Un par de minutos antes de que las gigantescas manos de roca detuvieran el descenso del Animalia sobre el palacio de Al-Amphoras, quienes aún se encontraban en su interior tuvieron que enfrentarse al derrumbe.
Ryan avanzaba por los pasillos con Cecily en brazos cuando un violento temblor sacudió el castillo de arriba abajo, obligándoles a detenerse en seco.
"¿Qué ha sido eso?" preguntó, con el ceño fruncido.
"N-No lo sé… pero no pinta nada bien…" respondió la ladrona, girando la cabeza de un lado a otro, alerta.
No tuvieron tiempo de reaccionar.
Frente a ellos, los pasillos comenzaron a venirse abajo. Vigas y columnas se desplomaron sin control y, en un parpadeo, el suelo bajo sus pies se resquebrajó por completo, abriéndose en un abismo formado por salas y corredores destrozados.
"¡Mierda, si caemos la espichamos!" gritó Ryan.
De su espalda surgieron dos cadenas rematadas en ganchos que salieron disparadas y se clavaron en las paredes, frenando su caída durante unos angustiosos segundos.
"¿Pero qué coño está pasando?" exclamó Cecily asustada, aferrándose con fuerza a él.
"No tengo ni idea…" respondió entre dientes.
De pronto, la pared de la izquierda —donde uno de los ganchos estaba anclado— se fragmentó. El agarre cedió y ambos hicieron el amago de caer.
Antes siquiera de que pudieran gritar, Ryan lanzó una tercera cadena, que se enganchó por los pelos a una sección aún sólida del edificio, deteniendo a tiempo un nuevo descenso.
"No podemos quedarnos aquí…" dijo Cecily, apretándose contra él con el corazón desbocado. "Es peligroso. Tenemos que salir del Animalia cuanto antes. Por alguna razón que desconocemos, esto se está derrumbando."
"Tienes razón…" murmuró Ryan, buscando con la mirada alguna posible salida entre el caos.
Entonces ocurrió.
Un enorme fragmento de pared se desprendió desde lo alto y cayó de lleno sobre su espalda. El impacto lo sacudió por completo. La sorpresa y el dolor hicieron que perdiera el control, y las cadenas se soltaron de su espalda.
Ambos se precipitaban al vacío sin control, pero Ryan reaccionó por puro instinto.
Rodeó a Cecily con los brazos y giró su cuerpo en el aire, colocándose debajo de ella para recibir el golpe. Su espalda impactó contra el suelo con violencia, deteniendo la caída a costa de su propio cuerpo.
"¡GAGH!" gruñó, escupiendo sangre.
"¡R-Ryan! ¿E-estás bien?" preguntó ella, con la voz temblorosa.
"N-No mucho…" respondió entre jadeos. "Sin energía mágica… no aguanto como en los combates…" Sus brazos temblaban visiblemente. "Ni siquiera sé cuánto tiempo podré seguir manteniendo las prótesis…"
En ese instante, el descenso del castillo se detuvo en seco.
Las manos de roca de Shouri habían logrado frenar el Animalia. El temblor cesó y, por primera vez en minutos, el edificio dejó de resquebrajarse.
"¿H-Ha parado…?" murmuró el hijo de la dragona, incrédulo.
"Eso parece…" respondió Cecily, incorporándose con dificultad. "Tenemos que aprovecharlo. ¡Hay que salir de aquí!" dijo, mirando a su alrededor con desesperación.
Pero Ryan vio algo más.
Desde lo alto, una enorme columna se precipitaba directamente hacia ellos. En su estado actual no podrían esquivarla. Tampoco les quedaba energía suficiente para detenerla sin que uno de los dos pudiera acabar muerto por el exceso de esfuerzo.
No dudó. Reuniendo las últimas fuerzas que le quedaban, agarró a Cecily, tiró de ella hacia sí y giró el cuerpo una vez más, colocándose como escudo.
"¡Ryan—!"
El pilar cayó y el impacto fue brutal. Su cuerpo no soportó el peso y ambos quedaron atrapados bajo la columna, aplastados contra el suelo.
Durante unos instantes, reinó el silencio. Entonces… poco a poco, Cecily abrió los ojos recuperando la conciencia.
"¿R-Ryan…?" susurró, temblando.
No hubo respuesta.
Fue entonces cuando lo vio. Las prótesis de su compañero no estaban en su sitio. Habían desaparecido, lo que significaba que él había perdido el conocimiento.
"¡No…!" gimió, con la voz rota. "¡Ryan! ¡DESPIERTA! ¡RYAN!"
Intentó moverse, pero era imposible. El peso del cuerpo de su compañero y el de la columna los mantenía inmovilizados.
"¡JODER!" gritó, al borde del pánico. "¡QUE ALGUIEN NOS AYUDE, POR FAVOR! ¡NICOLE! ¡MARCO!"
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Sala del gobernador del Animalia.
