Haciendo uso del calor que aún quedaba en su entorno, Marco liberó el último vestigio de su poder en un ataque devastador. La energía acumulada estalló en una llamarada imposible que envolvió por completo a Draco, consumiendo la resistencia del dragón lunar hasta hacerlo caer inconsciente. Durante unos breves segundos, el silencio se apoderó del cielo… pero no duró.
La magia de Shouri comenzaba a disiparse. Las gigantescas manos de roca que sostenían el Animalia perdían consistencia, desmoronándose lentamente en polvo y fragmentos. El castillo flotante, privado de su flotabilidad, comenzó a inclinarse con un crujido aterrador. Si caía, lo haría directamente sobre el palacio de Al-Amphoras.
El edificio se resquebrajaba por todos lados. Muros, torres y pasillos se partían como cristal. Consciente de que no había tiempo que perder, Marco agarró el cuerpo inconsciente de Draco y, desplegando sus llamas azules, comenzó a volar con él a toda velocidad, alejándose del epicentro del desastre mientras fragmentos del castillo caían a su alrededor como meteoritos.
Mientras tanto, en el interior, Sherezade concentraba cada gramo de energía que le quedaba. Usando sus vectores, abrió un túnel improvisado entre los restos del castillo, llevando con ella a Nicole, Ryan y Cecily.
El trayecto fue caótico, violento, lleno de sacudidas y derrumbes, pero lograron salir justo a tiempo. El grupo emergió por uno de los laterales del palacio y aterrizó a duras penas en las afueras de la ciudad, siendo arrastrados varios metros por la arena al no poder frenar el impulso.
Entonces ocurrió en ese momento. La primera mano de roca cedió por completo.
Un estruendo ensordecedor sacudió toda la región mientras el coloso pétreo se deshacía, cayendo en pedazos. Los presentes quedaron paralizados, muchos llevándose las manos a la boca, incapaces de apartar la mirada de aquella visión apocalíptica.
"¡Oh no! ¡Se ha acabado el tiempo!" exclamó Faralalan, con la voz rota.
"¡Mierda! ¡Y aún no nos ha dado tiempo a evacuar a todos!" gritó Rachid, desesperado.
"¡Todos a cubierto! ¡Alejaos lo máximo que podáis!" gritó Nathalie, cerveza en mano, empujando a quienes tenía más cerca para que se apartaran del palacio.
La segunda mano comenzó a agrietarse, y apenas unos segundos después, cedió también. Una enorme sección del Animalia se precipitó hacia abajo, impactando contra una de las torres del palacio y derribándola por completo. El estruendo vino acompañado de gritos de pánico entre los inocentes que huían sin rumbo fijo.
"¿Es que no podemos evitar que caiga?" dijo Lily, con los brazos cruzados, conteniendo la respiración mientras valoraba en silencio la posibilidad de usar aquel modo que Marco le había prohibido.
"¡Esperad!" exclamó Gretel de repente. "¡ALGO SE ACERCA!" gritó, señalando el cielo.
Una inmensa masa de energía mágica avanzaba a toda velocidad desde el horizonte. Nadie entendía qué era aquello ni de dónde había salido. El aire vibraba a su paso. Sin embargo, en lo alto, Marco —con el general de los hombres-bestia aún cargado a su espalda— sonrió al sentir la calidez familiar de aquella magia.
Eran Keipi y Ashley.
Ambos viajaban sobre la imponente forma de ballena de Kaito y, al llegar al punto exacto, se impulsaron saltando al unísono. En pleno aire, agarraron a Priscilla con fuerza, canalizando su magia. De esa unión nació un gigantesco dragón de agua, reforzado por el poder de la joven, que salió disparado como un proyectil celestial.
La bestia acuática cruzó el cielo con un rugido atronador y, justo antes de que la última sección del Animalia cediera por completo, sus fauces se estrellaron con brutalidad contra el castillo flotante. El impacto fue colosal, desviándolo lo suficiente para que terminara cayendo a las afueras de Al-Amphoras, levantando una tormenta de arena, agua y escombros… pero salvando la ciudad.
Ahora que el Animalia había sido destruido, el cielo nocturno comenzó a disiparse como si nunca hubiera existido. Las nubes oscuras se deshicieron lentamente y, en su lugar, un sol de media tarde volvió a alzarse sobre Al-Amphoras, bañando el desierto con una luz cálida y casi irreal. La guerra había terminado… y el mundo parecía respirar por primera vez en mucho tiempo.
"¿Ese dragón de agua lo hicieron Keipi y Ashley?" se sorprendió Cecily, todavía con la voz temblorosa, mirando hacia el lugar donde el castillo flotante había terminado de caer.
"Estos tíos nunca defraudan." sonrió Ryan, dejando escapar una pequeña carcajada de alivio mientras se dejaba caer sobre la arena.
"¿En serio? ¿Han… evitado que el palacio y la gente fueran aplastados?" dijo Sherezade con los ojos llenos de lágrimas. Su voz se quebró al darse cuenta de lo que aquello significaba. No solo habían sobrevivido… habían puesto fin a la guerra.
