miércoles, 11 de marzo de 2026

Ch. 324 - Dos corazones en uno

Gracias a las palabras de Gretel, Hansel recupera los ánimos en mitad del combate y activa su modo del Rey del Cielo, preparado para poner fin a su enfrentamiento contra el Tottengräber

"¿Rey? ¿No es ese un título demasiado grande para alguien que ni siquiera tiene su propio cuerpo?" comentó Somnus con desdén, dejando que su voz resonara con arrogancia.

Con un chasquido de dedos, el ejecutor manipuló la realidad a su antojo, abriendo grietas dimensionales que rasgaban el aire a su alrededor. De ellas surgieron pequeños dragones de dientes afilados, surcando el aire con precisión letal mientras se lanzaban directamente hacia nuestro protagonista, preparados para despedazarlo en un instante.

Pero Hansel no vaciló ni un segundo. Con una calma casi elegante, cruzó los brazos sobre el pecho, dejando que la corona del Rey del Cielo resplandeciera sobre su cabeza. Apoyó con fuerza el pie sobre la roca donde estaba, y con un impacto seco generó varios tornados de viento concentrado que giraban con violencia. Cada torbellino atravesó a los reptiles alados como cuchillas, haciéndolos estallar en fragmentos de escamas y hueso antes de que pudieran acercarse siquiera a él. 

"Puedes reírte lo que quieras, pero este es mi legado celestial. Sea o no sea mi cuerpo." dijo nuestro protagonista, esbozando una sonrisa confiada mientras sus ojos brillaban.

Doblando las rodillas con fuerza, Hansel se agachó, cargando su cuerpo como un resorte antes de lanzarse hacia su enemigo con una velocidad que cortaba el aire. El espacio entre ellos se volvió un borrón de energía, y cada centímetro recorrido resonaba con la fuerza de su impulso.

Somnus, previendo el ataque, alzó un robusto escudo entre ambos. Era colosal, brillante, de un aspecto casi impenetrable, reflejando la luz del mundo onírico. Cada músculo de su brazo se tensó para mantenerlo firme, confiando en la invulnerabilidad de su creación.

La corona resplandeció con intensidad, llenando el espacio con un aura de poder. Con decisión, el joven apoyó la mano sobre el escudo y, concentrando aire comprimido, lanzó todo su poder en un solo golpe. El escudo, que parecía indestructible, se hizo añicos en pedazos que cayeron como fragmentos de cristal, dejando a Somnus boquiabierto.

"¿Cómo?" exclamó el Tottengräber, incrédulo. "¡Si ese escudo era impenetrable!" La arrogancia de su rostro se tornó en sorpresa y preocupación, mientras su mundo onírico temblaba.

Hansel descendió con agilidad y, sin perder un instante, agarró la cara de su oponente con la mano izquierda, fijando su mirada en él con un fuego que no admitía rendición.

"¡Mientras pueda colar mi aire en cualquier grieta, no existe nada inexpugnable!" exclamó, con su voz firme y llena de autoridad. 

Desde la palma de su mano, un gigantesco tornado de viento verde surgió, envolviendo a Somnus con furia y proyectándolo a través del espacio hasta estamparlo violentamente contra el suelo, su cuerpo acabó lleno de cortes y marcas.

El esfuerzo, sin embargo, tuvo un precio. Los huesos del brazo izquierdo de Hansel crujieron y se rompieron bajo la potencia de su propio ataque; el brazo se hinchó y adoptó un tono desagradable, pero no emitió quejido alguno.

"Qué raro..." pensó sorprendido. "Eso tuvo que dolerme, pero no fue así..." La sensación de incredulidad se mezclaba con la conciencia del sacrificio que había hecho, y un estremecimiento recorrió su cuerpo.

"El dolor solo nos retrasaría, hermano." dijo Gretel con voz firme y serena, aunque cargada de esfuerzo. "Es por eso que estoy teletransportándolo a otra dimensión. Sin embargo, siento que cada vez estoy más fatigado, por lo que es posible que se nos esté acabando el tiempo."

"Sí, yo también me estoy dando cuenta de que cada vez me es más difícil mantenerme sereno en este cuerpo, tenemos que darnos prisa y acabar con ese cabrón." añadió Hansel, respirando con dificultad, consciente de la tensión que aún quedaba en el aire y del precio que cada acción estaba cobrando.

Con sangre deslizándose por su rostro y la mirada firme, marcada por una determinación inquebrantable, Somnus comenzó a flotar lentamente, levantándose del suelo. Cada uno de sus temores, cada recuerdo oscuro, siempre se había manifestado en sus peores pesadillas. 

Revolviendo con rapidez esos recuerdos, recordó aquella caída al vacío desde un lugar alto, sintiendo de nuevo la adrenalina y el vértigo que le había marcado.

