivir, y todo eso me hizo mucho más fuerte!"

"¡¿TÚ?! ¡¿CÓMO VAS A HABER VIVIDO ESO SI ERES UNA CHICA GUAPA, BLANCA, PRIVILEGIADA Y ELFA?!" bramó Belial, convocando ahora una horda de raíces afiladas, más rápidas y letales que los troncos.

"¡PORQUE NUNCA HE SIDO PRIVILEGIADA!" respondió ella, saltando entre las raíces y derrapando por una de ellas sin perder el equilibrio. "¡He empezado a serlo ahora, porque encontré un camino mucho más admirable que el que recorría antes, y aun así tuve que afrontar mil problemas para poder sonreír de verdad!" Sus chispas rosadas estallaban a cada paso. "¡HE DERROTADO A MUCHOS ENEMIGOS, NUNCA ME RENDÍ… Y AHORA TAMPOCO!"

Con ese grito, Cecily salió disparada entre las raíces y apareció frente a su enemigo.

"¡NO PUEDO PERDER!" gruñó Belial, con la voz quebrada por la desesperación.

"¡Lo harás!" exclamó Cecily. "¡FULMINE ROSÉ: THUNDER TOWER!"

Bajó ambas manos al mismo tiempo con un movimiento vertiginoso y las apoyó contra el suelo. Al instante, una colosal torre de electricidad rosada descendió sobre Belial, envolviéndolo por completo. El sagrado gritó de dolor mientras los relámpagos lo devoraban desde dentro.

Cuando el ataque cesó, su cuerpo cayó al suelo inconsciente, chamuscado y humeante. Al mismo tiempo, la electricidad que cubría a la ladrona comenzó a disiparse lentamente.

"Te dije…" murmuró Cecily, incorporándose con una sonrisa cansada pero firme. "…que perderías igual, cabrón."

Batalla en la sala lunar del Animalia.

Cecily vs Belial, el tigre lunar lleno.

Ganadora: Cecily.

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Justo en el mismo instante en que la ladrona se alzó con la victoria, Shouri liberó su técnica de sellado. Gigantes de roca atravesaron el suelo con un estruendo ensordecedor y brotaron hacia la superficie, emergiendo alrededor del palacio como colosales guardianes de piedra.

"¿Eso es…?" murmuró Kanu, asombrado, al ver una de las enormes estatuas alzarse a escasos metros de su posición.

"¡Es la técnica de la maestra! ¿Por qué usaría algo así?" comentó Futao, anonadado, cerca de la segunda estatua, incapaz de apartar la mirada de aquella manifestación de poder.

Mientras tanto, Faralalan hacía todo lo que estaba en su mano para curar a Shouri. Sus manos temblaban mientras canalizaba su magia, consciente de sus propias limitaciones.

Entre que su poder aún no estaba completamente desarrollado y que la herida de la leyenda era, sin lugar a dudas, mortal, lo único que estaba logrando era extender su tiempo de vida unas pocas horas más. Todo dependería de cuánto fuera capaz de resistir la mismísima Shouri.

"Aguanta…" sollozaba la pequeña, con lágrimas deslizándose por sus mejillas mientras se aferraba a ella.

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Animalia, sala del trono.

Tras chocar sus ardientes puños, Marco y Draco retrocedieron de un salto, separándose para tomar aire. El calor seguía ondulando en la sala cuando, antes de que ninguno pudiera lanzarse de nuevo al ataque, una nueva presencia los puso en alerta.

Dos siluetas irrumpieron en la estancia volando. Nicole y Sherezade descendieron con rapidez.

La sanadora se acercó a Marco y recogió sus alas en un movimiento fluido, asegurándose de que la princesa también aterrizase a salvo.

"¡Chicas!" exclamó Marco al verlas, sin poder ocultar el alivio.

"¡Al fin nos reunimos contigo!" sonrió Nicole, respirando hondo tras el vuelo.

Sherezade dio un paso al frente y señaló directamente a Draco. "¡Acaba con esto de una maldita vez! ¡Ya no tenéis escapatoria!" Su voz resonó firme. "¡Y sabes de sobra que esa gema no tiene el valor que necesitas!"

Draco abrió la boca para responder, pero se detuvo de golpe. Un tercer sonido de fractura recorrió la sala, profundo y ominoso. Provenía de la fuente: otra sección se había resquebrajado, justo donde Belial había vertido su sangre.

"No puede ser…" murmuró el gobernador, con el gesto endurecido.

"¿Qué ocurre?" preguntó Nicole, notando el cambio en el ambiente.

"Cada vez que una parte de la fuente se rompe…" explicó Marco, apretando los puños, "…es porque uno de los sagrados ha sido derrotado."

Sherezade alzó la barbilla, solemne. "Mis amigos te pararán. ¡No tenéis ninguna posibilidad, ni siquiera con el Animalia activo!"

Draco no respondió. Dio un salto hacia atrás y se colocó junto a la fuente. Sin dudarlo, se rajó el brazo izquierdo con una de sus garras y dejó que su sangre cayera sobre el agua.

"¿Q-Qué estás haciendo?" preguntó Marco, alarmado.

"Tienes razón", respondió el hombre-bestia con calma peligrosa, mientras su herida comenzaba a cubrirse de escamas de dragón. "Es posible que nos superéis en algún momento. Pero eso no significa que vayamos a rendirnos."

De pronto, el Animalia vibró. Un temblor recorrió toda la estructura y la fortaleza flotante comenzó a moverse de nuevo, avanzando lentamente en dirección a Al-Amphoras.

"Se está moviendo otra vez…" comentó Sherezade, agachándose para no perder el equilibrio. Alzó la voz, furiosa. "¡¿Qué estás haciendo?!"

Draco sonrió, mostrando los colmillos. "Escuchad bien. Si Ashley pierde, la fuente será destruida. Y con ella, la fortaleza flotante conocida como Animalia." Sus ojos se clavaron en la princesa. "Por eso… me aseguraré de que, si cae en pedazos… ¡LO HAGA SOBRE TU ESTÚPIDO PALACIO, PRINCESA!"

"¡¿CÓMO?!" exclamó Sherezade, horrorizada.

"Quiere que el Animalia aplaste el palacio y a su gente…" dijo Nicole, con la voz tensa. "¡Eso es despreciable!"

"¡Por eso reactivó su movimiento!" comprendió Marco, dando un paso al frente mientras el fuego cubría su cuerpo. "¡Serás cabrón!"

"¡SI CAEMOS, CAEMOS TODOS!" rugió Draco, extendiendo las alas.

Continuará…

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