Con el paso del tiempo, poco a poco, nuestros protagonistas fueron reuniéndose en el palacio secundario de Sylvapura. Allí, Marco y Draco aguardaban mientras recibían a los demás, intercambiando saludos breves y miradas cargadas de expectación. Los últimos en aparecer fueron Ryan y Cecily, entrando con cierta prisa.
"Perdonad, me quedé sopa después de comer." dijo el hijo de la dragona, rascándose la nuca mientras avanzaba.
"¡Y es que no había forma de despertarle! ¡Hasta aporreé dos sartenes!" exclamó la ladrona, justificando su retraso con los brazos en jarra.
"No pasa nada, aún hay tiempo." sonrió Marco con nerviosismo, desviando la mirada hacia la pantalla flotante donde una cuenta atrás marcaba los minutos restantes para el juicio de Theo.
"Oye, ¿y por qué no le despertaste de un beso?" le dijo Nathalie a Cecily, con una cerveza en la mano, dándole un codazo amistoso.
Ella se puso roja como un tomate. "E-Eso no... Sin consentimiento no se hace..." refunfuñó, completamente sonrojada.
"Jajajaja, pensé que él ya te lo habría dado." respondió Nathalie antes de dar un sorbo.
Cecily desvió la mirada, pero no pudo evitar fijarse un segundo en los labios de Ryan, esbozando una sonrisa tímida. "Ojalá." pensó para sí misma.
"Por cierto." intervino Karta desde su asiento, aún cubierto de vendas tras su pelea con el hijo de la dragona un par de días atrás. "¿Alguien ha visto a Shimuna?"
"Para nada." respondió Ashley, negando con la cabeza.
"¿Quién es esa?" preguntó Keipi, sorprendido.
"La chica que se convirtió en un pájaro gigante cuando estábamos a punto de ir hacia el Animalia." explicó Nicole con naturalidad.
"¡Oh, es ella! Aunque ahora que lo dices, podríamos cenar pollo frito, no sé por qué pero de repente me apetece un montón." propuso el monje con una sonrisa despreocupada.
"¡Ay, pues sí! ¡Las alitas picantes son mi debilidad!" añadió la sanadora, dejándose llevar por el entusiasmo.
"Chicos... no es el momento..." intervino Gretel, provocando que Nicole se llevara una mano a la boca al darse cuenta de lo que había dicho.
"Perdonad." murmuró.
"Jajajaja, pero ese tema sigue pendiente. ¡Tengo una receta buenísima para el pollo frito!" añadió el monje, cruzándose de brazos.
"¡DEJA DE PENSAR EN POLLO FRITO CUANDO HABLAMOS DE MI COMPAÑERA!" exclamó Ashley, atrapándolo en una llave mientras él seguía riéndose sin oponer resistencia.
Marco no pudo evitar soltar una sonrisa al ver la escena.
"Vaya dos." comentó Lily acostada sobre la cabellera de su compañero, sonriendo también.
"Ya te digo..." respondió nuestro protagonista en voz baja. "Pero... soy feliz, porque todo vuelve a ser como era."
De pronto, la pantalla flotante se iluminó por completo. La imagen dio paso al interior de un tribunal amplio y solemne, construido en piedra clara y metal oscuro. Altas columnas se alzaban a ambos lados de la sala, grabadas con símbolos antiguos que representaban la justicia y el equilibrio.
En el centro, una plataforma elevada aguardaba al acusado, rodeada por gradas repletas de figuras importantes y observadores silenciosos. El murmullo se apagó al instante: el juicio estaba a punto de comenzar.
Todo el mundo estaba pendiente de la revelación del genocida de los ballure. No era una exageración: literalmente, cada país, cada reino y cada territorio de Pythiria había detenido su rutina. Mercados en silencio, tabernas abarrotadas mirando pantallas, palacios y aldeas compartiendo la misma expectación contenida.
En una trona especial, elevada y claramente separada del resto de asistentes, se encontraba sentado Bucanor. A su alrededor, formando una presencia imponente y perfectamente ordenada, estaban sus ocho Tottengräber. No faltaba ni uno solo. Sus figuras permanecían inmóviles, como estatuas vivientes, observando el tribunal con miradas frías.
"Keipi, ¡mira eso!" dijo Marco, sorprendido, señalando con el dedo la pantalla justo cuando la hermana de su mejor amigo era enfocada de cerca.
