martes, 3 de marzo de 2026

Ch. 321 - Hansel vs Somnus

Durante toda su vida, Gretel había creído que, en comparación con su hermano gemelo, su magia era poco menos que inútil. Mientras Hansel destacaba con un talento natural, poderoso y llamativo, la suya parecía discreta, confusa y carente de impacto real. 

En lugar de entrenarla con determinación para descubrir su verdadero potencial, terminó aceptando que aquel era su límite. Se convenció de que no estaba hecho para grandes hazañas y decidió seguir adelante utilizando su magia dimensional lo mínimo posible, casi como si le avergonzara depender de ella.

En aquel entonces, sus habilidades eran tan ínfimas que interpretó su poder de la forma más sencilla posible: pensaba que su magia le permitía proyectar su voz a través de otras dimensiones, como si pudiera conectar con personas lejanas sin importar la distancia. 

Para él, aquello no era más que una rareza curiosa, una especie de eco interdimensional sin mayor utilidad práctica. Sin embargo, la realidad era mucho más compleja de lo que jamás imaginó.

Gretel no era un simple mago capaz de comunicarse entre dimensiones. Era un usuario de Teleporter, una habilidad extraordinaria que le permitía trasladar materia de un punto a otro, tanto dentro del mismo plano dimensional como entre realidades distintas. 

Aunque su dominio era aún reducido e inestable, poseía la suficiente fuerza latente como para realizar un acto imposible: de manera inconsciente, había atraído el alma y el poder de su hermano hacia su propio cuerpo, rompiendo las barreras interdimensionales que los separaban.

"No sé cómo hemos hecho esto, pero… ¡Es una maravilla poder estar aquí de nuevo!", exclamó Hansel, con los ojos brillando de emoción y una sonrisa amplia dibujada en el rostro que ahora compartían.

"Oye… no entiendo muy bien qué ha pasado ni cómo ha sucedido esto, pero… precisamente por eso… no sabemos cuánto va a durar, hermano", decía Gretel, asustado, su voz resonando en el interior de su propia mente.

"Deja de ser tan negativo de una vez y aprovechemos esta oportunidad que nos has dado. Porque si hay algo que tengo claro, es que si estoy aquí es gracias a ti. Y, además, me has traído justo en el momento en el que más me apetecía partirle la cara a alguien", sonrió, clavando la mirada en su rival.

"¿No estarás soñando?", se burló Somnus. "¿Tú partirme la cara a mí? ¡Ni en un millón de años!", exclamó mientras hacía aparecer una flauta entre sus manos con un gesto elegante.

El ejecutor sopló el instrumento y una melodía grave y serpenteante llenó la estancia. Del suelo comenzaron a brotar cientos de anacondas gigantes, emergiendo como si fueran raíces vivas que rompían la piedra. Sus cuerpos se retorcían con violencia, dispuestas a clavar sus colmillos en el cuerpo del protagonista.

"Una vez soñé que encontraba una flauta dorada con la que podía dominar a las serpientes y convertirme en el dueño de su mundo… ¡Hoy, ese sueño se ha convertido en tu pesadilla!"

Hansel dio un salto hacia atrás y se subió a un trozo de madera desprendido de una mesa desquebrajada, esquivando el primer ataque por escasos centímetros. Desde allí impulsó otro salto aún más alto con la ayuda de su viento, elevándose hasta encajar los pies en la lámpara de araña del techo, quedando suspendido boca abajo mientras las serpientes ascendían hacia él.

Los reptiles danzaron con furia en espiral. Nuestro protagonista sacó entonces las manos de los bolsillos y liberó un tornado concentrado que se expandió como una cuchilla giratoria, despedazando a todas las serpientes que lograban acercarse. Escamas y sangre salpicaron el aire antes de desvanecerse en la corriente.

"¿Eso es todo lo que tienes para darme?", preguntó el joven con una sonrisa desafiante.

