domingo, 1 de febrero de 2026

Ch. 304 - Ruta vectorial

Todos quedaron sorprendidos por la intervención de Sherezade. Hasta ese momento, la conversación había girado en torno a una certeza aplastante: no existía forma alguna de llegar al Der Fliegende en tan poco tiempo. Las miradas se cruzaron entre incredulidad y cansancio, como si aquella afirmación hubiera sido solo un gesto desesperado… hasta que ella habló.

"Sí la hay..." fueron las palabras de la princesa.

Su voz no tembló. No fue un grito ni una proclamación heroica, sino una afirmación firme que obligó a todos a mirarla. Marco fue el primero en reaccionar, girándose hacia ella con el ceño fruncido, intentando entender a qué se refería.

"¿A qué te refieres?" preguntó.

Durante un segundo, nadie respondió. Entonces, los ojos de Nicole se abrieron de par en par, como si una pieza olvidada hubiera encajado de golpe.

"¡Ah!" dijo, llevándose una mano a la boca. "¡Tu magia de vectores!"

"Así es." respondió Sherezade, asintiendo con calma.

El murmullo comenzó a recorrer la sala, pero no tardó en apagarse cuando Kanu intervino, con un tono mucho más sombrío que entusiasta.

"Siento mucho tener que decir esto, pero dudo que tenga la capacidad de poder mover a tanta gente a un lugar tan lejano sin desfallecer en el acto." comentó.

Karta, con los brazos cruzados y una expresión seria, asintió lentamente antes de hablar.

"Coincido con el jovencito." añadió. "Hace unos días me habría dado igual lo que hicierais, pero ahora que estamos en paz, debo reconocer que ese plan es toda una locura. No solo por la enorme distancia que hay entre ambos lugares, sino también por el desgaste físico que supondría soportar a tantas personas sobre flechas que van siendo materializadas en mitad de la nada."

Marco parpadeó, claramente perdido ante aquella explicación tan técnica, y no dudó en preguntar.

"¿A qué te refieres?" preguntó, curioso.

"Eso, que yo tampoco me he enterado..." añadió Ryan, rascándose la nuca.

"Ni yo." sonrió Ashley, encogiéndose de hombros.

Fue Gretel quien dio un paso al frente, tomando aire antes de explicarlo de la forma más sencilla posible.

"El consumo de magia es más grande cuantas más personas usen las flechas de Sherezade, y cuanto más larga sea la distancia, igual. Por lo que lo acabará pagando físicamente y muriendo en el proceso."

El silencio cayó como una losa. Faralalan fue la primera en reaccionar, con los ojos muy abiertos.

"¡Eso no lo podemos permitir!" añadió, alarmada.

"Exacto." comentó Futao, asintiendo con firmeza.

Draco apretó los dientes, frustrado, pasando la mirada de uno a otro.

"Sí, pero... ¿qué podemos hacer?" preguntó.

Marco suspiró profundamente antes de responder, adoptando un tono serio.

"Vosotros, los hombres-bestia, no tenéis que hacer nada." comentó. "Ya lo hemos hablado antes al contarte mi secreto, solamente manteneos al margen hasta que 'eso' suceda. No quiero que tengáis más problemas."

Nathalie dio un largo trago a su cerveza, con los pies apoyados despreocupadamente sobre la mesa, como si estuviera pensando a su manera.

"Seguro que algo se nos ocurrirá." comentó.

"Señorita, eso es de mala educación." gruñó Karta, fulminándola con la mirada.

Cecily, sin embargo, volvió a llevar la conversación al punto crítico, con el rostro serio.

"Hmmm... los vectores de Sherezade son la única forma que tendríamos de llegar en menos de un día al Der Fliegende, pero eso... acabaría matándola, ya que somos muchas personas."

"Es muerte o muerte... parece que estamos en un callejón sin salida." comentó Lily, dejándose caer sobre la mesa con dramatismo.

Entonces, Keipi, que había permanecido en silencio hasta ese momento, levantó ligeramente la cabeza. Sus ojos brillaron con una idea repentina.

"¿Y por qué no hacemos que Sherezade utilice sus vectores en uno de esos trenes de Luore para que solo tenga que moverlo a él mientras carga con nosotros?" dijo, sorprendiendo a todos por hacer un comentario ingenioso e inesperado.

