lunes, 5 de enero de 2026

Ch. 293 - El avance del Animalia

Con la derrota de Belial, Draco decidió tomar cartas en el asunto y jugar su último as bajo la manga: desplazar el Animalia sobre el palacio de Al-Amphoras para destruirlo en caso de que la última sagrada fuese derrotada.

En medio del caos que sacudía la sala del trono, los protagonistas luchaban por mantenerse en pie mientras la fortaleza flotante avanzaba lentamente hacia el corazón de la ciudad, cruzando las arenas del desierto y acercándose inexorablemente al lago donde Keipi y Ashley seguían librando su batalla.

"¡Mierda!" exclamó Sherezade al perder el equilibrio y caer de culo al suelo a causa de los violentos temblores.

"¡Tenemos que hacer algo!" gritó Nicole, aferrándose a una columna para no caer.

"¡No!" rugió Marco, envolviendo de nuevo su cuerpo en llamas. "¡Vosotras no tenéis que hacer nada aquí, yo me encargo de él!" Señaló hacia el exterior con determinación. "¡Regresad a Al-Amphoras y evacuad el palacio! ¡No podemos permitir que los Ballure mueran aplastados!"

"¡Pero…!" protestó la princesa, poniéndose en pie mientras se llevaba una mano al pecho. "¡No quiero abandonar el campo de batalla! ¡Este también es mi frente!" Su voz temblaba, pero su mirada ardía. "¡No puedo decepcionar a mi gente dejando la lucha en manos de extranjeros!"

Nicole se acercó a ella y le tendió la mano.

"Escucha…" dijo con suavidad, mirándola fijamente a los ojos. "Las guerras no se ganan solo luchando. También se ganan pensando, protegiendo y tomando decisiones difíciles." Apretó su mano con firmeza. "Marco tiene razón. Nosotras somos las únicas que podemos llegar a tiempo al palacio y evacuarlo. Si no lo hacemos, morirán cuando el Animalia sea destruido."

"Ya… pero…" murmuró Sherezade, con el cuerpo aún tembloroso.

"Sherezade." Marco dio un paso al frente, dándoles la espalda a ambas mientras encaraba a Draco. "Protege a los tuyos como la princesa que eres. Ese… es tu deber." El fuego crepitó con más intensidad a su alrededor. "Y el mío… ¡derrotar a este dragón!"

De pronto, Draco rompió a reír con una carcajada grave y desquiciada.

"¿Q-Qué le pasa ahora?" susurró Nicole, inquieta.

"¿De qué te ríes?" exigió Marco.

"¡Sois unos malditos ilusos!" se burló el gobernador de los hombres-bestia. "¿De verdad creéis que podéis marcharos de aquí tranquilamente y salvar a esa gente?" Su risa se volvió cruel. "¡Mientras el Animalia no sea derribado o yo lo detenga, nadie podrá salir de su interior!" Abrió las fauces con violencia. "¡IDIOTAS!"

Sin darles tiempo a reaccionar, Draco lanzó una colosal llamarada frontal, inundando la sala con fuego abrasador.

Sherezade reaccionó al instante. Se adelantó un paso y alzó dos vectores, uno a cada lado, que cortaron el aire y desviaron la llamarada con una precisión impecable.

"¡Mierda…!" masculló la princesa, tragando saliva al sentir el calor pasar rozándola. "¡Lo tenía todo planeado!" Apretó los puños. "¿Qué hacemos ahora?"

Marco no respondió. Sin pensárselo dos veces, se lanzó de cabeza a través de las llamas, impulsándose con los pies envueltos en fuego. En un parpadeo cerró la distancia y descargó un brutal puñetazo ígneo en el estómago de su contrincante. El impacto hizo que Draco saliera despedido varios metros hacia atrás, derrapando por el suelo de la sala.

"¡Vosotras poneos a salvo!" gritó nuestro protagonista, sin apartar la mirada de su enemigo. El fuego crepitaba con furia a su alrededor. "¡Este tío… sigue siendo mi rival!"