Cuando las manos de Shouri detuvieron el edificio en seco, la sala entera quedó inclinada en posición vertical. El violento cambio provocó que tanto Nicole como Shouri salieran despedidas y chocaran de espaldas contra la pared… que ahora se había convertido en el suelo.
La situación era justo la contraria para los dos rivales.
Marco se mantenía en pie sobre las baldosas, apoyado parcialmente en un saliente rocoso formado por la fragmentación del terreno. Alzó la mirada. Allí arriba, Draco permanecía de pie sobre la plataforma de piedra que había sido atornillada en el suelo y que solía sostener su trono —ya reducido a escombros tras el derrumbe—.
El gobernador de los hombres-bestia estaba completamente atónito. Giraba la cabeza de un lado a otro, incapaz de comprender lo ocurrido.
"¿Por qué… se ha detenido?" murmuró, incrédulo.
"¡Es verdad! ¡¿Qué ha pasado?!" exclamó Sherezade, incorporándose con dificultad.
"No lo sé…" respondió Nicole, sacudiéndose el polvo antes de desplegar sus alas. "Pero ahora podemos salir de aquí."
"Pero…" dudó la princesa.
"¡Chicas!" intervino nuestro protagonista con firmeza. "¡Ryan y Cecily seguían dentro del Animalia! Buscadles y ayudadles. Puede que estén heridos por el derrumbe y por sus combates contra los sagrados."
"Marco…" dijo Sherezade, sorprendida por su tono.
"Os lo confío." les dedicó una breve sonrisa.
"¡Pues claro! ¡Lo conseguiremos!" respondió Nicole, devolviéndole la sonrisa mientras colocaba la mano sobre su pecho, en gesto solemne. "Puedes confiar en mí."
"¡Sí! ¡Salvaremos a tus amigos! ¡Confía en nosotras!" añadió la princesa con determinación.
La sanadora rodeó la cintura de su compañera y ambas se impulsaron, surcando los largos y destrozados pasillos del Animalia en busca de sus aliados.
"¡¿ES QUE NO PODÉIS DEJAR QUE ALGO NOS SALGA BIEN?!" rugió Draco, furioso. Su rostro comenzó a deformarse levemente, adoptando rasgos dracónicos.
"¡PUES NO!" respondió Marco.
Se impulsó con una explosión de fuego y cruzó la distancia en un instante. Su codo impactó con violencia contra el rostro de Draco, haciéndole sangrar por la nariz mientras lo estampaba contra la pared opuesta… que ahora era el techo.
El joven embistió con todo su cuerpo a su contrincante, atravesando varias paredes y ascendiendo a toda velocidad por el interior del castillo hasta salir a la superficie.
Su cola de dragón golpeó a Marco con violencia, estampándolo contra una de las paredes cubiertas de musgo del exterior del Animalia.
"¡ESO NO ES ASÍ!" bramó Draco, disparando una gigantesca esfera de fuego.
"¡SIEMPRE CREERÉ ANTES A UN IGUAL QUE A UN BALLURE O A CUALQUIER OTRA ESPECIE!" rugió el gobernador, fuera de sí.
El emperador atravesó la esfera de fuego sin sufrir daño alguno. Sus llamas comenzaron a tomar forma, alargándose y elevándose hasta convertirse en un inmenso fénix de fuego azul.
El ave ígnea devoró al gobernador enemigo, lanzándolo por los aires mientras su capa caía al suelo, reducida a cenizas.
"¡BASTA DE FALACIAS, CHAVAL!"
El cuerpo de Draco, que aún estaba en el aire ascendiendo por el ataque anterior, comenzó a retorcerse. Su forma humana se desgarró y mutó lentamente hasta convertirse en un gigantesco dragón de escamas negras, cubierto de tatuajes dorados que brillaban como runas lunares. Su tamaño superaba incluso al del Animalia.
"¡SOY DRACO, EL DRAGÓN LUNAR Y GOBERNADOR DE SYLVAPURA!"
Desde el suelo, los ballure alzaron la vista logrando ver a aquella inmensa y aterradora criatura oscura, llegando a quedar paralizados por el asombro. Incluso los protagonistas reunidos quedaron en silencio.
Faralalan lloraba desconsolada junto al cuerpo cubierto de Shouri, acompañada por Judas, Kanu y Futao, los únicos que no apartaban la mirada de ella, ignorando por completo a la criatura que danzaba en el cielo nocturno.
"¿E-Eso es un dragón?" murmuró Nathalie con una cerveza aún en la mano. "Vamos, no me jodas."
"Sí…" respondió Gretel con la voz apagada. "Lo es. ¡Y uno gigantesco!"
"¿Pero cuánto más se va a complicar esta maldita guerra…?" susurró Theo agotado, cayendo de rodillas a la arena.
Todos alzaron la mirada al escuchar su nombre. Sin saberlo, él ya estaba preparado para no defraudar a quienes confiaban en él desde la tierra.
Continuará…
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