miércoles, 4 de marzo de 2026

Ch. 322 - El encantador de sueños

Somnus siempre fue un chico que destacaba con claridad frente a la media. Desde muy pequeño mostró una capacidad intelectual fuera de lo común: comprendía conceptos complejos con una facilidad pasmosa y resolvía problemas que dejaban perplejos incluso a alumnos mayores. 

Su rendimiento fue tan sobresaliente que, aún en primaria, se le permitió saltarse un par de cursos. Aquello lo colocó ante desafíos académicos más exigentes, pero lejos de intimidarlo, los afrontó con la misma soltura de siempre, acumulando notables altos y sobresalientes como si fueran algo natural.

Y, para colmo, lograba todo eso cargando con un inconveniente que lo acompañaba desde que tenía uso de razón: su imaginación y sus sueños. Mientras otros niños simplemente dormían, para él cada noche era un territorio inestable, una frontera difusa entre lo real y lo imposible. Su mente no descansaba; creaba.

Desde que tenía conciencia, irse a dormir era como jugar a la ruleta rusa emocional. Podía cerrar los ojos y no soñar absolutamente nada, o sumergirse en escenas agradables y luminosas… pero también podía caer en las visiones más terribles que su imaginación era capaz de concebir. Criaturas deformes, espacios imposibles, persecuciones interminables, figuras que lo observaban desde la oscuridad. Su subconsciente no conocía límites ni compasión.

Había noches en las que el miedo era tan intenso que se levantaba con el corazón desbocado y las piernas temblorosas, caminando casi a tientas hasta la habitación de sus padres para refugiarse entre ellos. Solo allí lograba calmarse, convencerse de que nada de aquello era real. 

Con el paso del tiempo, desarrolló un mecanismo de defensa: estudiar. Sumergirse en libros, fórmulas y teorías se convirtió en la única vía de escape para no recordar con nitidez aquellas atrocidades oníricas. Cuanto más aprendía, menos espacio dejaba a los sueños.

Fue al dar el salto al instituto cuando su magia despertó por completo. Lo hizo algo más tarde de lo habitual, pero eso no le preocupó demasiado. En aquel entonces, no sentía el menor interés por los oficios orientados al uso de habilidades mágicas; su ambición estaba en el conocimiento, no en el combate ni en el poder.

Sin embargo, al desconocer que sus poderes habían despertado, comenzó a sufrir episodios extraños que alteraron el ritmo impecable de sus notas.

En ocasiones, mientras estudiaba o caminaba por los pasillos del instituto, veía aparecer y desaparecer cosas en la realidad: sombras con forma, objetos imposibles, destellos que no deberían estar allí. Eran manifestaciones breves, fugaces… pero profundamente inquietantes. 

No sabía que era él quien las invocaba de manera inconsciente, trayendo fragmentos de sus sueños a la vigilia. Solo sabía que aquellas visiones pertenecían a sus pesadillas, y eso lo aterrorizaba.

Y a causa de ello, pasó… obtuvo su primer suspenso.

La hoja con la calificación parecía burlarse de él. Nunca antes había fallado. Nunca antes había decepcionado. El miedo a cómo reaccionarían sus padres le atenazó el pecho con más fuerza que cualquier pesadilla. Incapaz de afrontar la conversación, decidió ocultar la verdad. Guardó el examen en su mochila y se fue a dormir sin decir nada, con el estómago encogido y la mente revuelta.

Aquella noche soñó que su madre y su padre lo miraban con una expresión que jamás les había visto. Sus rostros comenzaron a deformarse, sus cuerpos a retorcerse de forma antinatural. La decepción se transformó en odio, y el odio en algo monstruoso. Sus pieles se rasgaron, sus extremidades se alargaron y sus bocas se llenaron de dientes imposibles. Se convirtieron en figuras horripilantes, bizarras, en encarnaciones grotescas del fracaso que él sentía haber cometido.

En medio del caos del sueño, aparecieron armas de fuego en sus manos. Pesadas, frías, completamente reales dentro de aquella pesadilla. Sin pensarlo, sin cuestionarse nada, disparó contra aquellas bestias que avanzaban hacia él con intención de devorarlo. El estruendo de las ráfagas resonó en la oscuridad onírica mientras los cuerpos monstruosos caían perforados.

Pero cuando abrió los ojos… el humo no desapareció.

Los cuerpos de sus progenitores yacían tendidos en el suelo de la habitación, atravesados por múltiples agujeros de bala. La sangre se extendía lentamente sobre las baldosas. No había monstruos. No había deformidades. Solo su madre. Solo su padre.

Y él.