"¡Por aquí!" urgió Nicole, tomando a la princesa de la mano y tirando de ella hacia una de las salidas de la sala.

Sherezade se dejó arrastrar unos pasos, pero se detuvo un instante. Giró la cabeza y miró atrás, hacia Marco y el dragón, con el corazón latiéndole con fuerza.

"Yo…" murmuró, dudando.

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Sala de la selva.

Cecily avanzaba lentamente hacia la salida, tenía el cuerpo cubierto de heridas y había usado tanta electricidad que el cansancio la azotaba y fatigaba cada segundo.

"Tsk… tengo que reunirme con los demás…" murmuró entre dientes, arrastrando los pasos.

De pronto, su visión se nubló. El daño acumulado pesaba demasiado y sus piernas fallaron por un instante, haciéndola perder el equilibrio y precipitarse hacia el suelo. Antes de que pudiera caer, una mano fría la sujetó con firmeza.

"Veo que estás agotada." La voz de Ryan sonó tranquila, casi divertida, mientras la sostenía con sus prótesis metálicas.

"U-un poco…" respondió ella con una sonrisa cansada, dejándose caer sin resistencia en los brazos de su compañero.

"¿Quieres que te lleve, princesa de los ladrones?" preguntó el hijo de la dragona, esbozando una sonrisa burlona.

"No esperaría menos del escudo del emperador, ¿no crees?" replicó Cecily, devolviéndole la sonrisa.

Ryan la cargó sobre la espalda con cuidado y comenzó a avanzar. Juntos abandonaron la sala natural, dejando atrás los restos de la batalla.

"Y bien…" dijo él tras unos pasos. "¿Buscamos a los demás?"

"Sí…" respondió la ladrona, apoyando la frente en su hombro. "Al menos tenemos que encontrar a Sherezade y a Nicole…"

Con ese objetivo en mente, ambos se internaron en los pasillos del Animalia, avanzando juntos por la fortaleza flotante mientras el destino de todos pendía de un hilo.

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Interior del Palacio.

Todos los Ballure quedaron en silencio al ver el estado en el que regresaban los Awsiyas. Estaban cubiertos de heridas, exhaustos… y cargaban con el cuerpo moribundo de Shouri.

Sin decir una sola palabra, la gente se apartó, abriendo un hueco en el centro de la sala. Allí la depositaron con sumo cuidado, improvisando una camilla con harapos que también sirvieron para hacer de almohada. Faralalan se arrodilló a su lado de inmediato, tenía las manos temblorosas mientras continuaba curándola como podía, sin detenerse ni un segundo.

La elevada humedad de la zona subterránea no ayudaba a su estado. Por eso decidieron subirla a una zona más alta, donde el aire fuese más limpio y su respiración pudiera sostenerse un poco más. Cada pequeño detalle importaba. Todo era necesario para mantener viva a la leyenda el tiempo suficiente para que Nicole pudiera llegar.

Judas se acercó despacio y tomó la mano de la mujer herida. La miró con una pena profunda, desviando la vista solo para observar a su nieta adoptiva, que luchaba entre lágrimas por cerrar aquella herida monstruosa que atravesaba el pecho de Shouri.

"Es mortal, ¿verdad?" preguntó el anciano con voz apagada.

"Lo es." Shouri respondió sin titubear. Luego giró apenas el rostro hacia Faralalan. "Pero… si ella quiere intentar salvarme, no puedo negarme a su deseo."

Judas asintió lentamente.

"Eres una mujer honesta, Shouri. Tu nombre te precede como leyenda, y tu trato con los inocentes es más digno que el de muchos que se sentaron en tronos." Apretó su mano con gratitud. "Pudiste haber sido elegida emperadora de Pythiria… y no me habría sorprendido en absoluto."

El anciano tragó saliva.

"Por si no llego a tiempo a decírtelo más adelante… gracias. En nombre de todos. Por proteger la gema infinita, por cuidar de mi nieta y por traernos a un grupo de jóvenes capaces de plantar cara a nuestro peor enemigo."