"Rin... Tú..." dijo Keipi, enfurecido, apretando el puño con rabia al recordar a sus padres.
"¿Quién es?" preguntó Nicole inocentemente, sin comprender aún el peso de aquella reacción.
"La hermana mayor de Kei y, al mismo tiempo... la asesina de sus padres." respondió Ryan con una mirada fría, sin apartar los ojos de la pantalla.
Ashley alzó la mirada en ese instante y quedó sorprendida al reconocer a otra figura entre los Tottengräber. Su expresión cambió por completo.
"Monday..." murmuró.
"Y Ella..." dijo Cecily, mirándola fijamente, siguiendo su línea de visión. "No... no es Ella, es... Straciatella."
"Sergiv..." comentó Marco al reconocerlo también, con el ceño fruncido.
La pantalla cambió de plano de forma abrupta, dejando atrás a los Tottengräber para centrarse en las enormes puertas del tribunal. Un silencio absoluto se extendió por la sala. Todos los presentes se pusieron de pie al unísono. El acusado estaba a punto de entrar.
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Longerville, palacio real.
Reunidos tras la impactante noticia sobre el genocidio de los ballure, la actual reina observaba la retransmisión desde su trono. A su alrededor se encontraban trabajadores del palacio y amigos cercanos, todos reunidos en silencio para presenciar el juicio.
Cynthia, hermana mayor de Theo, seguía sin conocer la identidad del acusado, aunque una inquietud constante se le clavaba en el pecho desde que todo había comenzado.
A su lado se encontraban Charlie —anteriormente conocido como Gay—, Adriana —anteriormente conocida como Lesbiana—, y Ernest —anteriormente conocido como Bisexual—
Los tres permanecían atentos, compartiendo miradas tensas. Junto a ellos estaban Kevin y Lalami, dos de los empleados favoritos del palacio, cuya cercanía con la reina era más que evidente incluso en momentos tan delicados.
La expectación era absoluta. Todos contenían el aliento mientras la retransmisión enfocaba el pasillo por el que el acusado debía aparecer. Sin embargo, cuando finalmente hizo acto de presencia, los rostros de todos los presentes cambiaron por completo. Cynthia se levantó de golpe, incrédula ante lo que estaba viendo.
Su propio hermano pequeño, vestido con ropajes blancos y encadenado, estaba siendo llevado a rastras por aquel pasillo del tribunal.
"¡ESTO NO PUEDE SER! ¡¿CÓMO VA A SER ÉL UN GENOCIDA?!" exclamó ella enrabietada, apretando con tal fuerza su cetro que este se resquebrajó bajo la presión de su ira.
"¡Majestad! ¡Calma, calma!" exclamó Lalami, corriendo hacia ella. "¡Seguramente sea un error, y por eso se esté llevando a cabo el juicio!"
"¡Eso es!" añadió Kevin, dando un paso al frente. "¡No hay manera de que Theo haya hecho algo como matar a una raza entera!"
Ambos intentaban tranquilizarla, pero la imagen de su hermano encadenado, avanzando sin oponer resistencia, seguía grabada en su mente, impidiéndole recuperar la calma del todo.
"Majestad, sé que no es la mejor situación posible... pero... Cecily, Marco y los demás... no le dejarán solo." comentó Charlie, intentando transmitirle algo de esperanza.
"¡Eso es!" añadió Ernest. "¡Estarán haciendo todo lo posible para evitar esta injusticia!"
"¡Es verdad! ¡Ellos nunca se han detenido! ¡Confiemos en ellos!" reforzó Adriana con determinación.
Cynthia cerró los ojos un instante y cogió aire. Recordó la imagen de Marco salvando su país, la firmeza con la que se había enfrentado a la adversidad, y finalmente volvió a tomar asiento. Cruzó las piernas con rigidez y soltó un largo suspiro, incapaz de ocultar el temblor en su respiración.
"Por favor... que sea mentira todo esto." dijo, con los ojos empapados.
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Tribunal.
Theo fue llevado hasta el centro de la sala del juicio, obligado a permanecer de pie frente al estrado principal. Ante él se encontraba el juez, un señor mayor de rostro severo, cubierto por una voluminosa peluca blanca que le caía hasta los hombros. El silencio era absoluto. Con un golpe seco de su martillo, el juez dio la orden, y uno de los encargados del tribunal comenzó a leer los cargos en voz alta.