De pie en mitad de la escena, completamente en shock, con las ametralladoras aún calientes entre sus manos temblorosas.

"¿Q-Qué he hecho?" dijo con la voz quebrada, incapaz de procesar la realidad, antes de soltar un grito desgarrador que resonó por todo el edificio y alertó a la comunidad de vecinos del barrio.

El joven no opuso resistencia alguna cuando las autoridades llegaron. No gritó, no intentó huir, no negó lo sucedido. Permaneció sentado en el suelo, con la mirada perdida y las manos manchadas, mientras los agentes del gobierno imperial aseguraban la escena. 

Fue detenido sin incidentes y trasladado a una instalación de máxima seguridad, donde su caso fue sometido a un procedimiento excepcional: el registro mediante magia de recuerdos. A través de ese proceso, los altos cargos pudieron presenciar con claridad lo ocurrido aquella noche, observando el sueño, la transformación monstruosa de sus padres y el momento exacto en que la fantasía se fundió con la realidad.

Aunque el veredicto final determinó que se trataba de homicidio involuntario, la gravedad del suceso era innegable. Sin embargo, antes incluso de que se dictaran medidas definitivas, fue el propio Somnus quien tomó la palabra ante el tribunal.

"Prefiero permanecer bajo vigilancia." declaró con una calma que contrastaba con su edad. "No tengo la habilidad necesaria para controlar mis poderes… y no quiero que vuelva a ocurrir."

Aquellas palabras marcaron un punto de inflexión. No hablaba como un niño asustado, sino como alguien que comprendía el peligro que representaba. El gobierno imperial lo entendió al instante: no solo estaban ante un caso trágico, sino ante un talento excepcional sin moldear.

Fue entonces cuando los antiguos Tottegräber intervinieron. En lugar de enviarlo a una prisión común o sellar su magia, lo pusieron bajo su custodia directa. Comenzó un entrenamiento riguroso, casi inhumano, diseñado no solo para enseñarle a controlar sus sueños, sino para convertirlos en herramientas precisas.

No lo trataron como a un recluso. Lo trataron como a una inversión.

El gobierno siempre vio potencial en él. Comprendieron que su capacidad para materializar lo imposible lo convertía en un recurso estratégico único. Mientras otros magos requerían condiciones específicas o preparación previa, Somnus podía convertir cualquier pensamiento en realidad tangible. Era impredecible, adaptable y devastador.

Sabiendo que siempre lo tendrían como un as en la manga, decidieron moldearlo a su conveniencia. No solo sería vigilado: sería útil. No solo controlaría su poder: lo perfeccionaría. Con el paso de los años, el muchacho que había temido dormir se transformó en un ejecutor implacable, entrenado para aplicar la justicia imperial sin vacilación.

Así, el niño que accidentalmente mató a sus padres terminó siendo forjado como una de las armas más poderosas del imperio, un Tottegräber destinado a convertir sus sueños en sentencias inapelables al servicio del orden establecido.

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Presente.

Tras el brutal ataque de viento que lo había estampado contra la pared, Somnus permaneció unos segundos inmóvil entre el polvo y los escombros. Parecía que el combate había terminado. Sin embargo, entre el humo comenzó a dibujarse una silueta que, poco a poco, volvió a incorporarse.

El Tottengräber comenzó a levantarse.

"¿Cómo?" se sorprendió nuestro protagonista, abriendo los ojos con incredulidad. "¡Con ese ataque suelo reventar a los demonios! ¿Qué me estás contando?"

"Es lo que antes quise decirte, hermano." le comentó Gretel mentalmente, con un tono más serio de lo habitual.

"¿A qué te refieres?"

"Es evidente que tu cuerpo ha cambiado y te has hecho mucho más fuerte, pero... no dejas de estar en mi cuerpo." explicó con cautela. "Por lo que no tenemos el mismo aguante, ni la misma fuerza, ni las mismas habilidades en este momento..."

Las palabras cayeron como un jarro de agua fría.

"Mierda... No lo había pensado." comentó Hansel, comprendiendo al fin que su poder no estaba siendo canalizado a través de su físico original, sino del de su hermano, mucho menos entrenado para soportar semejante presión.

Entre tanto, Somnus terminó de incorporarse por completo. Se pasó la mano por el mentón y escupió un hilo de sangre al suelo.

"Duele." dijo con una media sonrisa torcida, mientras tiraba de la tela del turbante y liberaba su melena, que cayó en cascada sobre sus hombros.

"¡Ahí viene, hermano!" advirtió Gretel, notando la alteración en la energía mágica del ejecutor.