"No fue nada…" respondió Shouri, esbozando una sonrisa débil. "Simplemente… me aburría."

Entonces, la puerta se abrió de golpe con una fuerte patada.

"¡MAESTRA!"

Kanu y Futao irrumpieron en la sala, completamente alterados. Sin detenerse, corrieron hacia ella, los rostros desencajados por el miedo y la desesperación, rompiendo de golpe la frágil calma que había envuelto aquel lugar.

"¿Qué ha pasado?" preguntó el arquero, nervioso, mirando a su alrededor como si la respuesta pudiera saltarle encima en cualquier momento.

"¡Responded, por favor!" suplicó Futao, con la voz quebrada.

"Es difícil de explicar en tan poco tiempo…" intervino Najaf, ajustándose las gafas rotas con dedos temblorosos. "Pero Sergiv nos traicionó. Aprovechó un descuido y atravesó a vuestra maestra por la espalda."

"¡¿Sergiv?!" rugió Kanu, con los dientes apretados y los puños temblando de furia. "¡Ese cabrón!"

"Ostras… nunca había escuchado a Kanu decir palabrotas…" murmuró Lily, completamente anonadada.

"Ya…" añadió Theo, tragando saliva. "Sí que está realmente cabreado..."

Futao y Kanu se miraron un segundo. No hicieron falta palabras. Asintieron al mismo tiempo y se arrodillaron junto a su maestra.

"Chicos… es inútil." Shouri habló con un hilo de voz, pero sin perder la calma. "Yo ya…"

"¡No lo es!" la interrumpió el lancero con firmeza. "¡Aún hay tiempo! ¡Nicole puede llegar en cualquier momento! Si fue capaz de sanar el corazón de Keipi, como nos contó Marco, también puede salvarte a ti. ¡Solo necesitamos ganar tiempo!"

"¡Y para eso!" añadió el arquero, acercándose con decisión. "¡Tenemos que quitarte los limitadores!"

Sin dudarlo, agarró el parche que cubría su ojo y lo arrancó de cuajo, dejando al descubierto la mirada cansada pero aún afilada de Shouri. Al mismo tiempo, Futao retiró las pulseras y tobilleras que sellaban su poder, dejándolas caer al suelo con un tintineo metálico.

"¡Si te quitamos esto, tendrás más energía mágica para bombear el corazón!" exclamó el lancero, con la voz rota pero decidida. "¡Así que no te rindas, maestra! ¡No lo hagas, pase lo que pase!"

"Chicos…" murmuró ella, consciente de que, aun con todo aquello, sobrevivir era casi un milagro.

Entonces, Kanu sacó un cigarro y se lo colocó en la boca con una delicadeza inesperada. Lo encendió y se quedó ahí, observándola, incapaz de decir nada más.

"Gracias." dijo Shouri, soltando el humo despacio.

"¡No te rindas, joder!" replicó el arquero, apretando los dientes para contener las lágrimas.

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Lago de Al-Hassam.

El choque entre ambos desató un estallido colosal de agua. La explosión levantó una presión de viento que barrió la superficie del lago, mientras los dos combatientes derrapaban sobre la superficie acuática en direcciones opuestas, separándose a la fuerza.

Fue entonces cuando el Animalia cruzó sobre sus cabezas, proyectando una sombra inmensa que engulló el lago por completo antes de alejarse en cuestión de segundos.

"Anda… ¿y eso por qué se mueve?" preguntó Keipi, girando la cabeza para seguirlo con la mirada.

"¡NO TE OLVIDES DE MÍ!" rugió Ashley, lanzándose hacia él en un salto explosivo y asestándole un puñetazo directo que lo hizo rodar violentamente sobre la superficie acuática.

"¡No me olvido!" respondió el monje con una sonrisa feroz. Al instante, hizo emerger un géiser bajo su compañera, que estalló con brutalidad y la lanzó por los aires.

Ambos aterrizaron casi al mismo tiempo. Sonrieron. Se miraron con desafío puro. Y, sin decir una sola palabra más, volvieron a lanzarse el uno contra el otro.

Continuará…

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