El enfrentamiento con Belial alcanzó un nuevo nivel, obligando a nuestra protagonista a recurrir a un as bajo la manga que había estado reservando para más adelante. Ahora, envuelta en una electricidad rosada que chisporroteaba sin descanso, Cecily se alzaba con el Fenrir: Fulmine Rosé.
Su postura cuadrúpeda era pura amenaza. La magia y las chispas desbordaban de su piel, delineando una silueta salvaje y letal. Sin embargo, lejos de intimidar a su contrincante, aquella transformación provocó la reacción opuesta: una carcajada grave y descontrolada.