miércoles, 7 de enero de 2026

Ch. 295 - Familia

Decididos a poner fin a su combate, ambos elevaron su magia al límite, preparando el escenario para un último choque definitivo.

Keipi surfeó sobre la superficie del lago, acelerando a toda velocidad con su espada transformada en un taladro de agua al frente. La corriente giratoria aumentaba de tamaño a cada metro recorrido, rugiendo con una fuerza imparable mientras se abalanzaba sobre su rival.

"Conozco todos tus movimientos. Nada puede igualarme." sonrió Ashley, comenzando a retroceder. Ejecutó enormes mortales hacia atrás, encadenándolos con precisión milimétrica, esquivando el ataque por un margen mínimo en el instante justo antes de que el taladro acuático la alcanzase.

La potenciadora giró sobre sí misma y descargó una patada brutal contra una de las columnas de roca que sobresalían del lago. El impacto arrancó el fragmento de cuajo, lanzándolo a toda velocidad contra su compañero.

El monje reaccionó al instante: con un movimiento preciso del taladro, partió la columna en dos… pero fue justo en ese momento cuando Ashley apareció frente a él. Su pie chocó de lleno, a máxima potencia, contra el agua que avanzaba rugiendo.

La presión fue insoportable. El taladro se desintegró en una explosión líquida y la joven salió despedida hacia atrás, girando violentamente por el aire.

Ambos derraparon sobre la superficie del lago para recuperar el equilibrio. Keipi fue el primero en actuar. Con un gesto rápido de su mano, generó varias esferas de agua que comenzaron a rotar con violencia antes de salir disparadas como proyectiles. 

La potenciadora se lanzó al frente con el cuerpo inclinado, corriendo en zigzag sobre el agua mientras las esferas explotaban a su alrededor. Acortó la distancia en un suspiro y, aprovechando una apertura, clavó un rodillazo directo en el estómago del monje, obligándolo a retroceder varios metros con un gesto de dolor contenido.

Mientras seguía deslizándose hacia atrás, Keipi hundió ambas manos en el lago. Al alzarlas, levantó una cantidad descomunal de agua que empezó a girar sobre sí misma, compactándose hasta adoptar, de nuevo, la forma de un gigantesco taladro líquido.

La furia se reflejó en su mirada cuando se lanzó al frente con todo su poder. Ashley no retrocedió. Al contrario, respondió avanzando hacia él, encadenando volteretas hacia adelante, aumentando su velocidad y concentrando toda la potencia posible para el choque que se avecinaba.

Y entonces, la colisión fue devastadora. 

El taladro de agua y las piernas de la mujer-conejo colisionaron con una fuerza apocalíptica. El impacto levantó inmensos muros de agua a ambos lados del lago, desgarrando la superficie y dejando al descubierto la tierra del fondo. La presión fue tan brutal que el terreno cedió, arrancando un enorme islote que se elevó hacia el cielo con ambos combatientes sobre él, mientras una densa humareda nacida del choque envolvía toda la escena.

Cuando el humo comenzó a disiparse, Keipi yacía tendido sobre la superficie del islote, el cuerpo cubierto de heridas y su modo Kami completamente desactivado. Apenas conservaba la ropa interior. Frente a él, Ashley también permanecía en el suelo, respirando con dificultad, sin su forma de conejo lunar y en la misma situación. La violencia del enfrentamiento había destrozado las vestimentas de ambos, reducidas a jirones por la presión salvaje del viento.

"N-No ha terminado." comentó la potenciadora, apretando los dientes mientras se incorporaba con esfuerzo.

"¡Lo mismo digo!" exclamó Keipi, soltando a Priscilla y dejándola caer desde el islote que aún seguía elevándose hacia el cielo.

En ese instante, el islote dejó de ascender y comenzó a caer lentamente de regreso al lago. Sin esperar más, ambos avanzaron al mismo tiempo. Sus puños cruzaron el aire y se estrellaron contra el rostro del otro en un golpe simultáneo, haciéndoles escupir sangre.

Por suerte, apenas les quedaba energía mágica en el cuerpo. Ni el agua ni la potenciación podían ser utilizadas en aquel último intercambio. Lo único que les quedaba era su propio cuerpo… y todo lo que llevaban dentro.

Ambos derraparon sobre la superficie con los pies descalzos, desgarrándose las plantas contra la roca húmeda. La sangre manó de inmediato, pero ninguno dejó escapar un quejido. Se miraron con determinación y continuaron avanzando como si nada, comenzando a transmitirse sus sentimientos no solo con los golpes, sino también con las palabras.

"¿De verdad crees que tienes razón?" preguntó Keipi, lanzándole un puñetazo directo.

"¿Y tú crees que estoy equivocada? ¿Tan tonta parezco como para estar siempre eligiendo las peores opciones?" respondió Ashley, esquivándolo. Le atrapó el brazo y, con una llave de judo, lo lanzó contra el suelo.