"He-Hermano… ten cuidado, recuerda que este es mi cuerpo…", decía Gretel, tembloroso en el interior de su mente.

"Tú calla, que no le pasará nada, hombre…", comentó Hansel con despreocupación, intentando tranquilizarlo.

"N-No lo decía por eso…", musitó Gretel para sí mismo, avergonzado, mientras sentía cómo la intensidad del combate comenzaba a afectar algo mucho más profundo que su propio cuerpo.

"¡Ahora no es momento para eso!", replicó mientras se soltaba de la lámpara de araña, dejándose caer justo cuando una segunda oleada de serpientes irrumpía desde el suelo y las paredes, convocadas por la melodía insistente de la flauta.

Las fauces se cerraron en el aire donde él había estado un segundo antes. Giró sobre sí mismo en plena caída y aterrizó con ligereza, deslizándose entre los cuerpos escamosos que se retorcían a su alrededor.

"E-Está bien…", murmuró Gretel, comprendiendo que aquel no era el momento para dudas ni inseguridades.

Mientras Somnus continuaba tocando su canción y las serpientes danzaban por toda la habitación atacando sin descanso al protagonista, Stracciatella estableció una conexión mental con su compañero, atravesando el caos del combate con su voz serena.

"¿Estás peleando?", preguntó. "¿Quieres que vaya a echarte una mano?"

"No", respondió tajantemente. "De esta rata de cloaca me encargo yo, no te metas… ¡Y eso va por todos los demás, panda de analfabetos!"

El mensaje mental se propagó como una onda invisible por toda la torre. Sus compañeros, repartidos en distintas salas de la enorme estructura principal, soltaron un suspiro resignado y continuaron firmes en sus posiciones. Conocían ese tono: cuando hablaba así, no había discusión posible.

Hansel se deslizó por el suelo, esquivando el ataque de uno de los reptiles que lanzó un mordisco directo a su cuello. Con un movimiento fluido, alzó ambas manos y canalizó el viento en dos colmillos afilados que surgieron a cada lado de Somnus, cerrándose con intención de aplastarlo como si fueran las mandíbulas de una bestia invisible.

El ejecutor reaccionó con rapidez. Se levantó de un salto, justo a tiempo para evitar el impacto. Su alfombra voladora fue reducida a añicos por la presión del aire. En plena caída, Somnus hizo desaparecer la flauta con un gesto brusco y aterrizó de pie, derrapando medio metro sobre las baldosas pulidas.

"Ya veo", comentó, incorporándose con calma forzada. "No sé muy bien cómo ha podido pasar, pero… tú no eres la misma persona que cayó aquí. No me había dado cuenta antes, pero esa larga coleta no estaba… y esos ojos afilados tampoco. Pensé que todo aquello de ‘mi hermano’ era una ida de olla, pero… ya veo que es verdad que me enfrento a alguien completamente diferente."

Hansel descendió con fuerza hacia el suelo y, al tocarlo, liberó una onda de viento circular que se expandió desde su cuerpo como una explosión invisible. La ráfaga barrió la estancia en todas direcciones, haciendo estallar a las serpientes que aún seguían con vida en una lluvia de escamas y sangre.

"Es algo así. Mi hermano gemelo tiene una magia dimensional relacionada con el teletransporte y, al parecer, al verse en apuros me trajo inconscientemente desde otra dimensión en la que llevaba años encerrado", respondió con naturalidad.

"¿Años?", se sorprendió Gretel al escucharlo. "¡Pero… si solo han pasado un par de meses desde el incidente del Nuevo Testamento!"

"Seguramente sea que el tiempo transcurre de forma distinta en ambas dimensiones, hermanito", explicó mentalmente. "He estado al menos cuatro o cinco años seguidos enfrentándome a esos demonios y haciéndome más fuerte en su mundo. Por eso ahora mi pelo es más largo… y mi poder mucho mayor que entonces."