Con un solo chasquido de dedos, el ejecutor abrió grietas oníricas en el aire, de las que surgieron rascacielos disparados como enormes proyectiles, surcando el espacio con velocidad y precisión aterradoras. Cada estructura emergía como un misil de concreto y acero, amenazando con aplastar a cualquier que se interpusiera en su camino.

Hansel no dudó. Saltó entre los edificios, usando sus piernas con agilidad felina para cruzar de un lado a otro. Derrapó por la superficie de uno de los rascacielos, cargando su brazo restante con energía mientras se preparaba para atacar. Pero Somnus apareció frente a él, la sonrisa diabólica en su rostro dejaba claro que había anticipado cada movimiento.

El ejecutor giró sobre sí mismo en un instante y, con precisión brutal, le asestó una patada en el estómago a nuestro protagonista, impulsándolo hacia arriba como si fuera un muñeco de trapo. Sin embargo, reaccionó con reflejos felinos: se agarró a la antena de la parte superior del edificio, evitando que el impulso lo enviara a estrellarse en la nada.

Aprovechando el momento, Hansel cargó su pierna con viento verde concentrado y la clavó con fuerza en la superficie del rascacielos. De inmediato, una corriente de viento destructora se propagó desde su impacto, destrozando en pedacitos el edificio donde se encontraban y lanzando escombros a todas direcciones. Somnus apenas tuvo tiempo de saltar para esquivar los fragmentos que caían.

El precio de la maniobra fue evidente. Los huesos de la pierna derecha crujieron bajo la presión, fracturándose lentamente por el impacto, mientras el joven apenas podía mantener el equilibrio y la concentración.

Sin perder el ritmo y consciente de que cada segundo contaba, Hansel generó viento bajo sus pies y salió disparado hacia Somnus con velocidad vertiginosa. Impulsado por la fuerza de su determinación, asestó un cabezazo directo al rostro del Tottengräber, lanzándolo con brutalidad contra uno de los rascacielos flotantes del mundo onírico.

"Ya veo..." dijo Somnus, mientras se limpiaba la sangre de la nariz con un gesto calmado, aunque su barba quedaba empapada. "Eres ese tipo de persona capaz de ignorar el dolor, los miedos y las pesadillas, otorgándote un valor creciente que supera con creces la media habitual. Pero... eso te corta las alas de la imaginación, volviéndote uno más en esta sociedad de cobardes."

Mientras hablaba, la imaginación del ejecutor se expandió, recordando de nuevo sus peores pesadillas y obsesiones. Su cuerpo comenzó a mutar, transformándose en una criatura mitad insecto, mitad humanoide, con alas membranosas y manos convertidas en desgarradoras zarpas. La transformación le otorgaba un aire aterrador, casi sobrenatural.

En un pestañeo, el Tottengräber agarró a Hansel del cuello con fuerza sobrehumana y lo estampó contra el rascacielos de enfrente. Comenzó a arrastrarlo verticalmente por la pared, rompiendo ventanas y clavando los cristales afilados en la espalda de nuestro protagonista mientras ascendían en el aire.

Finalmente, Somnus lo lanzó con brutalidad contra otro edificio flotante, haciendo que nuestro protagonista tosiera sangre tras el impacto.

"Os dedico este Requiem para vuestro final, hermanos de un solo cuerpo." comentó Somnus, transformando sus brazos en dos enormes cabezas de bestias cuyos cuellos se estiraban como si fueran de goma, lanzándose hacia Hansel con velocidad mortal, cortando el espacio hasta él.

Pero nuestro protagonista no pensaba rendirse. Con un destello de su corona, separó su espalda de la pared donde estaba incrustado y lanzó una poderosa patada de la que surgió una barricada de viento, que destrozó los brazos transformados del ejecutor. El esfuerzo, sin embargo, tuvo un costo: los huesos de su pierna izquierda se fracturaron.

"¡Hermano! ¡Solo te queda un brazo!" exclamó Gretel preocupado desde dentro, sintiendo cada esfuerzo. "¡Si sigues así, moriremos!"

"No es así… escúchame..." dijo Hansel, tragando saliva mientras mantenía la mirada fija en Somnus. "Tengo una idea, pero… necesito que uses todo el poder que te queda."

"¿Cómo? ¿Qué idea?" preguntó Gretel, la curiosidad y la tensión mezcladas en su voz interior.

"Que escuches, coño." insistió. "Es posible que después de esto vuelvas a tu cuerpo y sientas un terrible dolor por mi culpa, así que, en primer lugar te diré que… lo siento mucho."

"Idiota, te he dicho que lo rompas si hace falta. ¡Estoy preparado para aguantar todo dolor!" respondió con una sonrisa, animándolo. "Además… sabes de sobra que siempre confiaré en ti. Sé que si no estuvieras en mi cuerpo, ese tío ya habría sido derrotado hace tiempo. Así que perdóname a mí por retrasarte."