"Ellos son así…" comentó Nicole con una sonrisa serena, observando cómo los últimos restos del Animalia se desmoronaban en la distancia, lejos de la ciudad. "Una caja de sorpresas que siempre logra hacer de lo imposible… posible."
En el aire, el viento agitaba la cabellera de Marco mientras descendía lentamente. A su espalda, Draco comenzó a recuperar la conciencia. El gobernador abrió los ojos con pesadez, sintiendo el peso de la derrota antes incluso de asumirla del todo.
"Parece que perdimos, ¿no?" comentó finalmente, con la mirada baja y la voz apagada.
"En la guerra no hay ganadores ni perdedores." respondió Marco con calma mientras seguía descendiendo. "Solo hay víctimas de un sistema político estructural aberrante." Giró ligeramente el rostro hacia él. "Fuisteis engañados por el gobierno, aunque os cueste creerlo. Solo fuisteis una pieza más para hacer realidad sus planes."
Draco apretó los dientes, cerrando los ojos durante unos segundos.
"Ojalá fuera verdad… o al menos tuviera el valor de reconocer que eso es lo que realmente ha pasado." confesó con amargura. "Pero mi orgullo sigue diciéndome que todo esto es por ser quienes somos."
Ambos tocaron tierra con suavidad. Marco lo soltó con cuidado y lo dejó descansando sobre la arena aún tibia por el sol.
"En algún momento verás la verdad." dijo nuestro protagonista con firmeza, pero sin dureza. "Y entonces no te quedará otra que pedir perdón por tus errores. Hasta entonces… recapacita."
"Sí…" murmuró Draco, alzando la vista hacia el cielo despejado mientras el sol brillaba sobre él.
En ese instante, Keipi y Ashley aterrizaron junto a su emperador, levantando una pequeña nube de arena.
"Hemos vuelto." sonrió el monje, relajado como si no acabaran de salvar una ciudad entera.
"¿Qué hacéis en ropa interior los dos? ¡Cerdos!" exclamó Marco, girándose de golpe y sonrojándose al verlos así.
"¡Jajajaja! ¡Se nos rompió la ropa peleando!" respondió Keipi sin la menor vergüenza. "Pero no te preocupes, ¡que no se nos ve nada!"
"Oye, Marco… yo…" empezó Ashley, bajando un poco la mirada.
"No hace falta que digas nada." la interrumpió él con suavidad.
"¿Cómo?" se sorprendió ella.
"Tu familia, tu gente y tu país…" continuó Marco mirándola a los ojos. "Quisiste creer en ellos y luchar de su lado, aun sabiendo que podían estar equivocados, ¿no?"
"Sí…" respondió Ashley tras un breve silencio. "Perdona…"
"Para nada tienes que pedir disculpas." dijo con una sonrisa sincera. "Elegiste tu postura y tomaste tu posición en este conflicto. Pero eso… no significa que dejáramos de ser amigos en ningún momento. Aunque reconozco que al principio me sentó como el culo y necesitaba entender el porqué de tus acciones… con el tiempo me di cuenta de que, si quiero ser emperador, también tengo que aprender a soltar y permitir que los míos sigan el camino que sientan correcto."
"En efecto…" Ashley sonrió, visiblemente más tranquila. "Gracias por entenderlo."
"Para eso somos amigos." respondió nuestro protagonista.
Gretel, Theo y Lily corrían por la arena todavía caliente, esquivando restos de escombros y nubes de polvo, hasta alcanzar a Marco y al resto del grupo. El cansancio pesaba en sus cuerpos, pero la adrenalina del peligro superado los empujaba hacia delante. El gemelo apretaba con fuerza entre sus manos la gema infinita, cuyo brillo pulsaba débilmente.
"¡Ashley! ¡Has vuelto!" gritó la hada con auténtica alegría, lanzándose sin pensarlo sobre la cabellera de su aliada y aferrándose a ella como si necesitara comprobar que era real.
"Perdona por haberos preocupado." respondió la potenciadora con una sonrisa cansada, pero sincera, colocando un dedo sobre la cabeza de su compañera en gesto protector.
Theo, que se había detenido a un par de pasos, desvió la mirada con el rostro completamente rojo.
"¿Q-Qué hacéis en paños menores?" preguntó, claramente avergonzado, sin saber dónde mirar.
"Cosas de peleas." respondió Keipi con total despreocupación, encogiéndose de hombros como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Gretel ladeó la cabeza, observándolos de arriba abajo con una ceja alzada.
"No sé qué tipo de peleas habréis tenido, pero creo que deberíais pensar en taparos un poco. Que en breve hará frío." comentó con total seriedad, señalando el cielo que ya empezaba a despejarse.
Draco, sentado sobre la arena con el cuerpo aún dolorido, fijó entonces la mirada en el objeto que el usuario dimensional sostenía entre las manos.
