Sylvapura.
La sala quedó sumida en un silencio tenso tras lo que acababan de presenciar en la pantalla. Nadie necesitaba decirlo en voz alta: su amigo, su compañero, estaba siendo humillado públicamente.
El juicio no tenía el más mínimo aire de justicia; cada gesto, cada palabra del tribunal parecía empujar a Theo hacia una condena ya decidida de antemano. La impotencia se mascaba en el ambiente, pesada, asfixiante.