"¡Pues sí!" replicó el joven, alzando ambas piernas para patearla en el mentón y hacerla retroceder. "¡Siempre te obsesionas con tener la razón y con ser la mejor, pero no siempre todo es así!" añadió, incorporándose con un kip up.

"¡No se trata de tener razón o no!" gritó ella, embistiéndole con rabia. "¡Convertirme en vuestra enemiga en esta guerra y querer seguir siendo amigos no es una opción tan fácil como crees!"

"¡Aun así fue una decisión que tomaste!" respondió el monje, retrocediendo. "¡Y encima pretendes que nos lo tomemos bien y que actuemos como si nada hubiera pasado!" apretó los dientes. "¡Hemos venido a ayudar a Faralalan a detener esta guerra, no a meternos en este estúpido conflicto entre paladines porque los hombres-bestia te han lavado el cerebro!"

"¡NO ME HAN LAVADO NADA! ¡LO HICE PORQUE QUISE, KEI!" replicó ella. "¡¿QUÉ HABRÍAS HECHO TÚ EN MI SITUACIÓN?! ¡¿ES QUE ACASO SABES LO QUE PASÓ?!" gritó entre lágrimas, asestándole un puñetazo en pleno rostro.

"¡PUES NO!" respondió Keipi, devolviéndole el golpe con la misma fuerza. "¡PORQUE EN NINGÚN MOMENTO QUISISTE PEDIR AYUDA!" continuó, la voz quebrada. "¡SOMOS TUS AMIGOS, PERO DECIDISTE APARTARNOS Y TOMAR UNA DECISIÓN DIFÍCIL SIN CONTAR CON NOSOTROS!"

"¡NO SIEMPRE PUEDO DEPENDER DE VOSOTROS, JODER!" gritó Ashley, lanzándose hacia él y estrellando su frente contra la suya. El impacto hizo que ambos sangraran. Jadeando, con la voz temblorosa, añadió: "Kei… después de muchos años… pude volver a ver a mis padres. Y ellos… se arrepintieron. Me pidieron perdón de verdad por haberme abandonado. Solo… solo quiero ayudarles…"

"Sé que es difícil… y que no soy muy bueno cuando se trata de conflictos sentimentales o temas familiares…" respondió el joven, limpiándose la sangre de la nariz con el pulgar. "Pero sí sé que, al menos, yo habría pedido ayuda si me hubiese encontrado en tu situación."

La potenciadora guardó silencio. En su mente se proyectó la imagen de sus padres, sonriendo en casa, esperándola mientras Sylvapura recuperaba su economía y, por fin, podían aspirar a una vida mejor.

"Solo quiero un mundo…" comenzó, con la voz temblorosa, "en el que ellos no tengan que volver a sufrir lo que es… abandonar a tu hija por la falta de dinero." Tragó saliva. "Incluso le pedí a Draco que dejara a mi padre y a los demás Zodaico que ya habían sido derrotados descansar en Sylvapura… que confiara en nosotros, los sagrados. Todo… todo para poder ayudarles a remontar." Una lágrima escapó de sus ojos. "Pero aunque no quiera seguir luchando… no nos queda otra. Quiero ayudarles."

De pronto, se lanzó hacia delante y descargó un puñetazo directo al mentón de su compañero. Keipi no intentó esquivarlo. Lo recibió de frente, con orgullo, escupiendo sangre al suelo.

Mientras el islote descendía lentamente hacia el lago, el espadachín alargó la mano y le sujetó el mentón con suavidad, obligándola a mirarlo a los ojos.

"No hace falta seguir luchando. Aún quedan muchas opciones, Ash." dijo con voz serena.

"¿Más opciones? ¿Cómo cuáles? ¡Sin esa gema no hay oportunidad!" respondió ella, con desesperación.

"Ni siquiera con ella…" replicó Keipi con sinceridad. "La gente de Luore y Marco no te ha mentido, ni a ti ni al resto de los hombres-bestia. Esa gema no tiene valor monetario. Es… un sello que mantiene contenido el poder de Yumeith. Y el gobierno imperial la necesita."

"¿C-Cómo?" balbuceó ella, totalmente desconcertada.

"Priscilla supo leer los jeroglíficos de los templos que visitamos. Viajamos por cuatro de ellos reuniendo información, hasta llegar a un quinto templo oculto. Allí encontramos la verdad." Continuó, con el rostro serio. "Y también apareció el Zodiaco del Dragón… que resultó ser un agente encubierto del gobierno imperial. Fue él quien me contó que provocaron esta guerra usando falacias, para que les resultara más fácil hacerse con la gema."

"¡MIENTES!" gritó Ashley, golpeándolo de nuevo. "¡Siempre nos tomáis por idiotas a los que somos de otra especie! ¡Siempre nos menospreciáis y queréis demostrar que vosotros tenéis la razón!" lanzó un segundo puñetazo con rabia.

