Al llegar al quinto templo, Keipi percibió de inmediato una presencia acechando en la oscuridad. Sin dudar, dejó a sus compañeras encargándose de las traducciones y avanzó hacia la sombra hostil, decidido a enfrentarse al enemigo sin recurrir a su arma mítica.
El monje chasqueó la lengua. “Lo siento, pero tenemos prisa.”
“Yo tampoco puedo permitir que os hagáis con esa información.” dijo el hombre-bestia con orgullo. “No como Vivaldi, el dragón del Zodiaco de Draco… sino como Vivaldi, agente secreto del Gobierno Imperial.”