Su gemelo guardó silencio, asimilando el peso de esas palabras.

"Ya veo… Así que me enfrento a dos enemigos en uno…", sonrió Somnus, y sus ojos brillaron con una mezcla de locura y emoción. "¡ESTO SERÁ UNA DE MIS MEJORES HAZAÑAS COMO EJECUTOR, BAJO LA ATENTA MIRADA DE TODO EL MUNDO!"

Y no exageraba. Las cámaras instaladas en la torre estaban grabando cada segundo de aquel combate incesante. En distintos puntos del reino, espectadores observaban expectantes. Muchos deseaban que Somnus impartiera justicia contra el aliado del que llamaban el falso emperador; otros, en cambio, ansiaban ver caer al ejecutor y presenciar el triunfo del misterioso dúo que compartía un mismo cuerpo.

Somnus llevó dos dedos a su frente y cerró los ojos un instante, como si descendiera a lo más profundo de su mente. Su aura comenzó a distorsionarse, expulsando una energía mágica anómala y densa, cargada de imágenes caóticas. El aire en la sala se volvió pesado, casi irreal. Hansel lo notó al momento y adoptó una postura defensiva, tensando los músculos y afinando la mirada.

En un parpadeo, dos enormes ovejas antropomorfas aparecieron en la estancia. Vestían delantales manchados de sangre y empuñaban cuchillos descomunales y oxidados que brillaban con un filo antinatural. Sin emitir balido alguno, avanzaron coordinadas y lanzaron un tajo cruzado con la intención de partir en dos a nuestro protagonista.

Hansel impulsó creando una corriente de aire bajo sus pies y se elevó justo a tiempo, esquivando el corte. Mientras los lanudos se desvanecían en nubes de humo, como si nunca hubieran sido reales, el techo se rasgó con un estruendo. De la grieta emergió un tiburón colosal que descendió en picado, clavando sus mandíbulas en el abdomen de Hansel y estampándolo brutalmente contra el suelo.

"¡Hermano!", gritó Gretel, alarmado desde el interior.

Una explosión de viento estalló desde el cuerpo del joven y el animal se fragmentó en pedazos que se disiparon como polvo. Nuestro protagonista, con la ropa rasgada y sangre resbalando por su costado, se incorporó de un salto. Apenas tuvo tiempo de estabilizarse cuando Somnus ya estaba frente a él.

El ejecutor giró sobre su eje y le asestó una patada directa al mentón, elevándolo un par de metros en el aire. Sin darle respiro, lanzó dos platos hacia él que aparecieron en sus manos; en pleno vuelo, de cada uno surgió un brazo musculoso que conectó un doble puñetazo simultáneo en los hombros del joven. El impacto lo estampó brutalmente contra el techo, haciéndole toser sangre antes de caer de nuevo.

"¡Joder! ¡Nunca había estado tan agradecido de tener sueños tan peculiares y molestos!", decía relamiéndose los labios con una sonrisa demente. "¡Es lo mejor para luchar contra gente como tú!"

Tras pronunciar esas palabras, disparó una enorme esfera de fuego desde su boca que iluminó toda la sala con un resplandor infernal. Hansel se limpió la sangre con el dorso de la mano y, lejos de retroceder, saltó de frente hacia las llamas. Las atravesó envuelto en humo y calor, protegiéndose con una fina capa de viento que desviaba lo peor del incendio. En el siguiente instante, su mano se cerró sobre el rostro de Somnus.

Sin darle margen de reacción, disparó a bocajarro un tornado concentrado que arrastró al ejecutor por el suelo de la sala, pulverizando baldosas a su paso, hasta estamparlo violentamente contra la pared del fondo.

"Vamos, no me jodas, folclórico de los sueños. ¿Eso es todo?", se burló Hansel, con una sonrisa desafiante pese a la sangre que aún le corría por el abdomen.

Continuará...

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