"Vaya dos gemelos más bobos somos a veces." murmuró Hansel.

"Y que lo digas." replicó Gretel con una sonrisa en su interior. "Entonces… ¿cuál es el plan?"

Somnus ascendió a toda velocidad, surcando el espacio onírico como un proyectil de furia. Con un gesto de su brazo, materializó de nuevo un poderoso tornado de fuego, pero esta vez las llamas se mezclaban en todos los colores del arco iris, girando y retorciéndose con una intensidad cegadora que iluminaba cada rincón del mundo onírico.

Con su último brazo sano, Hansel canalizó toda su energía restante en un tornado de viento verde, con forma de calavera, apuntando directamente hacia la llamarada. La fuerza del ataque fracturó los huesos de la extremidad que le quedaba.

"¡Siente estos dos corazones en uno! ¡FURIA DEL VENDAVAL!" exclamó nuestro protagonista con todas sus fuerzas, dejando que su grito resonara por todo el espacio onírico.

"¡Tu ataque no me llegará!" sonrió el ejecutor, confiado. "¡Mi llamarada arco iris devora las tormentas!"

Pero, en un instante calculado, el tornado desapareció de repente. Las llamas arco iris impactaron de manera brutal contra Hansel, estrellándolo de nuevo contra el rascacielos a su espalda.

"¿C-Cómo?" balbuceó Somnus, desconcertado y sorprendido, incapaz de comprender la desaparición repentina del ataque que parecía tan seguro de sí mismo.

"¡AHORA, GRETEL!" exclamó, con una sonrisa juguetona en su rostro, dejando entrever que todo estaba preparado para el golpe final.

"¡JAQUE MATE!" respondió Gretel, utilizando de nuevo su cuerpo para ser escuchado.

La razón por la que aquel ataque había desaparecido de repente era que Gretel había utilizado las últimas reservas de su poder para teletransportarlo momentáneamente, engañando a Somnus y obligándolo a bajar la guardia.

"¡¿C-Cómo?!" exclamó el ejecutor, sorprendido.

Y en ese preciso instante, el tornado reapareció detrás del ejecutor, con la calavera surcando el aire y clavando sus afilados dientes en el cuerpo del enemigo, haciéndolo estallar en una explosión de viento furioso y fragmentos de aire cortante.

Somnus cayó inconsciente al suelo, empapado en sangre, mientras el espacio que había sido un caos de rascacielos flotantes, tornados de viento y sombras descomunales comenzó a desvanecerse lentamente.

Los colores intensos se apagaron, los edificios colapsaron en el aire como si fueran de papel y los fragmentos de cristal y roca desaparecieron, llevándose consigo la violencia y el rugido de la batalla. La sensación de vértigo y peligro se desvaneció con cada segundo que pasaba, y el mundo onírico del ejecutor se disolvía en un silencio absoluto, dejando solo el eco de los últimos instantes de lucha.

Cuando todo terminó, la nada que quedó alrededor se transformó gradualmente en paredes blancas, lisas y frías que reflejaban la luz de manera uniforme. El suelo desapareció bajo sus pies, reemplazado por un espacio limpio y ordenado, donde la tensión del combate parecía un recuerdo lejano. 

Y mientras todo a su alrededor se desvanecía y su cuerpo caía pesadamente al suelo, Gretel alcanzó a observar la silueta de su hermano una última vez.

"Me alegra haberte podido ayudar, pese a estar tan lejos," sonrió con suavidad. "Y soy muy feliz al ver que ahora eres uno más con Marco y los demás paladines. De mi parte, dales las gracias por cuidarte."

"Han... sel..." murmuró Gretel, con la voz temblorosa y débil, intentando retener aquel instante.

"Espero… que pronto volvamos a encontrarnos de nuevo," añadió su hermano, antes de desvanecerse entre la luz que se apagaba lentamente, dejando tras de sí un eco cálido y tranquilizador.

Batalla en el mundo onírico.

Hansel y Gretel vs Somnus.

Ganadores: Hansel y Gretel.

El cuerpo de nuestro protagonista cayó pesadamente al suelo, rodando varios metros antes de detenerse entre escombros y polvo. Cada respiración era un esfuerzo doloroso; los huesos de sus cuatro extremidades estaban completamente destrozados, y no había forma de que pudiera incorporarse.

La última teletransportación agotó por completo su energía mágica, obligándole a regresar a su propio cuerpo. Con un estremecimiento, se dio cuenta de que perdió todo contacto con Hansel; ya no estaba dentro de él, y sus palabras, sus movimientos, todo lo que antes podía sentir, desapareció.

"Hansel... gracias... por tu... ayuda..." murmuró con voz débil, dejando que las últimas palabras se escaparan mientras la conciencia la abandonaba por completo.

Continuará...

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