"¿Esa cosa tan pequeña es la gema infinita?" preguntó con un deje de incredulidad.
Marco también reparó en ella en ese instante, frunciendo ligeramente el ceño.
"Es verdad, ¿qué hacéis con ella?" preguntó, claramente intrigado.
Lily intercambió una mirada rápida con sus compañeros antes de responder.
"Es una larga historia." dijo finalmente. "Pero Ella y Sergiv eran traidores del gobierno y toda la cosa."
"¿Cómo?" se sorprendió Ashley, abriendo los ojos de par en par.
"¿Como el tipo dragón del zodiaco que me enfrente en el quinto templo?" añadió Keipi, inclinándose hacia delante con interés.
Draco tensó el cuerpo al escuchar aquello.
"Espera… ¿cómo que Vivaldi era del gobierno imperial?" preguntó, llevándose una mano al pecho mientras se acomodaba mejor sobre la arena, claramente afectado por la revelación.
Antes de que nadie pudiera responder, un grupo se acercaba desde la distancia. Nathalie avanzaba la primera, con la cerveza aún en mano, seguida por Nicole, Ryan, Sherezade y Cecily. Sus pasos eran torpes por el cansancio, pero sus expresiones reflejaban alivio al ver a los demás con vida.
"¡Chicos!" dijo la sanadora alzando la voz, saludándolos con una sonrisa que mezclaba agotamiento y felicidad.
"Draco…" dijo Sherezade al verlo.
El gobernador desvió la mirada casi de inmediato, fijándola en algún punto indeterminado del horizonte. Sus hombros estaban tensos. Aún no estaba preparado para disculparse, ni para sostener una conversación política, ni para afrontar lo que aquel reencuentro implicaba.
"Me alegra saber… que al menos estás bien." añadió la princesa con voz suave.
Draco se sobresaltó levemente. No esperaba esas palabras. Durante un segundo, pareció a punto de responder, pero finalmente guardó silencio.
"Ahora que estamos todos, tenemos que hablar de lo que ha pasado." comentó Nathalie, rompiendo el ambiente con un tono más serio de lo habitual.
Marco asintió, pero entonces frunció el ceño, como si algo no encajara del todo.
"Por cierto… ¿dónde está Shouri?" preguntó, mirando alrededor.
"Es verdad, se me hace raro que no esté aquí con sus alumnos." añadió Ryan, siguiendo la mirada de su amigo.
"Total." remató Keipi. "Esos dos son unos culos inquietos, se habrían acercado con vosotros sin pensárselo dos veces."
"Si son." confirmó Ashley con una sonrisa, al escuchar a su amigo.
El ambiente se quebró.
Uno a uno, los rostros de quienes habían vivido aquel momento cambiaron por completo. Miradas bajas, labios apretados, silencios que decían más que cualquier palabra.
"¿Por qué ponéis esa cara?" preguntó Marco con la voz temblorosa, sintiendo un nudo formarse en su pecho.
"Venid…" dijo Lily, apenada, dando un paso adelante.
Sin necesidad de más explicaciones, todos comenzaron a seguirlos. Incluso Draco, que dudó un instante antes de caminar tras el grupo. Avanzaron por la arena hasta llegar a un lugar donde los ballure se habían reunido en silencio.
Allí estaba.
Faralalan lloraba desconsolada entre los brazos de su abuelo Judas. Kanu y Futao permanecían arrodillados a ambos lados, con el rostro empapado en lágrimas. En el centro, el cuerpo de Shouri yacía cubierto por una sábana blanca.
La imagen golpeó a Marco con una fuerza brutal.
Varios sentimientos lo invadieron. No era solo tristeza y dolor, también había rabia.
"¿E-Está…?" murmuró, incapaz de terminar la frase.
"Sí…" respondió Najaf, ajustándose las gafas con un gesto tembloroso.
"No… no quería que esto pasase…" comentó Sherezade, dejándose caer de rodillas sobre la arena, con los ojos anegados.
Draco tragó saliva. Su garganta estaba seca. "¿Esto… fue culpa de mi gente?" preguntó con dificultad.
"No…" respondió Gretel con firmeza. "Fueron unos traidores del gobierno. Querían destruir esta gema."
El joven extendió el brazo y mostró la gema infinita. Su brillo parecía apagado, casi triste. El joven la observó con pesar, como si sostuviera el símbolo de todo lo que había salido mal.
Entonces, sin previo aviso, Theo dio un paso al frente. Se acercó a su compañero con decisión y estiró el brazo.
Una presión mágica brutal brotó de su mano. Instantánea. Precisa. El portador de la Biblioteca de Horacio cerró los dedos… y la gema infinita se hizo añicos.
"¿Q-Qué?" exclamó Gretel.
Los fragmentos cristalinos cayeron sobre la arena, dispersándose como polvo de estrellas rotas.
Nadie dijo nada. Todos quedaron boquiabiertos al ver cómo Theo había destruido, sin dudarlo ni un segundo, la gema infinita.
Continuará…
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