Karta abrió los ojos como platos, completamente descolocado.

"E-Eso..." dijo, anonadado. "Podría funcionar..."

Sherezade dio un pequeño paso al frente, incapaz de ocultar la emoción que le subía al pecho.

"¿De verdad?" se emocionó al ver que, por primera vez, podía ser de ayuda sin condenarse.

"Claro..." comentó Gretel. "La magia de vector cuenta con el tacto, por lo que si es solo una cosa la que toca y no un grupo de personas... el consumo será mucho menor..."

Futao ladeó la cabeza, pensativo.

"Pero supongo que la carga del tren hará que sea más difícil llevarlo, ¿no?" preguntó.

"Y no solo eso..." añadió Kanu, echando un jarro de agua fría. "La distancia también es demasiada. Posiblemente su cuerpo comience a romperse mucho antes de llegar."

Antes de que el pesimismo pudiera asentarse del todo, Nicole dio un paso al frente, con los puños cerrados y la mirada decidida.

"En ese caso la curaré mientras, no permitiré que nada le pase." añadió sin titubear.

"¡No, tú no!" dijo Faralalan poniéndose de pie de golpe, haciendo que la silla chirriara contra el suelo. Su expresión era firme, casi protectora. "Tú eres una amiga de Theo, debes guardar energías para curar a los tuyos cuando os enfrentéis a esos tipos de blanco."

Sherezade se quedó sin palabras durante un instante. Sus ojos se humedecieron ligeramente al encontrarse con la mirada de Faralalan, cargada de una determinación que no admitía discusión.

Ryan ladeó la cabeza y sonrió de medio lado, cruzándose de brazos antes de intervenir.

"¿Y qué pretendes hacer, enana?" le dijo con cariño, más curioso que provocador.

Faralalan tragó saliva. Sus manos temblaron levemente al principio, pero pronto apretó los puños y dio un paso al frente, como si aquella decisión ya llevara tiempo madurando en su interior.

"Yo... ¡yo curaré a Zade!" dijo decidida. "Puede que mi magia no sea tan poderosa como la de Nicole, pero... no quiero quedarme de brazos cruzados después de todo lo que habéis hecho por mí y, sobre todo... no quiero que el asesino de Shouri se vaya de rositas."

El ambiente se cargó de una tensión distinta, más humana. Sin embargo, Draco no tardó en romper ese momento, con un tono grave y realista.

"Pero aun así..." irrumpió. "Será bastante peligroso, chicas... Si no entráis en la fortaleza, nadie podrá protegeros si alguien os ataca. Y si entráis estando agotadas, seguramente acabaréis siendo un estorbo, por muy mal que suene."

Antes de que nadie pudiera responder, Futao y Kanu intercambiaron miradas cómplices. No necesitaron palabras; la decisión estaba tomada.

"En ese caso, iremos nosotros." dijo el lancero, con voz firme.

"¡Chicos!" dijo Marco, sorprendido, girándose hacia ellos.

Kanu dio un paso al frente, hablando con calma pero con absoluta convicción.

"Vosotros queréis salvar a Theo, ellas quieren ayudar y la única forma posible de solucionar esto... es yendo nosotros para protegerlas." explicó. "Por desgracia, los Tottengräber son muy poderosos y no tenemos el poder para podernos vengar con nuestras manos aunque quisiéramos, así que... encárgate de ese cabrón de Sergiv por nosotros, Marco."

"¡Sí!" sonrió nuestro protagonista, con los ojos brillando de determinación.

Ashley, apoyada en la mesa, levantó una ceja y chasqueó la lengua.

"¿En ese caso... cómo queda el plan?" preguntó, buscando una explicación clara.

Cecily tomó aire y lo resumió con precisión, señalando mentalmente cada parte del plan.

"Cogeremos un tren de Luore y usaremos los vectores de Sherezade para llegar a toda velocidad al Der Fliegende. Para evitar que ella sea herida, Faralalan la irá curando. Una vez lleguemos, mientras nosotros atacamos el castillo y nos enfrentamos a los Tottengräber, Kanu y Futao se quedarán con las dos en el tren para protegerlas si algo ocurre."

"¡Oh! ¡Planazo, pues!" sonrió la potenciadora, golpeando la palma de una mano con el puño.