De pronto, el cabello del ejecutor comenzó a moverse como si tuviera vida propia. Dos mechones se estiraron hacia adelante, alargándose como látigos elásticos, y se lanzaron a toda velocidad contra Hansel, enroscándose con precisión alrededor de sus muñecas.

"¿Qué es esto?" exclamó, intentando liberar una ráfaga de viento para cortarlos, pero fue imposible. "¡Son más duros de lo que pensaba!"

Los mechones no eran simples hebras de pelo; estaban densamente comprimidos con magia onírica, resistentes como acero flexible.

El ejecutor recogió su cabello con un movimiento seco, arrastrando a nuestro protagonista a toda velocidad hacia él. Cuando estuvo lo bastante cerca, se abrió la camisa de un tirón, rasgándola en dos y dejando al descubierto su torso. De la piel comenzaron a emerger varios brazos adicionales, musculosos y retorcidos, que se desplegaron como una grotesca flor carnal.

Sin darle margen de reacción, aquellos brazos, junto con los originales, comenzaron a aporrear una lluvia de puñetazos contra Hansel, golpeándolo desde todos los ángulos posibles.

"¡Joder!" pensaba nuestro protagonista, incapaz de cubrirse ante la avalancha de impactos que sacudían su cuerpo.

"¡VAMOS!" gritó Gretel en el interior, forzando su magia una vez más pese al desgaste. "¡TELETRANSPORTA A MI HERMANO, COÑO!"

La energía dimensional vibró con violencia, y en el instante siguiente, Hansel desapareció de entre los mechones y reapareció un metro por detrás de su posición anterior, liberándose tanto del cabello como de los golpes que ya iban a rematarlo.

"L-Lo hiciste." sonrió, aún jadeante, orgulloso de su hermano.

"¡Pues claro!" exclamó Gretel en el interior, aunque el esfuerzo le hacía sentir un leve mareo.

Pero la tregua duró apenas un segundo.

Los brazos que habían brotado del torso de Somnus comenzaron a retorcerse y fusionarse entre sí, formando una masa de carne palpitante que terminó transformándose en una inmensa boca. Sus dientes eran irregulares y brillaban con un resplandor anaranjado desde su interior.

Sin previo aviso, la boca disparó un tornado de llamas que avanzó como una bestia desatada. El fuego engulló a Hansel de lleno, arrastrándolo por toda la sala y lanzándolo violentamente contra la pared opuesta.

El impacto resonó con un estruendo seco.

"Mierda..." comentó el joven, tosiendo sangre mientras se incorporaba con dificultad. Su ropa estaba chamuscada y su piel cubierta de ligeras quemaduras que ardían al contacto con el aire.

"¡Hermano! ¡Ahí viene!" le advirtió Gretel con urgencia.

Somnus avanzaba con paso firme, deshaciéndose de lo poco que quedaba de su camiseta. Su cuerpo comenzaba a transformarse a un nivel más profundo. De su hombro derecho emergieron dos huesos que crecieron en forma de semicírculo hasta incrustarse en el hombro opuesto, formando una estructura arqueada sobre su espalda. En esa especie de marco óseo aparecieron tres tambores tensados con piel traslúcida que latían con un ritmo propio.

Al mismo tiempo, su cabello volvió a alargarse, desbordando su espalda y extendiéndose por el suelo. El castaño natural se desvaneció, tornándose en un color imposible, como si en su melena se reflejara el espacio mismo: estrellas diminutas brillaban en su interior, nebulosas que giraban lentamente, una galaxia atrapada entre hebras vivas.

Con un paso más hacia adelante, la realidad crujió.

El entorno se distorsionó como si alguien hubiera rasgado un lienzo invisible. Las paredes desaparecieron, el techo se evaporó y el suelo se convirtió en una superficie esponjosa que parecía nube comprimida. 

Ya no estaban en aquella sala destrozada. Ahora flotaban en un mundo alocado: nubes dispersas, camas que giraban lentamente en el aire, patos con cabezas de otros animales que surcaban un cielo teñido de verde y rosado, todo iluminado por una luz irreal y cambiante.

"Soy Somnus, el encantador de sueños." comentó él, dando otro paso mientras los tambores de su espalda comenzaban a resonar con un sonido grave y ceremonial. "Y bienvenidos a mi mundo onírico; será el lugar perfecto para vuestra tumba." sonrió, mostrando una calma aterradora.

"Mierda." pensó Gretel, sintiendo cómo aquel entorno no obedecía las reglas conocidas.

"Tsk..." refunfuñó Hansel, limpiándose la sangre del labio.

Continuará...

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