"Theo Laplace, hermano pequeño de la reina Cynthia Laplace de Longerville. Actual portador de la deidad conocida como la Biblioteca de Horacio. Ha sido acusado de destruir con sus propias manos la Gema Infinita, objeto que otorgaba energía vital al país de los ballure y a su gente, llevándolos a una masacre sin igual en la que todos acabaron completamente muertos."
Un murmullo recorrió la sala. Muchos de los presentes se llevaron la mano a la boca, incapaces de creer que alguien tan joven y de apariencia tan frágil pudiera ser responsable de un acto tan devastador. Las miradas se clavaron en Theo, algunas cargadas de miedo, otras de odio, y unas pocas de pura incredulidad.
"¡No fue así!" exclamó el pequeño, incapaz de contenerse.
El juez golpeó con fuerza el martillo contra la mesa. "No tienes permiso para hablar aún."
"¡Me da igual! ¡Ni siquiera me habéis asignado un abogado para acompañarme en la defensa!" replicó Theo, con la voz temblorosa pero firme.
"¡SILENCIO!" repitió el juez, dando otro martillazo.
De pronto, una descarga eléctrica fue liberada desde el techo. El rayo impactó directamente contra el cuerpo del pequeño, haciéndolo gritar de dolor mientras sus músculos se tensaban de forma antinatural.
"Todo aquel que incumpla las normas será castigado." comentó su señoría con frialdad. "Si quieres hablar, pide permiso primero."
Theo, aún jadeando y con el cuerpo dolorido, alzó ambas manos esposadas. A pesar del miedo y el sufrimiento, su mirada seguía llena de determinación. Quería hablar. Necesitaba hacerlo.
"Ahora sí." dijo él, dándole finalmente la palabra.
"Fui manipulado mentalmente por magia para hacerlo... ¡No fui yo realmente!" el pequeño se justificó, diciendo la verdad tal y como la recordaba.
"¿Y bien? ¿Quién de los aquí presentes cree que dispone de dicha magia?" dijo su señoría, observándolo con atención.
Theo desvió la mirada lentamente hacia el palco de los Tottengräber. Sus ojos se clavaron con fuerza en Straciatella.
"¡Esa mujer tiene varias habilidades gracias a sus cartas del Tarot! ¡Seguramente me hizo algo!" exclamó el pequeño.
"¿Algo que decir, señorita Straciatella?" preguntó el juez, girándose hacia ella.
"En efecto, señoría, es cierto que estuve presente con Sergiv en Al-Amphoras durante el genocidio debido a una misión de alto secreto poco relevante para el caso que se está llevando." respondió ella con absoluta calma. "Pero, aunque es cierto que mi magia del Tarot dispone de varias habilidades particulares, ninguna de ellas está relacionada con la manipulación."
"¿Es eso cierto?" preguntó el juez, dirigiéndose a los guardias.
"¡Sí, señor!" respondió uno de ellos. "Como supimos que era posible que se propusiera esa teoría en el juicio, investigamos a fondo la magia de cada uno de los presentes y podemos confirmar que la señorita Straciatella no dispone de habilidades de manipulación."
"Sin embargo..." añadió el otro guarda, dando un paso al frente. "El que sí tiene una magia similar es el señor Bucanor. Parece que todo aquel que toma su sangre puede ser manipulado para cumplir una orden y luego queda liberado."
"Así es." confirmó el jefe de los Tottengräber, sin mostrar emoción alguna.
"Y bien, acusado, ¿en algún momento estableciste contacto con el señor Bucanor o tan siquiera llegaste a verle durante tu estancia en Al-Amphoras?" preguntó el juez.
"Para nada..." respondió Theo, bajando la mirada.
"En ese caso, ¿estás confirmando que ninguno de los Tottengräber te manipuló mentalmente para llevar a cabo tal atrocidad inhumana?" insistió el juez.
"No lo sé..." añadió Theo, tembloroso. "¡Pero... no lo hice yo! ¡Lo juro!"
"Está bien, jovenzuelo. Hemos traído a una testigo que estuvo presente en el momento en que cometiste el genocidio." dijo el juez, golpeando el martillo con fuerza. "¡Por favor, que pase la testigo!"
Las grandes puertas del pasillo se abrieron lentamente. Un murmullo de sorpresa se extendió entre los asistentes y los televidentes. La figura que apareció al otro lado no era otra que Shimuna, el fénix lunar.
"Ho-Hola..." dijo tímidamente.
Continuará…
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