Marco se giró hacia Sherezade, mirándola con seriedad.

"¿Cuánto crees que tardaremos en llegar?" le preguntó a la princesa.

Ella cerró los ojos unos segundos, calculando mentalmente, visualizando trayectorias, desgaste y distancia.

"Si uso todo mi poder y salimos a las siete de la mañana, el día de la ejecución... podemos llegar para el mediodía." calculó finalmente.

"Unas cinco horas..." dijo Cecily, analizando los datos.

Nathalie la observó con atención, dejando por una vez el sarcasmo de lado.

"¿Seguro que podrás?" le preguntó.

Sherezade alzó la mirada. No había duda en sus ojos, solo una determinación inquebrantable.

"No es poder o no poder... es que tengo que hacerlo." dijo con firmeza. "¡Por mis amigos, por Shouri y por mi gente! ¡Haré posible esa ruta vectorial al Der Fliegende!"

Todos estuvieron de acuerdo con el plan. Había dudas y miedo, pero tenían la determinación suficiente como para aceptar que aquella era la única opción viable. La princesa Sherezade podría participar en el asalto al Der Fliegende, y cada pieza encajó, por fin, en un esquema que parecía posible.

Tras la reunión, el grupo fue abandonando poco a poco el palacio secundario de Sylvapura. Las despedidas fueron breves, cargadas de miradas significativas y promesas silenciosas. Cuando la gran sala quedó vacía, solo permaneció allí Draco… acompañado por sus dos sagrados.

"¿Estás seguro de que no quieres ayudarles?" preguntó Karta, cruzándose de brazos. Su tono era serio, casi paternal. "No es que me agrade la idea, pero sé… que estás bastante arrepentido por todo lo que has hecho."

"Eso, señor." añadió Belial, rascándose la nuca con una sonrisa ladeada. "Puede que sea un pervertido en potencia y quizá solo lo haga por ligarme a alguna chavala, pero… quiero ayudar también."

Draco no respondió de inmediato. Se limitó a caminar hasta una de las grandes ventanas del palacio y apoyó una mano en el cristal, observando la ciudad iluminada por el atardecer.

"Lo siento, chicos." dijo al fin, con voz baja. "Es algo que hablé con Marco antes… y llegué a la conclusión de que lo mejor es que sea así."

Su mirada se perdió más allá de Sylvapura, y sin quererlo, su mente regresó a unas horas atrás.

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Hace unas horas.

"Entiendo…" decía Draco, sentado en el trono, con el ceño fruncido. "El actual emperador es falso y seguramente esté respaldado por las altas fuerzas gubernamentales por intereses económicos. Tú eres el verdadero, y tu objetivo es recuperar el trono."

"Así es." respondió Marco sin rodeos.

El hombre-dragón lo observó durante unos segundos en silencio.

"Te creo." dijo finalmente.

"Gracias."

"Nada, no hay nada que agradecer." sonrió Draco levemente. "Con solo ver tu porte, con solo escucharte hablar y notar el valor que transmites… es indudable que eres un líder nato." Hizo una breve pausa. "Pero… me gustaría poder ayudarte con lo de tu amigo."

"No." respondió Marco al instante.

"¿Cómo?"

"Ahora mismo estáis en un apuro económico debido al gobierno imperial." explicó con calma. "Si los enfadáis, solo empeoraréis la situación. Lo mejor es que os mantengáis al margen de esta batalla, ¿vale?"

Draco apretó los labios. "E-Está bien…" respondió tras unos segundos.

"Seguramente…" añadió Marco con una sonrisa dudosa, "es lo que haría un buen líder cuando su gente está en peligro."

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Presente

Draco seguía mirando por la ventana, inmóvil.

“Esa sonrisa…” pensó, tragando saliva. “Mentía.”

El gobernador de los hombres-bestia sabía que Marco se lanzaría a la batalla sin dudarlo, incluso si eso significaba poner en riesgo su propio país. Sabía que lo haría por Theo, por sus amigos… por todos.

“Pero él me conoce…” continuó pensando. “Yo… no creo que sea capaz de volver a sacrificar a mi gente.”

Cerró los ojos lentamente, dejando que el peso de esa decisión se asentara en su pecho.

Continuará…

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