Keipi lo esquivó y, en lugar de contraatacar, la rodeó con los brazos, abrazándola con firmeza. La potenciadora se quedó completamente inmóvil, sorprendida.

"Nunca te mentiría." dijo él en voz baja. "Porque somos familia."

Entonces la roca impactó contra el lago, partiéndose en mil pedazos y lanzando a ambos por los aires. Terminaron aterrizando sobre la superficie acuática, flotando a poca distancia el uno del otro, mirando en silencio el cielo estrellado.

"¿Fuimos engañados?" preguntó ella, sin apartar la vista de las estrellas.

"Sí…" respondió Keipi tras unos segundos. "Pero eso no os vuelve tontos, ni idiotas como creéis. Al contrario: os hace valientes." Flotaba cerca de ella, con la mirada serena puesta en el cielo. "No cualquiera, en una situación económica tan desesperada, se aferraría con tanta fuerza a algo sin valor histórico con tal de salir adelante, enfrentándose a cualquier rival. Pero vosotros lo hicisteis."

"¿Y entonces…?" murmuró Ashley. "¿Qué podemos hacer ahora? ¿Qué hago con mis padres?" añadió, con la preocupación marcando su voz.

"Marco es el emperador, ¿recuerdas?" dijo Keipi con una leve sonrisa. "Él podrá ayudarles cuando tome la corona como es debido. ¿No crees?"

Ashley soltó un suspiro largo y, por primera vez en mucho tiempo, sonrió de verdad.

"Joder… soy una puta idiota." dijo, frustrada consigo misma. "Mira que no pensar en ello." Sus ojos reflejaban aún el dolor. "Me obsesioné tanto con mi familia que perdí completamente el norte…"

"Bueno…" comenzó el espadachín con su sonrisa despreocupada de siempre, "lo único que tienes que entender es que la familia no es solo la que comparte tu sangre." Giró ligeramente la cabeza hacia ella. "Nosotros hemos compartido aventuras, comidas, risas, llantos, pérdidas, batallas… y un montón de cosas más. Y creo que todo eso nos convierte en una familia de lo más peculiar." rio suavemente.

"¡Jajaja! Pues sí." respondió ella, sonriendo. "¿Y crees que esa familia… querrá que vuelva con ellos?"

"Yo diría…" contestó Keipi, "que te están esperando con los brazos abiertos."

Ashley cerró los ojos un instante y sonrió. "Keipi… te quiero, tío."

"Yo también te quiero, Ash." respondió el monje.

Batalla en el lago Al-Hassam.

Keipi vs Ashley.

No hubo ganador.

Volando a toda velocidad, Priscilla apareció en escena. Se posó sobre el rostro de su compañero y le dio un ligero picotazo en la frente.

"¡Auch!" exclamó él.

"¡Eso es por tirarme de aquel pedrusco sin avisar, capullo! ¡Me las tuve que apañar para no acabar hundida en el fonde del lago!" protestó el arma mítica. Luego giró la cabeza hacia Ashley. "¡Y a ti te voy a dar otro, Ash!" la amenazó.

"Jajajaja, lo tengo merecido." admitió ella, rascándose la nuca. Luego su expresión se volvió más seria. "Pero bueno… yo… renuncio a seguir siendo un Sagrado."

"Normal." sonrió Keipi. "Tu verdadero hogar siempre ha sido ser una paladín a mi lado."

Sin embargo, aquellas palabras de Ashley fueron las que desencadenaron un desenlace completamente inesperado.

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En ese mismo instante, el Animalia se encontraba suspendido justo encima del palacio de Al-Amphoras. Y fue en el momento exacto en el que Ashley renunció verbalmente a su puesto como Sagrado cuando… la última porción de la fuente se resquebrajó.

Mientras Draco y Marco intercambiaban golpes, ambos se detuvieron en seco al escuchar aquel crujido profundo. El sonido resonó por toda la estancia. Los dos quedaron anonadados al ver cómo la fuente terminaba de romperse por completo, cubriendo la sala de grietas y haciendo que todo comenzara a temblar.

"¡No fastidies…!" murmuró nuestro protagonista.

"¡Y JUSTO CUANDO ESTAMOS EN AL-AMPHORAS! ¡JAJAJAJA!" estalló en carcajadas el gobernador de los hombres-bestia. "¡Me da igual haber perdido a mis mejores guerreros! ¡Con esto, al menos ambos bandos saldremos perdiendo! ¡JAJAJAJAJA!"

En el exterior, el Animalia comenzó a resquebrajarse. Grandes grietas se abrieron en su estructura y pequeños fragmentos empezaron a desprenderse, cayendo sobre el palacio donde todos descansaban, presagiando una catástrofe inminente.

Continuará…

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