Decididos a poner fin a su combate, ambos elevaron su magia al límite, preparando el escenario para un último choque definitivo.
Keipi surfeó sobre la superficie del lago, acelerando a toda velocidad con su espada transformada en un taladro de agua al frente. La corriente giratoria aumentaba de tamaño a cada metro recorrido, rugiendo con una fuerza imparable mientras se abalanzaba sobre su rival.